El 68,5 por ciento de los españoles considera que está informado sobre lo que sucede en general en España. 3,6 puntos porcentuales menos que en el año 2023, donde afirmaban estar informados el 72,1 por ciento de la población, según la segunda encuesta sobre Audiencias de medios de comunicación social realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en abril de 2025.

En sentido contrario, un 25,7 por ciento de los ciudadanos cree que está poco o nada informado sobre lo que sucede en España. 6,2 puntos porcentuales más que en año 2023, donde el porcentaje de los que decían no estar informados se situó en el 19,5 por ciento.

Esta percepción de desinformación contrasta con la creciente disponibilidad de contenidos, muchos de ellos bulos y noticias falsas, que lo que pretenden es saturarnos de información para que no distingamos lo importante de lo intrascendente, y la mentira de la verdad.

Esto no es algo espontaneo. Los que lo hacen, y fabrican la desinformación para conseguir sus intereses, saben perfectamente que la sobreabundancia de información y de medios no garantiza una ciudadanía mejor informada. Y, además, son conscientes que puede provocar fatiga informativa, confusión, aturdimiento y desconexión de la realidad. Algo que les interesa para manipular.

La información, o quizás más la desinformación y el bulo, se han convertido en el principal campo de batalla ideológico en la actualidad en todo el planeta, y está afectado gravemente a la democracia como sistema político, y a la viabilidad presente y futura de un ecosistema mediático y comunicacional híbrido donde la información se confunde con opinión.

El nuevo escenario mediático, no solo cambia la forma en la que se consume la información, sino también el modo en que se construyen las narrativas colectivas y se configura la opinión pública. Lo que está produciendo una creciente desafección hacia los medios de comunicación social en un contexto de creciente polarización ideológica y concentración empresarial de los medios en grandes grupos.

Si comparamos esta encuesta sobre audiencia de medios de comunicación social con la anterior realizada en el año 2023, se observa:

  • Un descenso en la percepción de estar bien informados, como ya se ha señalado.
  • Un cambio en los hábitos de consumo informativo, con las redes sociales al alza, especialmente entre los jóvenes, y la prensa en retroceso.
  • La televisión continúa siendo el medio más utilizado para informarse, al hacerlo siete de cada 10 ciudadanos, es decir, el 70,4 por ciento.
  • La prensa continua su retroceso. Solo un 54,9 por ciento de los españoles suele informarse a través de los periódicos y la mayoría de las personas que leen periódicos, un 50,9 por ciento leen las ediciones digitales que no tienen coste.

  • Las redes sociales ocupan el tercer lugar para informarse. Lo hacen a través de ellas el 51,3 por ciento de la población en general. Pero entre los jóvenes de 18 a 24 años el porcentaje sube hasta el 87,7 por ciento, y entre los de 25 a 34 años llega al 83 por ciento. Esta dependencia de los algoritmos y las plataformas privadas para acceder a la información representa una grave amenaza para la existencia de un marco social compartido, al crear burbujas aisladas, diluir cualquier tipo de responsabilidad sobre lo que se dice y amplificar la desinformación y el bulo.
  • La radio es utilizada para informarse por el 49,6 por ciento de la población, aumentando en 6,1 puntos porcentuales en relación con el año 2023 cuando la utilizaban el 43,5 por ciento de la población.
  • La confianza de los ciudadanos en los medios de comunicación social está en mínimos y difiere mucho de unos a otros. Esta desconfianza, que además se encuentra muy asentada, es un grave riesgo para la democracia porque hace a la población más vulnerable a la manipulación emocional, al populismo y a las noticias falsas. La radio se mantiene como el medio que genera mayor confianza. Un 57,2 por ciento de la población señala que confían mucho/bastante en las noticias que da. El segundo lugar lo ocupa la prensa, con un 51,7 por ciento, seguido de la televisión con un 42,3 por ciento. Las redes sociales, en cambio, solo merecen la confianza del 17,1 por ciento. O, dicho de otra forma, un 71,4 por ciento de los españoles tiene poca o ninguna confianza en las noticias que dan las redes sociales.

Otro rasgo preocupante desde el punto de vista de hacer cumplir el derecho constitucional a la información de los ciudadanos es la concentración de los medios de comunicación social, su propiedad, y el sesgo ideológico muy acentuado hacia las posiciones conservadoras del espectro político en las líneas editoriales y en los intereses de los propietarios de esos conglomerados mediáticos.

La propiedad del medio de comunicación social es determinante dentro del proceso comunicativo y provoca una presión permanente que afecta a la acción política y sitúa a la población por detrás de sus intereses. Existen dos o tres discursos, donde se entremezcla la información con la opinión y la propaganda con el fin de influir en la población.

Más que informar, muchos medios de comunicación social pretender incidir en la opinión de los ciudadanos a través de todos los formatos que tienen a su alcance. Para corregir esta situación y fortalecer la democracia hay que entender la información principalmente como un servicio público, y no como una simple mercancía. Hay que respetar la pluralidad de la información, la diversidad de los contenidos y una información objetiva y de acceso rápido a los ciudadanos, porque ni el desarrollo tecnológico, ni el incremento de medios y servicios lo garantiza de manera automática.