La corrupción polĆtica es un fenómeno recurrente en todas las democracias y en todas las etapas. Se trata de una lacra que forma parte intrĆnseca de los riesgos que conlleva la gestión de los asuntos pĆŗblicos, incluso en los Estados de Derecho de mayor calidad. A veces aparece mĆ”s y a veces menos, en un nivel mĆ”s alto o mĆ”s modesto. En algunas ocasiones eclosiona justamente como escĆ”ndalo ante la opinión pĆŗblica, por su envergadura o gravedad.
En estos dĆas, por desgracia, son noticia algunos informes policiales con indicios serios de corrupción por parte de personas que han formado parte del PSOE y del gobierno de EspaƱa. Es cierto que no estamos ante un episodio de corrupción estructural y sistĆ©mica, como afectó al gobierno del PP en las legislaturas XI y XII, con mordidas generalizadas en las administraciones central, autonómicas y locales, con sobresueldos para cargos pĆŗblicos y con policĆas patrióticas para taparlo todo. Pero es corrupción y es repugnante.
La corrupción hace un daƱo extraordinario en nuestra sociedad. Roba dinero pĆŗblico que debiera destinarse a solucionar problemas y mejorar la vida de la gente. Quiebra la confianza de la ciudadanĆa en las instituciones que gobiernan el espacio pĆŗblico compartido. Malogra la cultura empresarial, al primar el soborno sobre la competitividad. Alimenta la antipolĆtica, los populismos, y abre puertas al autoritarismo y la pĆ©rdida de libertades. TambiĆ©n daƱa al gobierno afectado, a su proyecto polĆtico, al partido principal que lo sustenta, a sus protagonistas, que trabajan mucho y honestamente para cumplir con sus deberes.
ĀæQuĆ© hacer? Dos cosas, al menos, que son las emprendidas por el gobierno de EspaƱa y el PSOE. Primero, un esfuerzo contundente de ejemplaridad en la respuesta: apartando a aquellos sobre los que se presentan indicios de corrupción, denunciando sus conductas, colaborando con policĆas y jueces para esclarecer sus casos, y pidiendo perdón a la ciudadanĆa. Y segundo, promoviendo una respuesta institucional eficaz, para prevenir la corrupción, para combatir la corrupción, y para hacer pagar a sus culpables. De ahĆ el plan de acción democrĆ”tica y el paquete de reformas de la Justicia que lleva a cabo este gobierno.
TambiĆ©n es cierto que resulta insoportable ver y escuchar los mayores reproches por parte del PP espaƱol, que es objetivamente, conforme a hechos y sentencias, el partido polĆtico mĆ”s corrupto de Europa. Es cierto, pero no es consuelo.
Asquean especialmente las conductas y los comentarios que algunos de los acusados mantienen sobre las mujeres, y los indicios existentes acerca de vĆnculos con la prostitución. La compra-venta y el alquiler de los cuerpos de las mujeres es una de las actividades mĆ”s lacerantes de nuestras sociedades, un autĆ©ntico agujero negro de vulneración de los derechos humanos mĆ”s elementales. Se trata del esclavismo del siglo XXI, en el que padecen millones y millones de criaturas explotadas para disfrute de chulos y puteros. Una actividad para la que solo hay una respuesta digna, la abolición.
En estos dĆas de decepción, estamos dispuestos a dar explicaciones, a pedir perdón, a comprometernos con mĆ”s ejemplaridad y mĆ”s eficacia contra la corrupción.
Lo que no estamos dispuestos a permitir es que se pretenda manchar la dignidad de este gobierno legĆtimo, que mejora dĆa tras dĆa la vida de la gran mayorĆa de los espaƱoles. Lo que no vamos a permitir de ninguna manera es que se intente manchar la dignidad del PSOE, de sus militantes y de sus votantes, que llevan mĆ”s de siglo y medio defendiendo unas ideas justas y hermosas, y que lo van, lo vamos, a seguir haciendo, a pesar de corruptos, odiadores y oportunistas.
