La ciencia y la tecnologĂa son dinamizadoras claves del cambio social, trascienden su propio marco y son esenciales en la mayorĂa de las áreas de las actividades cotidianas de la vida de los seres humanos. A la dimensiĂłn de la ciencia y la tecnologĂa como creadoras de cultura, hay que añadir su carácter reflejo y temporal, es decir, pueden ser contempladas segĂşn el momento histĂłrico en el que se inscriben.
El papel polĂtico de la ciencia y la tecnologĂa es evidente y se entronca con la distribuciĂłn del poder y el ejercicio del control social. Un papel que adquiere especial significaciĂłn en un mundo hiperconectado como el actual, regido por intereses econĂłmicos y estratĂ©gicos de alcance mundial
Los impactos sociales de la ciencia y la tecnologĂa han hecho necesario que los análisis que se acometan a la hora de analizar sus implicaciones sean interdisciplinares. Los adelantos se suceden ininterrumpidamente y a un ritmo acelerado, aunque no involucren a todos los ciudadanos del planeta.  La experiencia vivida con la pandemia de la Covid-19 y la apariciĂłn de diversas vacunas en menos de un año, novedosas en vacunologĂa, son una muestra de los tiempos con los que nos manejamos en este campo.
Un debate que involucra a la ciencia y la tecnologĂa es que una misma informaciĂłn desemboca en conclusiones antagĂłnicas. En ocasiones, las discrepancias provienen del hecho de que la informaciĂłn que tenemos no es la adecuada y puede hacernos concebir que estamos conociendo la realidad, cuando simplemente echamos una mirada superficial. Nos debatimos en un universo que presenta dificultades para hacer predicciones sobre su futuro. Por otro lado, la falta de alfabetizaciĂłn en estos temas por parte de la ciudadanĂa hace más difĂcil su comprensiĂłn. Lo anterior tiene apreciables efectos, entre otros que la opiniĂłn pĂşblica desconozca cuales son las áreas de conocimiento en las que se está avanzando, a excepciĂłn de las más polĂ©micas o con mayores alcances.
Mostrar que la aceptabilidad social de los progresos que van acaeciendo dependen, en buena medida, de las diversas idiosincrasias culturales, a modo ilustrativo, recordemos en el caso de la reproducciĂłn humana asistida que en algunos paĂses se permite, por ley, la maternidad subrogada y en otros no. Los diversos criterios ponen de manifiesto la imposibilidad de pensar que los avances cientĂficos pueden llevar a los numerosos grupos implicados a pronunciar juicios idĂ©nticos sobre los grandes retos coligados. La variedad de criterios depende de las caracterĂsticas enraizadas en cada sociedad o en cada individuo en concreto. Las distintas opiniones denotan que las reflexiones provienen de factores valorativos. Los grupos de opiniĂłn pueden estar coyunturalmente de acuerdo, si bien su ideal de ser humano y de la organizaciĂłn social difieran. Aun en el supuesto de que la ciencia y la tecnologĂa exploraran y definieran todos los argumentos de discusiĂłn, nunca se disociarĂan de su contexto ideolĂłgico. El ideal cientĂfico es el de la unanimidad, aunque es una utopĂa, pues la unanimidad se obtiene sobre la base de unos principios iniciales “en sĂ”. Las verdades del ser humano son siempre parciales, colmadas de emociones. Los cientĂficos sociales reconocen, como en el caso de George Simmel, que la esfera de los deseos espontáneos, de los impulsos improvisados, tendrán siempre un lugar, incluso en sociedades organizadas y planificadas[1].
En este contexto, cualquier exploraciĂłn social centrada en las tendencias cientĂfico-tecnolĂłgicas ha de enmarcarse en la esfera de los valores: sociales, Ă©ticos, morales, religiosos… De lo anterior se deriva la hipĂłtesis de que todo descubrimiento soporta modificaciones en el medio social y que estas mudanzas afectan la forma en la que vemos el mundo y el sentimiento de nuestro propio ser y valer. Afecta a nuestra concepciĂłn del mundo, porque cambia nuestros deseos, expectativas, temores… De hecho, Ă©stos han mudado, en cada momento histĂłrico, las pautas y cĂłdigos de conducta sociales. Cada paso que damos es un reflejo de nuestra proyecciĂłn como humanidad y, además, actĂşan retroalimentándose, porque nos ayuda a interactuar con el medio natural y social y por añadidura, influye en los procesos de pensamiento. No en vano, las innovaciones que se van desencadenándose cambian nuestras costumbres, formas de comunicarnos, de trasladarnos, de actuar, de trabajar, de vivir, de disfrutar del ocio…
El mundo en la tercera dĂ©cada del siglo XXI está irreversiblemente condicionado por la ciencia y la tecnologĂa, inmersos como estamos en un proceso tecnolĂłgico, que ha conducido a un nuevo paradigma de sociedad. Nos enfrentamos a la cuarta tercera gran transformaciĂłn global en la historia de la humanidad: la primera la neolĂtica, la segunda la industrial y la tercera, la de nuestros dĂas, la tecnolĂłgica. Coincide con la que para la que algunos es la cuarta revoluciĂłn industrial (RevoluciĂłn 4.0), en la que convergen las tecnologĂas digitales con las fĂsicas y que conllevará una automatizaciĂłn total de la producciĂłn, a partir de sistemas ciberfĂsicos que combinarán la maquinarĂa fĂsica con procesos digitales (internet de las cosas, cloud computing, nube…)[2].
El Informe del Foro de Davos del año 2016[3] del World Economic Forum anticipĂł lo que se entiende por RevoluciĂłn 4.0: la convergencia de las nanotecnologĂas, las neurotecnologĂas, los robots, la inteligencia artificial, la biotecnologĂa, los sistemas de almacenamiento de energĂa, los drones e impresoras 3D.
En un libro tambiĂ©n de ese mismo año Klaus Schwab, fundador de este organismo decĂa: “Estamos al borde de una revoluciĂłn tecnolĂłgica que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos desarrollamos. En su escala, alcance y complejidad, la transformaciĂłn será distinta a cualquier cosa que el gĂ©nero humano haya experimentado antes”[4].  Y sostiene que los “nuevos poderes” estarán vinculados con la ingenierĂa genĂ©tica y las neurotecnologĂas, si bien – segĂşn exponĂa- la revoluciĂłn afectará tanto al futuro del trabajo, como a la seguridad geopolĂtica, a las desigualdades sociales y a la Ă©tica.
Para algunos nos encontramos en ciernes de la quinta revoluciĂłn industrial, cuya protagonista será la inteligencia artificial que, en conexiĂłn con la nanotecnologĂa y la biotecnologĂa, llevarán de sĂ la fusiĂłn humano-máquina que se anticipa como una gran oportunidad para desarrollar un nuevo tipo de ser humano con mayores capacidades y habilidades (ideologĂa del transhumanismo), si bien debemos sojuzgar sus riesgos, en tanto en cuanto podrĂan articularse polĂticas de corte eugenĂ©sico.
Como vemos, estamos en un momento histĂłrico colmado de extraordinarios retos y oportunidades merced a la ciencia y la tecnologĂa, aunque tambiĂ©n son muchos los dilemas y hasta peligros de este ciber-bio-modelo de sociedad que se perfila para las prĂłximas dĂ©cadas. Entre ellos los relacionados con la adaptaciĂłn del mundo empresarial a los nuevos tiempos, en el que ya se califica como “darwinismo tecnolĂłgico”; los relativos discriminaciones en manos de una Ă©lite tecnocrática que comportĂ© más desigualdades sociales; los concernientes a las relaciones entre los seres humanos y los robots, los vinculados a la automatizaciĂłn y robotizaciĂłn de las fábricas y el trabajo; los coligados a los desarrollos y aplicaciones de la inteligencia artificial; los relativos a usos indebidos de la ingenierĂa genĂ©tica humana etc.
Esperemos saber conducirnos por el mejor de los caminos posibles…
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[1] Simmel, G. (1977). SociologĂa. Tomo I. Madrid: Ed. Revista de Occidente.
[2] La primera revoluciĂłn industrial, entre 1760 y 1830, supuso el paso de la producciĂłn manual a la mecanizada; la segunda, en torno a 1850, trajo la electricidad e hizo posible la producciĂłn en masa y la tercera de mediados del siglo XX, se desarrollĂł con la electrĂłnica y las tecnologĂas de la comunicaciĂłn y la informaciĂłn.
[3] World Economic Forum (2016). Global Risks.
[4] Schwab, Klaus (2016). La cuarta revoluciĂłn industrial. Barcelona: Debate.
