Casi nada resulta extravagante en Italia. Hablamos de polĂtica. La actual situaciĂłn vuelve a confirmar este axioma. El laboratorio italiano ha sido el pionero de casi todos los fenĂłmenos polĂticos occidentales y de otros exclusivos. Sobre todo, los que han venido a sacudir los cimientos de ese llamado orden liberal, del que tanto se habla ahora, sin que se pueda estar muy seguro de que todos se refieren a lo mismo en el debate.
El resultado electoral volviĂł a hacer jirones el sistema polĂtico, los equilibrios, siempre precarios desde la crisis de la I RepĂşblica, en los inicios de los noventa. El triunfo de los dos partidos mĂĄs claramente opuestos al consenso europeo, el Movimiento 5 estrellas (30%) y la Lega (17%) fueron las formaciones mĂĄs votadas. Son dispares. Pero comparten un rechazo, al menos retĂłrico, por el estatus quo.
Tras los comicios, el bloque de la derecha italiana escenificĂł un teatral desencuentro. Cuestiones de programa explicaban, pero sĂłlo en parte, la divisiĂłn (mĂĄs amoldada a Europa la otrora populista Forza Italia, radicalmente opuesta la Lega, en espera los neofascistas). La puja por el liderazgo pesĂł lo suyo. Berlusconi se vio rebasado por Mateo Salvini, la estrella rutilante del antiestablishment italiano.
La alianza contra natura se fue perfilando como opciĂłn de gobierno. âRoma abre sus puertas a los nuevos bĂĄrbarosâ titulĂł con agudeza el FINANCIAL TIMES (1). SĂłlo esa combinaciĂłn imprevista podĂa asegurar cierta estabilidad parlamentaria. Pero habĂa que cuadrar muchas cosas que no cuadraban y encajar muchas ambiciones hasta entonces incompatibles. Un punto de suspense, no menos escĂŠnico, que anunciĂł la ruptura⌠y finalmente el acuerdo, proclamado con un impostado entusiasmo.
Luigi Di Maio, el joven lĂder del MS5, no es un ideĂłlogo, precisamente. Bebe de ese pragmatismo oportunista que otorga seĂąas inequĂvocas de identidad a la polĂtica italiana. Mantiene una retĂłrica rupturista, de estilos y costumbres mĂĄs que de ideologĂas. Pero necesitaba un socio para demoler la inercia que tanto denuncia.
La Lega tiene un discurso mĂĄs intemperante que el populismo confuso del MS5. La Padania, ese experimento de Bossi, que soĂąaba con la Italia septentrional liberada de la cleptocracia romana y de la rĂŠmora insolvente del Mezzogiorno, fracasĂł como proyecto polĂtico viable. Pero ha permanecido como mecanismo de respuesta primario en el instinto polĂtico de muchos italianos. Las experiencias de gobierno no fueron positivas para los separatistas, que quedaron marcados por los mismos estigmas que habĂan denunciado. La ruptura territorial terminĂł en quimera. La Lega Norte conserva en parte su feudo, pero se reconvirtiĂł en partido nacional, con ambiciĂłn panitaliana.
Las quiebras territoriales dejaron paso a la inmigraciĂłn como banderĂn de enganche. La Lega ha aprovechado la mala gestiĂłn europea para convertirse en la versiĂłn italiana del Frente Nacional lepenista. El MS5 tambiĂŠn contempla la inmigraciĂłn con desconfianza, con recelo y, en ciertos sectores, con rechazo, pero su retĂłrica es mĂĄs templada. La convergencia, desde esa coincidencia, ha sido decisiva.
Lega y MS5 acordaron un âcontrato de gobiernoâ plagado de ambigĂźedades para esquivar sus desacuerdos y una fanfarria anti-UE para mantener la simpatĂa de sus militantes, consultados al efecto, como era de esperar, pero tambiĂŠn del escĂŠptico italiano medio, que suele caminar del brazo del cinismo.
Se filtrĂł una primera versiĂłn del programa mĂĄs radical y opuesto a las recetas de Bruselas. La versiĂłn sobre la que se ha construido el consenso es menos tajante. Mantiene el rechazo de la austeridad y la promociĂłn del crecimiento econĂłmico, pero elimina la reducciĂłn de la deuda por el mecanismo de descuento de las obligaciones cursadas por el Banco Central Europeo. No se plantea la salida del euro, pero se sugiere âun regreso a los orĂgenesâ: un eufemismo que deja en el limbo la cohabitaciĂłn entre la moneda comĂşn y las divisas nacionales. En la UE se mantiene el recelo.
En el apartado fiscal, se ha pactado el tax-flat o reducciĂłn del impuesto sobre particulares y empresas, a dos tipos, 15% y 20%, como reclamaba la Lega. El MS5 obtiene el âsalario de ciudadanĂaâ de 780 euros mensuales, con el que ha engolosinado a millones de electores meridionales. A los futuros pensionistas se les seduce con la fĂłrmula 100, es decir, el acceso a la jubilaciĂłn cuando la suma de la edad y los aĂąos cotizados cotizaciĂłn alcance esa cifra.
En el âcontratoâ ocupa un lugar destacado, por supuesto, las medidas punitivas contra la corrupciĂłn, la burocracia y los polĂticos tradicionales. Se propone la reducciĂłn de parlamentarios (de 630 a 400 diputados, y de 318 a 200 senadores). Y se defiende un trumpiano partenariado con Rusia, del gusto de la Lega mĂĄs que del MS5.
Quedaba por resolver la cuestiĂłn del liderazgo, ese fenĂłmeno tan italiano que ahoga el equilibrio de egos (el espĂritu de los triunviratos) en la tentaciĂłn permanente del cesarismo. El veredicto ha resultado ser salomĂłnico: ni uno ni otro, ni Salvini, ni Di Maggio. Pero tampoco un tercero, un polĂtico de talla. Ni siquiera un tecnĂłcrata al uso. DespuĂŠs de todo, eso no hubiera sido muy innovador. Al cabo, en Italia se ha probado de todo. Ya hubo un Ciampi, ya hubo un Prodi, ya hubo un Monti. Para los populistas, los tecnĂłcratas, en Bruselas o en Roma son simples âusurpadoresâ. Lo que el MS5 se ha sacado de la manga, con el aparente beneplĂĄcito de la Lega, ha sido un jurista. Su jurista: el abogado del movimiento.
Giuseppe Conte es meridional, de Puglia. Presenta una elegancia que contrasta con el populismo de las bases del movimiento. Habla un inglĂŠs perfecto. El pedigrĂ acadĂŠmico es dudoso (aviso a navegantes). Ha llevado pleitos del Vaticano y se trata con cardenales. TĂŠcnico, pero no economista, no cabeza de huevo. Siempre ha estado fuera de los focos. Algo que es positivo para algunos; pero, para otros, resulta fallido. Uno de los dirigentes del Partido DemocrĂĄtico ha dicho que âse ha reducido el papel de primer ministro al de un portavoz del gobiernoâ.
¿Serå el jefe de gobierno una simple marioneta, como se preguntaba el CORRIERE DELLA SERA? (2) ¿O el rehÊn tÊcnico de los dos partidos?, según LA REPUBBLICA (3). En definitiva, si Conte contarå algo⌠y cuånto, o serå un puro administrador de la caótica, convulsa e imprevisible finca italiana.
NOTAS
(1) FINANCIAL TIMES, 14 de mayo.
(2) CORRIERE DELLA SERA, 21 de mayo.
(3) LA REPUBBLICA, 21 de mayo.
