KurdistĂĄn es uno de esos territorios en los que una buena parte de su poblaciĂłn desea convertirse en Estado independiente. Se trata, como suele ocurrir con estos casos, de una aspiraciĂłn muy controvertida, que genera una fuerte oposiciĂłn y serias amenazas de conflicto y desestabilizaciĂłn. Pero lo que en Europa o en otras partes del planeta (CanadĂĄ, por ejemplo), el pulso entre los Estados y los secesionistas se desarrolla bĂĄsicamente en el terreno polĂ­tico, la regiĂłn en la que se plantea el desafĂ­o kurdo es un polvorĂ­n permanente.

El pasado 25 de septiembre, el gobierno autĂłnomo del KurdistĂĄn iraquĂ­ consiguiĂł celebrar un referĂŠndum de independencia, apoyado por el Parlamento regional y por la mayorĂ­a de las fuerzas polĂ­ticas locales, no sin superar previamente divisiones histĂłricas y mĂĄs recientes desavenencias. El resultado fue el previsto: apoyo masivo a la independencia.

UNA NACIÓN, CUATRO ESTADOS

No resulta sencillo contar en espacio reducido de este comentario el designio independentista del KurdistĂĄn. Lo que se puede entender como naciĂłn kurda se extiende por cuatro paĂ­ses del Medio Oriente que mantienen entre sĂ­ relaciones volĂĄtiles y conflictivas: Iraq, IrĂĄn, TurquĂ­a y Siria. Cada uno de estos paĂ­ses combate con mĂĄs o menos dureza a sus minorĂ­as kurdas, pero respaldan econĂłmica, funcional y/o militarmente a las organizaciones separatistas de los estados rivales. Esta trama de apoyos cruzados y contradictorios ha hecho imposible la unidad de un movimiento kurdo pan-estatal.

La divisiĂłn kurda no se limita a las diferentes realidades estatales. En el interior de cada una de ellas, los combatientes kurdos, con distintos niveles de desarrollo, organizaciĂłn, institucionalizaciĂłn y potencia militar, tambiĂŠn se presentan muy fragmentados. La entidad kurda de Irak es la mĂĄs fuerte y autĂłnoma, pero (o precisamente por ello) constituye el caso mĂĄs claro de este faccionalismo endĂŠmico, que en ocasiones ha dado lugar a enfrentamientos militares. El Partido DemocrĂĄtico y la UniĂłn Popular del KurdistĂĄn tienen sus propias milicias (peshmergas), que se han convertido, con el tiempo en embriĂłn de un ejĂŠrcito nacional.

El KurdistĂĄn -iraquĂ­, iranĂ­, turco o sirio- nunca interesĂł demasiado a Occidente hasta la primera intervenciĂłn militar contra el Iraq de Saddan Hussein, cuando los peshmergas se convirtieron en una fuerza decisiva en el combate contra un ejĂŠrcito baasista debilitado y desorganizado. La protecciĂłn aĂŠrea norteamericana favoreciĂł la creaciĂłn de un mini-Estado de facto que Saddam no tuvo mĂĄs remedio que tolerar. En la segunda guerra contra Iraq, en 2003, se consolidĂł y ampliĂł este desanclaje del poder central de Bagdad. Pero ha sido el combate contra el Daesh desde 2014 lo que ha elevado el valor y la consideraciĂłn de este mini-Estado kurdo-iraquĂ­ en despachos y Estados mayores occidentales.

Sin el concurso militar kurdo no se habrĂ­a producido la derrota de los yihadistas. En Iraq, los actores decisivos fueron los peshmergas del PDK. En Siria, sus aliados kurdos del norte de (las milicias del YPG), recuperaron poco a poco el territorio conquistado inicialmente por los extremistas islĂĄmicos hasta expulsarlos por completo.

A medida que los kurdos se convertĂ­an en la fuerza mĂĄs fiable para norteamericanos y occidentales, iba creciendo la inquietud de los Estados de los que dependĂ­an, o de sus vecinos, provocando tensiones cada vez mĂĄs difĂ­ciles de gestionar para Estados Unidos. En tiempos de Obama, se hizo un esfuerzo intenso y constante en equilibrar esas alianzas de Estado a Estado con el apoyo y el reconocimiento a los combatientes kurdos iraquĂ­es y sirios. Ankara y Bagdad vivieron de forma distinta esta ambivalencia de Washington.

En el caso de Turquía, las milicias kurdas propias no han conseguido nunca atentar seriamente contra el control estatal de parte alguna del territorio nacional. Pero las milicias kurdas de la vecina Siria (YPG), apoyadas por los kurdo-turcos del PKK, estuvieron a punto, durante varios meses, de consolidar un corredor continuo en la frontera sirio-turca. Este éxito militar provocó la alarma del Ejército y del gobierno turco y obligó a Washington a trazar en el Éufrates una raya roja para detener los avances militares de sus protegidos kurdos.

LA QUIEBRA DE LA CONTENCIÓN IRAQUÍ

El gobierno iraquĂ­, mĂĄs dĂŠbil y en proceso de reconstrucciĂłn, se mostrĂł mĂĄs dĂłcil, aunque siempre reticente. El KurdistĂĄn iraquĂ­ aprovechĂł sus ĂŠxitos militares para reforzar y ampliar el ĂĄmbito territorial de su autogobierno local. El control de los pozos petrolĂ­feros de la regiĂłn y de algunas zonas anejas ha sido un factor clave en la confianza creciente de los dirigentes kurdo-iraquĂ­es sobre la viabilidad de sus aspiraciones independentistas.

La influencia de IrĂĄn en el gobierno y en las fuerzas armadas y de seguridad iraquĂ­es, a pesar de los esfuerzos norteamericanos, ha sido otro de los factores que han empujado al liderazgo kurdo a apostar fuertemente por la vĂ­a secesionista. El referĂŠndum fue una iniciativa arriesgada. Estados Unidos tratĂł de evitarlo y luego lo desautorizĂł. Los otros Estados se opusieron plenamente, pero carecĂ­an de medios para impedir que se realizara.

Especialistas y conocedores acreditados de la realidad kurda (1) han venido advirtiendo en los Ăşltimos meses que el objetivo de la consulta nunca ha sido la independencia inmediata, sino el cambio en la dinĂĄmica regional, para favorecer la separaciĂłn efectiva en unos diez aĂąos.

Las divisiones internas y los conflictos interpartidarios kurdo-iraquĂ­es terminaron diluyĂŠndose por el fuerte impulso de la propaganda secesionista y al final la independencia se convirtiĂł en una causa unitaria. La AdministraciĂłn Trump no parece haberse preocupado mucho de presionar a los kurdos. Esta actitud desganada de los norteamericanos, reflejo de las contradicciones y confusiones actuales en Washington, ha podido ser una de las razones de la respuesta militar de Bagdad. Convencidos los dirigentes iraquĂ­es de que tendrĂ­an que resolver por sĂ­ solos el desafĂ­o kurdo, unidades del ejĂŠrcito han llevado a cabo una operaciĂłn rĂĄpida y decisiva en la localidad de Kirkuk y se han apoderado de instalaciones petrolĂ­feras y militares.

IrĂĄn, protector del gobierno iraquĂ­, pero atento sobre todo a sus intereses propios, tambiĂŠn ha terminado involucrĂĄndose en el conflicto. El jefe de las unidades paramilitares Al Qods, el cĂŠlebre general Soleimani, ejerciĂł la influencia iranĂ­ en la otra facciĂłn kurda-iraquĂ­, el UPK, que ejerce el control de Kirkuk, para facilitar el control de la ciudad por Bagdad.

DespuĂŠs de esta exhibiciĂłn contenida de fuerza, es de esperar que las partes se avengan a la negociaciĂłn. Puede ayudar a la estabilidad regional la caĂ­da del feudo yihadista sirio de Rakka, confirmada estos dĂ­as, pero la resoluciĂłn del conflicto kurdo exige paciencia, voluntad y capacidad real de embridar los excesos de las partes, algo que sĂłlo puede aportar Estados Unidos. Nunca ha estado menos garantizado que ahora.

NOTA:

(1) El investigador militar MICHAEL KNIGHTS, colaborador del WASHINGTON INSTITUTE FOR NEAR EAST POLICY ha venido publicando en los Ăşltimos meses varios anĂĄlisis sobre la polĂ­tica norteamericana en el KurdistĂĄn. En este mismo think-tank resultan de interĂŠs las observaciones de FARZIN NADIMI sobre el punto de vista de IrĂĄn. En FOREIGN AFFAIRS, es recomendable un completo anĂĄlisis sobre las consecuencias del referĂŠndum, por el periodista local GALIP DALAY, en la ediciĂłn digital del pasado 2 de octubre.