La utilizaciĂłn de la mentira como arma polĂtica tiene una larga historia. Durante el perĂodo de entreguerras del siglo pasado parecĂa que todo estaba permitido, mientras los extremismos competĂan por ver quiĂŠn iba mĂĄs allĂĄ en la utilizaciĂłn de las mentiras, las argucias y las exageraciones. Aquel fue un tiempo terrible, en el que la agudizaciĂłn de los problemas sociales corriĂł paralelo a una agudizaciĂłn de los conflictos y a unas confrontaciones polĂticas en las que se pensaba que todo valĂa para conseguir determinados objetivos. Y como no podĂa ser de otra manera, al final las palabras cargadas de odio, las mentiras polĂticas y la instrumentalizaciĂłn y la cosificaciĂłn de las personas acabaron conduciendo a una guerra cruel e inhumana, en la que no habĂa mĂĄs verdad que la lĂłgica impuesta por los contendientes y los vencedores.
ÂżArrasar a los contrarios?
En nuestros dĂas se estĂĄ volviendo a vivir un clima polĂtico enrarecido, en el que parece que todo vale, donde no importa la palabra dada y donde cunde la desafecciĂłn, la desconfianza y las simplificaciones polĂticas y demagĂłgicas. Y donde solo parece imperar la lĂłgica del poder en sĂ, y el recurso a la dialĂŠctica âamigos/enemigosâ y a los propĂłsitos de âaplastamientoâ a los contrarios. O âarrasarâ, como dicen algunas, sin entender que en polĂtica el propĂłsito de los demĂłcratas es convences y no âarrasarâ o âaplastarâ a los que no piensan igual.
El debate que estĂĄ teniendo lugar en el PSOE, en buena parte tiene sus raĂces ây sus influenciasâ en este enrarecimiento del clima polĂtico y en el abuso de los comportamientos insidiosos, de las argucias y de las dialĂŠcticas de confrontaciĂłn que no son precisamente ejemplares y que, en ocasiones, se sitĂşan en las antĂpodas de los principios y valores de la democracia y del sano debate entre personas y lĂderes que no coinciden en sus planteamientos. Y que no por ello deben dejar de respetarse y escucharse francamente.
Afortunadamente, tal tipo de comportamientos no son atribuibles a la mayorĂa de los que estĂĄn participando, mĂĄs o menos activamente, en estos debates y confrontaciones polĂticas. Pero el mismo hecho de que hayan aparecido en escena, y que estĂŠn siendo utilizados con descaro e impunidad, es un signo de desviaciĂłn polĂtica inquietante.
ÂżImpunidad ante las mentiras?
Algunos casos que han salido a la luz pĂşblica durante las Ăşltimas semanas revelan la poca sensibilidad que existe en determinados ambientes sobre la utilizaciĂłn de las mentiras como arma polĂtica. Cuanto mayores son las mentiras âparecen pensarâ mucho mĂĄs efecto producen.
El caso Heredia âal que apenas se ha prestado atenciĂłn, ni ha dado lugar a ninguna medida disciplinariaâ es muy ilustrativo de la situaciĂłn a la que se ha llegado, y de la indiferencia existente ante un tipo de comportamientos que tienden a ânormalizarseâ y que empiezan a ser considerados como parte de una nueva cultura polĂtica. Cultura a la que algunos, incluso, describen con conceptos tan ambiguos como pretendidamente adormecedores. Por eso, habrĂa que preguntarse cuĂĄles son las consecuencias de que las mentiras polĂticas puedan ser calificadas como âfenĂłmenos propios de la ĂŠpoca de las post-verdadesâ. ÂżâPost-verdadesâ? Mediante la degradaciĂłn y el oscurecimiento del propio lenguaje se puede empezar a perder la batalla a favor de la decencia polĂtica.
Como los viejos castellanos, habrĂa que ser capaces de llamar al pan, pan y al vino, vino. Y tambiĂŠn a la mentira, mentira, sin mĂĄs matices ni adornos.
El hecho de que un diputado susanista muy importante, que actualmente es nada menos que Secretario General del Grupo Socialista en el Parlamento espaĂąol, se reĂşna âÂżen secreto?â con un grupo de jĂłvenes socialistas y les intente manipular con una intoxicaciĂłn tan monumental como decirles que âel Secretario General de CC.OO, FernĂĄndez Toxo, le ha advertido que Pedro SĂĄnchez tiene un pacto secreto con los independentistas catalanes para propiciar la divisiĂłn de EspaĂąaâ, es en sĂ mismo una enormidad incalificable. Pero que, punto y seguido, cuando FernĂĄndez Toxo reacciona muy enfadado diciendo que todo es mentira, y que ni conoce a ese seĂąor, ni nunca ha hablado con ĂŠl, el propio Portavoz Adjunto reconozca que efectivamente todo es mentira, y que no pase absolutamente nada, eso sĂ que es tremendo. Y que lo mismo suceda con los graves insultos proferidos âen dicha reuniĂłnâ a una diputada socialista, a la que luego âpide disculpasâ y con eso âpiensaâ queda todo arreglado, revela el punto de deterioro al que se ha llegado.
PatraĂąas polĂticas
Pero lo mĂĄs grave es que lo de Heredia no es un caso aislado, sino que se inscribe en una estrategia general orientada a intentar deteriorar la imagen y la credibilidad de Pedro SĂĄnchez, desde los dĂas en los que todavĂa era Secretario General del PSOE.
La patraĂąa de que existe un informe del CNI en el que se da cuenta de los pactos secretos de Pedro SĂĄnchez con los independentistas radicales para abrir la vĂa a la fragmentaciĂłn de EspaĂąa, asĂ como otros disparates de supuestas palabras suyas, que incluso se âentrecomillanâ para darlas mĂĄs verosimilitud, son muestras palpables de hasta dĂłnde se puede llegar por la vĂa de emplear la mentira como arma polĂtica, casi como arma de âdestrucciĂłn masivaâ.
El famoso e inexistente âInforme del CNI sobre Pedro SĂĄnchezâ que tanto se ha manejado, incluso en altos cĂrculos polĂticos, es una patraĂąa de tal magnitud que recuerda otros casos muy sonados que se utilizaron en los aĂąos de entreguerras, incluso como instrumentos para potenciar y justificar el odio y la persecuciĂłn polĂtica y social. El caso mĂĄs extremo y singular fue posiblemente el de los famosos âProtocolos de los sabios de Sionâ que nunca existiĂł, pero que sirviĂł de coartada para justificar crĂmenes horrendos.
La necesaria regeneraciĂłn polĂtica
Cuando se opera de esta manera, no solo se estĂĄn difuminando las fronteras de lo que es o no es lĂcito en polĂtica, sino que se causa grave daĂąo a las personas y a las instituciones. Desde luego, en el caso citado, el CNI quedarĂa seĂąalado y desprestigiado por entrar en el delicado campo del espionaje a ciudadanos espaĂąoles, pero tambiĂŠn quedarĂan seĂąaladas todas las personas que fueron engaĂąadas en su buena fe por tan maliciosa patraĂąa. Y que, plausiblemente, reaccionaron de manera impropia ante la patraĂąa. PatraĂąa que, por lo demĂĄs, se desacreditaba a sĂ misma por la evidencia incuestionable de que Pedro SĂĄnchez ha demostrado con hechos evidentes que es el Ăşnico lĂder polĂtico espaĂąol âde momentoâ que, puesto ante esa posibilidad, no se dejĂł seducir por los cantos de sirena de los independentistas ni de los izquierdistas imposibles de Podemos. Si hubiera aceptado las condiciones de unos y otros âcomo ahora se sostieneâ Pedro SĂĄnchez serĂa en estos momentos el Presidente del Gobierno de EspaĂąa y no estarĂamos padeciendo la vergĂźenza de ver cĂłmo se agita sobre la Moncloa un huracĂĄn de corrupciones y engaĂąos.
Pero, lo cierto (empĂricamente) es que Pedro SĂĄnchez no pactĂł en su dĂa con tales extremismos, por lo que resulta inverosĂmil ây nada creĂbleâ que haya pactado en secreto con posterioridad. Pero eso no importa. Ahora de lo que se trata es de intentar erosionar su credibilidad, incluso intentando poner en su boca ây en su programaâ cosas que nunca ha dicho.
A Heredia le pillaron in fraganti y no le quedĂł mĂĄs remedio que reconocer que mentĂa âcomo si tal cosa y sin que tenga consecuenciasâ, pero, ÂżcuĂĄntos han estado propalando patraĂąas y mentiras similares sin que existan evidencias grabadas? No solo a FernĂĄndez Toxo y a CC.OO se les ha intentado meter ilegĂtima e impropiamente en este debate, sino a ex Ministros como Miguel SebastiĂĄn, que rĂĄpidamente ha desmentido âhaber dicho cosas que se le atribuĂan sobre Pedro SĂĄnchezâ, sin que los periodistas y voceros que propalaron esas patraĂąas hayan tenido la dignidad de reconocer que mentĂan.
Tanta indiferencia ante las mentiras y tanta actitud comprensiva por parte de los que pretenden distinguir entre mentidas propiamente dichas y mentirijillas y âpost-verdadesâ, considerĂĄndolas como parte del juego polĂtico âsegĂşn dicenâ, es un signo del deterioro moral que estĂĄ instalĂĄndose en nuestra sociedad y en el interior de determinadas organizaciones polĂticas.
De ahĂ la importancia ây la urgenciaâ de acometer ante este tipo de corrupciones âaunque no soloâ un serio proceso de regeneraciĂłn moral y polĂtica de nuestra vida ciudadana y de nuestras instituciones. Todo menos los silencios cĂłmplices.
