Los recientes resultados electorales en Hungría y Bulgaria han sido destacados por la caída de la autocracia de OrbÔn y la emergencia de un hombre fuerte con sólidas conexiones rusas, respectivamente. Lo que pierde Moscú en Budapest parece ganarlo en Sofía, aunque con menos estridencias. El nacionalismo populista compensa sus fuerzas entre el corazón oriental de Europa y las tierras bajas del Mar Negro.

Pero por debajo del radar se advierte otra tendencia muy inquietante para el centro izquierda europeo: la prÔctica desaparición de la vida parlamentaria en esos dos países de las fuerzas socialdemócratas. Ni húngaros ni búlgaros adscritos a la Internacional Socialista o al Grupo Socialista-Demócrata del PE tendrÔn diputados nacionales.

LAS ƚLTIMAS DERROTAS: HUNGRƍA Y BULGARIA

Hungría fue el pionero en el reciclaje de los comunistas en socialistas en el Este de Europa. Los referentes alemÔn y austríaco eran muy atractivos y exitosos por entonces. Y el gambito funcionó durante bastante tiempo. Los socialistas magiares alcanzaron el 45% en 2006 y participaron en cuatro gobiernos poscomunistas. Pero en 2010 el terremoto OrbÔn los dejó por debajo de la barrera del 20%. Desde entonces, solo han acumulado penas. La derrota desencadenó división y escisión. Un nuevo partido, Coalición DemocrÔtica, consiguió representación en Estrasburgo y terminó siendo el flotador de los socialistas húngaros. Pero en la coalición conservadora que ha acabado con la era OrbÔn no han tenido hueco. En abril no han llegado al 2% de los votos y quedarÔn fuera de su parlamento.

En Bulgaria, en cambio, el liderazgo de los comunistas reconvertidos en socialistas se disolvió en apenas dos años, con una brusca caída en la mitad de los noventa y una lenta pero inexorable erosión hasta la irrelevancia de estos días, pese a haber reunido en una plataforma unitaria a la mayoría de las formaciones progresistas: menos del 3% de los votos.

Estas desgracias en Hungría y Bulgaria adquieren categoría de catÔstrofe al sumarse a la miserable situación en los otros tres vecinos centroeuropeos: Polonia, República Checa y Eslovaquia. En otros países con antiguos regímenes prosoviéticos, el socialismo que creció sobre las ruinas de los partidos comunistas ha mantenido cierta presencia, pero tiende a la baja, cuando no a la fagocitación por las tendencias nacionalistas.

ENTRE NACIONALISMO Y EL ULTRALIBERALISMO

Los dos países mÔs influyentes de Centroeuropa, Polonia y Chequia, con experiencias distintas de salida del comunismo, gozaron siempre de mejores conexiones con Europa Occidental que sus vecinos. Eso explica que, pese a la presión nacionalista, siempre se hayan mantenido fuerzas centristas de fuste.

En Polonia, los socialdemócratas aguantaron muy bien el nuevo régimen, con alzas constantes hasta el cambio de siglo. En los primeros años del XXI se produjo un desplome enorme: desde una cifra superior al 40% de los votos hasta un pírrico 10% en la mitad de la primera década. Después vino un periodo de oscilaciones suaves hasta el último retroceso (5%). Una fuerza menor obligada a colaborar con la coalición liberal-conservadora (Plataforma Cívica), frente al nacionalismo ultra del PiS (Ley y Derecho).

En la República Checa, las fortunas socialdemócratas no alcanzaron las cotas polacas, pero se mantuvieron en torno a un saludable 30% durante casi dos décadas, después de los confusos años poscomunistas iniciales. Luego descendieron invariablemente hasta aproximadamente el mismo 5%. Desde 2021 no estÔn en el Parlamento nacional.

LA HERIDA ESLOVACA

Pero el caso mƔs sangrante es el de Eslovaquia. Una mirada superficial podrƭa hacer pensar que el paƭs mƔs pobre de Centroeuropa rompe esta tendencia depresiva de la socialdemocracia. Los partidos que siguen considerƔndose tributarios de esa doctrina han mantenido un liderazgo polƭtico con escasos retrocesos desde la dƩcada de los noventa. Es un espejismo.

Dirección Socialdemócrata rozó su techo (45%) en 2012, después de una subida constante, para descender ligeramente por encima del 20% en 2020. Y ahí cambió todo. Bajo el liderazgo del populista Robert Fico, el partido protagonizó un viraje sorprendente hacia el nacionalismo de inspiración orbanista, sin el componente católico. Los líderes socialistas europeos en Bruselas se alarmaron, pero, a pesar de las severas llamadas de atención, Fico siguió en su línea. La ruptura parecía inevitable. El socialismo eslovaco se ancló en el nacionalismo populista con un oportunismo rentable y, en 2023, elevó su marcha ascendente.

Los socialistas del continente habĆ­an visto un posible recambio con la escisión del exprimer ministro Peter Pellegrini, quien fundó un nuevo partido socialdemócrata (HLAS: Voz), admitido pronto en el club europeo. Pero este nuevo lĆ­der no tardó en tomar el rumbo populista de sus antiguos correligionarios. Del exiguo 3% obtenido en 2020 pasó al 14% en 2023, ya con mensajes nacional-populistas. La cooperación se detuvo y la socialdemocracia continental se quedó sin referente eslovaco. Ambos partidos ā€œrebeldesā€ suman hoy un envidiable 37%. El socialismo democrĆ”tico ha dejado de existir en el Parlamento de Bratislava.

LA ENGAƑOSA EXCEPCIƓN RUMANA

Solo en Rumanía el socialismo democrÔtico ha mantenido el tipo estas tres décadas y media, con estabilidad y participación en las alternancias de gobierno. Pero desde hace años, en coincidencia con una decadencia que parece imparable desde hace una década, se observa también la tentación del nacionalismo populista, como en el caso eslovaco.

Actualmente, Rumanía estÔ gobernada por una gran coalición de liberal-conservadores (PNL, adscrito al Partido Popular Europeo) y socialistas. Pero los ministros del PSD (Partido Socialdemócrata) se han retirado del ejecutivo por discrepancias con sus socios del centro-derecha. Lo que anuncia mÔs que probables elecciones, en las que del socialismo rumano solo resten las siglas, pero muy poca conexión con su ideario.

EL CONTRASTE EXYUGOSLAVO

En otros dos países excomunistas, en concreto los exyugoslavos Eslovenia y Croacia, los socialdemócratas se han mantenido con desigual fortuna. La autonomía del sistema autogestionario yugoslavo con respecto a Moscú no favoreció la conversión exitosa de los partidos de la Liga Comunista en socialismos de las nuevas repúblicas, al menos en los primeros años, sin duda por el empuje arrollador de los nacionalismos.

Los eslovenos no pasaron de la barrera del 15% hasta 2004, cuando experimentaron una fuerte subida, hasta sobrepasar el 30%, pero este impulso fue efímero. El efecto rebote les hizo caer al 10% cuatro años después y, desde entonces, han seguido perdiendo votos, hasta quedar por debajo del 7% en las últimas dos citas electorales.

En Croacia, la marea nacionalista extremista de los primeros noventa, alimentada por la guerra contra Serbia y Bosnia, redujo a los neosocialistas a una posición marginal en el Sabor; el desengaño posbélico los colocó en posición de fuerza alternativa sólida y sus opciones fueron creciendo hasta la segunda década del presente siglo. Luego comenzaron a resentirse de la crisis económico-financiera en el continente y del nuevo auge nacionalista. Con todo, la socialdemocracia se mantiene en torno al 25%, un nivel envidiable en la zona.

Aunque muchas de las causas de esta crisis regional de la socialdemocracia radican en especificidades nacionales, hay tambiƩn factores comunes a todos los casos.

  1. La caída del comunismo coincidió con el desarme ideológico del socialismo democrÔtico. El auge neoconservador en lo político y ultraliberal en lo económico de los ochenta inoculó el virus del individualismo y la creencia en la tiranía del mercado.
  2. La socialdemocracia no estaba preparada para recoger el testigo del comunismo de forma tan rÔpida y abrupta. La transformación rÔpida de los partidos comunistas en socialistas fue una falsa solución, que terminó siendo un inconveniente, cuando las nuevas formaciones liberales y conservadoras desacreditaron la operación como un intento de preservación del viejo sistema.
  3. Los nuevos socialismos del centro y este europeo negociaron mal la contradicción entre el espejismo del mercado y las aspiraciones de libertad de las masas sociales. El ultraliberalismo supo seducir a las sedicentes clases medias, pero también a las capas populares. La voz moderada de la socialdemocracia dejó de escucharse con claridad.
  4. Con la crisis económico-financiera de finales de la primera década del siglo, aquellos partidos socialdemócratas que consiguieron, a duras penas, mantener su presencia en gobiernos de coalición pagaron la factura del desfondamiento social. En lugar de culpar a los partidos conservadores y liberales, los electores castigaron al centro-izquierda, negÔndole su voto y dirigiendo su malestar hacia propuestas conservadoras o incluso mucho mÔs radicales y de signo contrario.
  5. La crisis migratoria de mediados de la segunda década incrementó la tensión sobre estos países, en particular sobre los centrales. Algunos de ellos se convirtieron en lugar de paso de la ruta de los Balcanes para los huidos de la inestabilidad crónica desatada tras la primavera Ôrabe y la fase final de la guerra en AfganistÔn. Eso provocó un nuevo repunte de la fiebre nacionalista y xenófoba entre las masas populares, privando a los socialistas de su base política natural.
  6. Desplazados a la oposición, los partidos socialdemócratas se quedaron en tierra de nadie. Los liberal-conservadores atacaron a los nacionalistas en auge no solo por sus proclamas de destrucción del orden liberal basado en normas, sino tambiĆ©n por sus recetas de centralismo y renacionalización, mĆ”s propagandĆ­sticas que reales, dejando a los socialistas como sospechosos de colaboracionismo con recetas ā€œfracasadasā€.
  7. En la guerra cultural subsiguiente, los socialdemócratas han sido blanco de ataques tanto de la derecha nacionalista como de la liberal, por sus posiciones progresistas en materia de género, raza y origen.
  8. La última deriva ha sido, si cabe, la mÔs perniciosa, consistente en despojarse de los últimos elementos progresistas para convertirse en nacionalistas populistas. La senda eslovaca ya ha prendido en Rumanía y es posible que se extienda por toda la región.