Los movimientos sociales de las mujeres son formas de acciĂłn colectiva cuya prioridad es lograr cambios sociales estructurales que conlleven la igualdad de gĂŠnero, en un contexto societal, avanzada ya la tercera dĂŠcada del siglo XXI, que sigue revelĂĄndose patriarcal (a pesar de los logros alcanzados).
Hasta los aĂąos sesenta del pasado siglo, los movimientos sociales eran presentados desde una mirada socio-polĂtica como expresiĂłn de los conflictos de clase, y sus acciones se sucedĂan dentro de las lĂneas programĂĄticas de los partidos polĂticos. Diez aĂąos despuĂŠs, en Europa hacen su apariciĂłn los nuevos movimientos sociales, adquiriendo especial significaciĂłn los feministas.
Sus objetivos han sido y son, como bosquejamos anteriormente, vencer las rĂŠmoras que impiden la igualdad de gĂŠnero, alcanzar la paridad a la hora de tomar decisiones de interĂŠs colectivo y, en general, lograr mayores oportunidades de participaciĂłn de las mujeres en todas las esferas de lo social (polĂtica, civilâŚ). En definitiva, reivindican una democracia completa, mayor calidad en tĂŠrminos de ciudadanĂa y una priorizaciĂłn de lo colectivo frente a lo privado, respetando lo personal.
Se trata de organizaciones descentralizadas, abiertas y democrĂĄticas, con liderazgos flexibles, que se estructuran en movimientos sectoriales para reivindicaciones concretas. Se distancian de los partidos polĂticos tradicionales por su propia naturaleza y su finalidad es defender los derechos civiles.
Tres son las cuestiones que, fundamentalmente, focalizan en sus prĂĄcticas: abordar holĂsticamente tanto la violencia de gĂŠnero como el âtecho de cristalâ y la conciliaciĂłn privado/pĂşblico. Unas lĂneas propositivas basadas en la corriente filosĂłfica de la ĂŠtica del cuidado, iniciada por Carol Gilligan hace ya cuarenta aĂąos.
La ĂŠtica del cuidado, sustentada en la corresponsabilidad entre hombres y mujeres como actores sociales, propone que la solidaridad es un deber ĂŠtico de todos y cada uno de los ciudadanos/as, independientemente del gĂŠnero, situĂĄndola al mismo nivel que la justicia. Para coronarlo âsostieneâ es imprescindible una transfiguraciĂłn cultural en la forma de ver el mundo, en las mentalidades de todos/as como Humanidad, particularmente entre los/las que siguen anclados en la divisiĂłn de roles tradicionales.
La ĂŠtica del cuidado ha sido inspiradora de las polĂticas pĂşblicas y medidas adoptadas por los Estados en favor de la igualdad de gĂŠnero. Procuran facilitar la incorporaciĂłn de las mujeres al trabajo asalariado mediante acciones positivas que fomenten su empleo, desarrollan planes de igualdad y articulan medidas que permitan la conciliaciĂłn de la vida laboral y familiar. Las resistencias a tales actuaciones se sustentan en dos ideas: la primera, en que lo laboral no puede ser valorado como lo esencial ni personal ni socialmente para las mujeres, sino sus familias y su bienestar; la segunda, en que se trata de mecanismos que involucran a las mujeres, sobre quienes recae conciliar su faceta como trabajadoras y los cuidados del hogar (a pesar de los positivos desarrollos de los Ăşltimos aĂąos), afectando negativamente a su proyecciĂłn pĂşblica.
Tratar el avance en EspaĂąa de los movimientos sociales de las mujeres y del feminismo, en el segundo cuarto del siglo XXI, nos retrotrae a la historia del feminismo y del socialismo espaĂąol y su lucha durante el franquismo. Tiene una clara vertiente polĂtica, destacando entre los logros: conseguir que las mujeres ganĂĄramos en igualdad formal (aunque no en igualdad real), hacer del ecofeminismo un movimiento con fuerza (movimiento social y de pensamiento que vincula feminismo y ecologismo y pone sobre la mesa que el patriarcado y el capitalismo explotan a la naturaleza y a las mujeres) y estar presentes en las agendas informativas y polĂticas (despuntando el papel de primer orden de las redes sociales virtuales).
Un evento crucial en favor de los derechos de las mujeres en todo el mundo fue la institucionalizaciĂłn de la manifestaciĂłn del 8 de marzo, con motivo del DĂa Internacional de la Mujer, originalmente DĂa Internacional de la Mujer Trabajadora, que visualiza la desigualdad de gĂŠnero y conmemora su lucha por participar en la sociedad en igualdad respecto a los varones. En EspaĂąa es un dĂa de mezcolanza de huelga-manifestaciĂłn-convocatoria, organizada en torno a la ComisiĂłn 8 de marzo, refrendada en torno a tres cuestiones: la desigualdad laboral, el âtecho de cristalâ y la violencia de gĂŠnero (46 mujeres asesinadas en 2025; tan solo en 10 constaban denuncias por maltrato).
Mucho se ha progresado en los paĂses mĂĄs desarrollados en este campo, aunque todavĂa queda mucho camino por recorrer, pues millones de mujeres en los menos desarrollados siguen viviendo en primera persona discriminaciones y exclusiones de toda Ăndole. Es un problema estructural coligado a la âfeminizaciĂłn de la pobrezaâ. Los datos no dejan lugar a dudas: en 178 paĂses no estĂĄn autorizadas a trabajar o poseer tierras por cuestiones legales; tienen grandes barreras para acceder tanto a la educaciĂłn (dos tercios de los 781 millones de personas adultas analfabetas en todo el planeta son mujeres) como a la salud; una de cada tres sufre violencia fĂsica o sexual, y dedican el triple de tiempo a las actividades domĂŠsticas y de cuidados no remunerados.
Si Olympe de Gouges, autora de la DeclaraciĂłn de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791), en donde proponĂa la equiparaciĂłn jurĂdica entre las mujeres y los varones, o Elizabeth Cady Stanton, coorganizadora en 1848 de la primera ConvenciĂłn por los Derechos de la Mujer, que dio lugar a la DeclaraciĂłn de Sentimientos, vieran los sustanciales cambios que han tenido lugar en relaciĂłn con el papel de las mujeres, a buen seguro quedarĂan gratamente sorprendidas. Seguir el ejemplo de ambas y de tantas otras que perdieron incluso sus vidas por defender sus ideales es el mejor estĂmulo para seguir en la senda en la que nos encontramos. No tengo dudas de que nuestro siglo es ya, y serĂĄ a futuro, el siglo de las mujeres, mas ello solo serĂĄ posible si tod@s caminamos de la mano.
ÂĄQue asĂ sea!
² VÊase, https://www.cndh.org.mx/noticia/primera-convencion-feminista-sobre-los-derechos-de-la-mujer-en-eeuu
