Las cosas que importan en el país van razonablemente bien. Los problemas seculares más graves están resueltos o reducidos a la mínima expresión. Las aspiraciones de la sociedad española para situarse entre las más prósperas y justas están justificadas. Compartimos los desafíos del presente y del futuro entre las naciones más avanzadas…

Pero la derecha no lo soporta.

El juego democrático les sirve cuando sirve a su ansia de poder. Si la democracia otorga el poder a la izquierda, el juego ya no sirve. Da igual cómo vaya el país de bien o de mal. Porque el poder no es legítimo en manos de la izquierda. El juego, entonces, tiene que ser otro.

La prioridad es “echar a Sánchez y lo vamos a hacer con todos los medios a nuestro alcance”, como ha declarado su portavoz parlamentario. Ese que no lee lo que vota. ¿Para qué? Esto no va de votos. Esto va de “echarlos con todos los medios a nuestro alcance”. Y todos son eso, todos.

Antes rota que roja.

¿Cuáles han sido los grandes problemas seculares de España?

La falta de libertades. Hoy tenemos una Constitución, un Estado de Derecho que funciona, unas instituciones que aseguran las libertades democráticas.

El atraso económico. Hoy lideramos el crecimiento entre las economías más avanzadas del mundo, según el FMI.

El paro. Hoy batimos récords de población activa y afiliada a la Seguridad Social. Casi 22 millones de trabajadores.

Las desigualdades sociales. La subida del salario mínimo, la dignificación de las pensiones, el ingreso mínimo vital, la ley de la dependencia, la multiplicación de las becas… Hoy nuestro Estado de Bienestar tiene poco que envidiar en el mundo.

Los conflictos territoriales. Hoy se han reducido las tensiones secesionistas y los gobiernos de Cataluña y Euskadi cuentan con fuerzas políticas comprometidas con la Constitución.

El aislamiento internacional. Hoy España es un país al que se escucha en Europa y en el mundo, y el Presidente Sánchez es referencia a la hora de adoptar decisiones de alcance internacional.

La emigración. Hoy España es país que atrae inmigrantes, cuando históricamente fue un país de emigrantes, por persecución o por miseria.

Aún queda mucho por hacer en todos estos ámbitos, claro. Y hay aún muchos problemas más por resolver, desde luego. De la vivienda inaccesible a la desigualdad de la mujer, del cambio climático a la transición digital justa…

Pero la española es hoy una sociedad preparada para afrontar todos estos problemas, con recursos y con capacidades suficientes.

Nada de lo que ocurre en la España real, de lo que puede esperarse o temerse de su futuro, justifica la campaña de crispación, deslegitimación y desestabilización permanente que mantiene la derecha contra el Gobierno de España.

Solo hay una explicación. No soportan que a España le vaya bien, si no son ellos los que gobiernan.

Pues será incómodo, pero vamos a seguir gobernando para que a España le siga yendo bien, mejor incluso. ¿Y cuándo ha sido cómodo, por cierto?

Hace unos días, uno de esos personajes que no dan su nombre me dedicó el siguiente mensaje en las redes: “Rafael Simancas te vamos a poner delante de una pared”.

La metáfora es inquietante, cierto, pero fue mucho más grave para aquellos de mis compañeros a los que pusieron delante de una pared realmente, sin metáforas. Si ellos fueron consecuentes, cómo no lo voy a ser yo.

Esto va razonablemente bien. Y vamos a seguir.

Si les pesa, que les pese.