Introducción.
El pasado 3 de octubre, en el Consejo de Redacción de la Revista Temas que saldrá en paralelo a la publicación de este artículo, discutíamos sobre la posible consideración del desarrollo social como utopía posible, en un marco en el que los artículos que se incorporaban al Debate de la Revista se centraba en el avance hacia derechos básicos como elementos de utopías posibles: educación, sanidad, pleno empleo, democracia, tecnología, humanismo, fiscalidad o economía verde.
Mi intervención en defensa de una utopía que pusiera a la persona y a la naturaleza en el centro del desarrollo no se consideraba dentro de lo posible. Obviamente, el proceso de acumulación del capitalismo y el tipo de relaciones sociales y extractivas que implica es difícilmente compatible con una sociedad que centre su desarrollo no en el crecimiento de indicadores como el PIB o el comercio mundial, sino en el equilibrio entre lo que la persona necesita para su bienestar y lo que la naturaleza puede aportar de forma sostenible.
En esta Sección hemos defendido reiteradamente que el mantenimiento de la salud y bienestar de las personas no puede lograrse si no es en el marco de una naturaleza equilibrada y sostenible, que mantenga su biodiversidad y proporcione los adecuados servicios de los ecosistemas como soporte de la salud y bienestar de las personas. También hemos recogido reiteradamente la insostenibilidad de la dinámica de una sociedad de consumo capitalista que va desbordando progresivamente nuevos “límites planetarios”[1].
De forma complementaria, cabe destacar que, en el Informe “Navegando por nuevos horizontes: un informe de previsión mundial sobre la salud planetaria y el bienestar humano”, preparatorio de esta 16 COP, elaborado por Naciones Unidas (PNUMA)[3], se concretan los elementos de lo que definen como triple crisis planetaria: la asociada al cambio climático, a la pérdida de biodiversidad y naturaleza y a la contaminación y los desechos, cuyas consecuencias sobre la sociedad alimentan crisis humanitarias ligadas a conflictos por los territorios y los recursos, migraciones y deterioro de la salud.
De hecho, en este Informe se identifican dieciocho señales de cambio en un mundo fuertemente interconectado y frágil, advirtiendo que priorizar las ganancias a corto plazo pone en peligro la prosperidad a largo plazo y la salud del planeta. Aunque estiman, siguiendo la pauta optimista de los Informes de Naciones Unidas, que existe un contrapeso y potencialidades de corrección de esta negativa dinámica en el enorme potencial del ingenio humano que se puede aprovechar para ofrecer soluciones a la triple crisis. En todo caso, destacan los ocho elementos críticos que implican riesgos para la dinámica futura del planeta al 2050, que, como hemos apreciado en referencias anteriores de esta Sección, coinciden en gran medida con los recogidos en otros Informes de temática similar:
En todo caso, queda claro, como ya apreciábamos de manera conjunta en el número 269 de la Revista Sistema, centrado en una concepción transdisciplinar del medio ambiente, que el planeta Tierra, dada su capacidad de evolución y adaptación durante eones, no está en riesgo. Pero no se puede decir lo mismo de una parte muy significativa de la especie humana y de una parte muy relevante y creciente de la biodiversidad y de los ecosistemas existentes en la Tierra, si la sociedad capitalista de consumo globalizada sigue marcando las pautas de transformación del Planeta seguidas en el último siglo y medio.
Biodiversidad y Ecosistemas sobre los que el pasado 21 de octubre se inauguraba en Cali (Colombia) la 16 COP de Diversidad Biológica, en un marco en el que se constata la relegación de las políticas de protección de la naturaleza en la actual dinámica de fuertes turbulencias derivadas de las sucesivas crisis que están azotando al planeta.
En su discurso de apertura, la Secretaria Ejecutiva, Astrid Schomaker, mostraba la urgencia de revertir la pérdida de biodiversidad, la degradación territorial, la desertificación, la contaminación o la creciente generación de basuras, a la vez que destacaba la urgencia de estabilizar el sistema climático como elementos que interactúan y se complementan. Y ello, porque estos procesos retroalimentan conflictos territoriales y por el control de recursos que dan lugar a desplazamientos humanos, al deterioro de la salud del planeta y de las personas que lo habitan y a crisis humanitarias que podrían conducir a catástrofes irreversibles a más o menos plazo.
En este marco, la posibilidad de enfocar procesos de transición hacia un desarrollo ecosocial y de poner en marcha políticas que aseguren su viabilidad, consideramos que son una necesidad urgente si no queremos afrontar situaciones crecientemente conflictivas ante las que capas crecientes de población insatisfecha tienen tendencias a apoyar soluciones autoritarias cercanas al fascismo.
El antecedente del Programa Hombre y Biosfera, de la UNESCO.
En la decimosexta sesión de la Conferencia General de la UNESCO, de 1970, se presentó el programa Hombre y Biosfera (MaB) como un programa intergubernamental e interdisciplinario, a largo plazo, centrado en la “búsqueda de la compensación y el equilibrio entre, por una parte, la responsabilidad humana de mantener la naturaleza y conservar la biodiversidad y, por otra, la necesidad humana de utilizar los recursos naturales para mejorar el bienestar social y económico de las poblaciones”, elementos básicos de lo que podemos considerar elementos constitutivos del desarrollo ecosocial.
Desde entonces, el Programa MaB ha tenido como principal instrumento de acción la identificación y potenciación de las Reservas de Biosfera, espacios concretos que asumían el compromiso de conjugar, de forma práctica, los elementos señalados en el Programa MaB, estableciéndose, en 1976, la primera lista de reservas aceptadas por MAB-UNESCO, constituidas, fundamentalmente, por parques nacionales que, en su mayoría, se encontraban prioritariamente centrados en la conservación y donde el total de oblación implicada era marcadamente reducido.
En la actualidad, la UNESCO[4] define a las Reservas de Biosfera como “lugares de aprendizaje para el desarrollo sostenible. Son sitios para probar enfoques interdisciplinarios para comprender y gestionar los cambios y las interacciones entre los sistemas sociales y ecológicos, incluida la prevención de conflictos y la gestión de la biodiversidad”.
En el mundo, se han declarado por MaB-UNESCO 759 Reservas de Biosfera (59 en España) que, en su conjunto albergan a más de 275 millones de personas (más del 1,5% de la población mundial). Y, aunque la situación relativa de cada uno de los territorios considerados Reservas de Biosfera y su adecuación a los objetivos previstos para las mismas es tremendamente desigual, dado el carácter voluntario de los territorios que deciden unirse a esta declaración, sí puede constatarse un cierto grado de avance hacia lo que se podría considerar desarrollo ecosocial en un cierto número de los mismos.
De hecho, existen ejemplos de cómo la correcta declaración y gestión pública y privada de Reservas de Biosfera, inicialmente creadas desde una perspectiva fundamentalmente conservacionista, han potenciado su capacidad de colaborar al desarrollo ecosocial de zonas desfavorecidas en las que el envejecimiento, pérdida de población y de actividad económica tenían una tendencia irrefrenable, enriqueciendo en algunas ocasiones la re-naturalización y biodiversidad del territorio de forma compatible con unos niveles correctos de desarrollo social para la población residente en la Reserva.
No obstante, son más las Reservas de Biosfera que muestran una estructura inadecuada para ser operativas. E, incluso, algunas carecen de viabilidad práctica para el cumplimiento de sus funciones y objetivos. Funciones y objetivos normativamente establecidos, por primera vez, en el caso de España, por la Ley 42/2007, de 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, donde se definen las reservas de la biosfera españolas como Áreas protegidas por instrumentos internacionales (Programa MaB-UNESCO), que podían y debían ser modelos de gestión integrada, participativa y sostenible del patrimonio y de los recursos naturales.
La transición ecosocial justa como utopía posible y necesaria.
En el Foro Transiciones[5] se han mantenido discusiones y ha sido el marco de realización de reflexiones y trabajos –el último de ellos en colaboración con European Climate Foundation[6]– que han tenido como objetivo fundamental el avance sobre el concepto, objetivos y políticas asociables a un desarrollo ecosocial justo, cuyos elementos fundamentales también se recogieron en el citado número doble de la Revista Sistema 269-270[7].
Los principios básicos que animan el desarrollo ecosocial justo se consideran en Herrero, Y. & Prats, F. (2024)[8], citando a Raworth, K. (2012)[9] que esquematizó el ámbito en que podría construirse una vida segura y digna para todas las personas. Ámbito delimitado por un “suelo social de las necesidades” (equidad social y de género, acceso a la alimentación, salud, agua, energía, empleo, educación, cuidados, etc.) que, de no quedar satisfechas, abocan a la precariedad y la exclusión. Y acotado por un “techo ambiental” (identificado por los límites de la biosfera recogidos en la Figura 1 de este artículo) que no debería extralimitarse para evitar la desestabilización de la vida actual en el planeta, pero, que como hemos podido apreciar en dicha Figura 1, ya se ha sobrepasado en 10 de los trece elementos considerados.
Entre ese techo ecológico y el suelo social definido es donde se conforma un espacio seguro y justo en el que construir la vida digna en común, que es el que el desarrollo ecosocial justo considera necesario: garantizar las condiciones de vida de todas las personas avanzando en una transición ecológica que permita limitar y corregir progresivamente los límites superados ya en la actualidad.
La transición hacia ese modelo de desarrollo ecosocial justo implicaría poner en marcha una planificación compartida y deseada de reorganización de la vida en común, que tendría como finalidad “la garantía de condiciones dignas de existencia para todas las personas y comunidades, con plena consciencia de que ese derecho ha de ser satisfecho en un planeta con límites ya superados, que compartimos con el resto del mundo vivo y que estamos obligados a conservar para las generaciones más jóvenes y las que aún no han nacido”[10].
Un desarrollo ecosocial y justo implicaría tener en cuenta siete ideas clave interrelacionadas[11]:
- la idea de límite, relacionada con el ajuste a la realidad material de nuestro planeta;
- la de necesidades, que reconoce a los humanos y humanas como vulnerables e interdependientes;
- la idea de redistribución, que permite el compromiso con la satisfacción de necesidades para todas las personas en un contexto de contracción material;
- la idea de democracia, que pone en el centro el establecimiento de debates y la llegada a acuerdos para conseguir esa transición;
- la idea de urgencia, que llama la atención sobre la dinámica acelerada de la crisis ecosocial y sus consecuencias;
- la idea de precaución, que tiene en cuenta que la transición se llevará a cabo en un contexto plagado de circunstancias imprevistas;
- y la idea de imaginación, crucial para construir horizontes de deseo compatibles con el contexto ecológico en el que han de ser materializados.
En este marco parece evidente que la corrección en la superación de los límites ecológicos ya extralimitados no puede conseguirse a nivel individual ni por parte de una región, país o, incluso, organizaciones como la UE, en caso de que ese aspecto entrara entre sus objetivos.
Tampoco parece factible contar con una mayoría social que comprenda, acepte y actúe para lograr estos cambios ni a nivel individual ni colectivo. Como señala Riechmann, J. (2024)[12] es dudoso que estos procesos puedan darse en el marco socioeconómico actual del capitalismo, lo que pone sobre la mesa las cuestiones de la viabilidad de una metamorfosis (revolución social) y de una metanoia (conversión en el comportamiento de las personas) que acepte que una imprescindible reducción del nivel de vida material occidental (correlacionado en última instancia con el consumo de energía y materiales, y con la huella ecológica) es compatible con una alta calidad de vida para la gente, pero sólo si somos capaces de cambios radicales en las estructuras productivas, las formas de propiedad, las relaciones de dominación, o las concepciones de vida buenas. Aunque, como señala claramente “vivir usando menos materiales y energía, menos territorio y servicios ecosistémicos, no implica necesariamente vivir peor, si somos capaces de actuar racionalmente sobre nuestros deseos, fines y prioridades”[13].
¿Cuál serían entonces las claves que permitirían hacer posible esa transición hacia un desarrollo ecosocial justo y viable?
En los documentos señalados la clave fundamental se sitúa en el cambio cultural y de comportamientos, realizando un trabajo de educación y sensibilización que ayude a imaginar a cada persona el cambio posible y que construya las capacidades de organización imprescindibles para perseguirlo.
Obviamente también ayudan potenciar procesos como los incorporados al Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia Español, particularmente en lo que se refiere a algunas de las medidas centradas en la transición ecológica y energéticas, así como en la transición digital centrada en la mejora del funcionamiento de los servicios públicos y en lograr una transición global justa. Pero justo a medidas positivas pero insuficientes para lograr la reversión en el sobrepaso de los límites ecológicos (que sólo se conseguirían con una actuación conjunta e interactiva de todos los países de la OCDE, como mínimo) son numerosas las medidas de continuación y reforzamiento de una sociedad de consumo capitalista y especulativa en contradicción con la reversión de dicha superación.
Reflexiones finales.
Existe un acuerdo generalizado respecto a que en los próximos años van a ser frecuentes procesos inesperados que van a tender a incrementar las incertidumbres presentes caracterizadas por la concatenación de crisis multidimensionales interrelacionadas (cambio climático, migraciones, guerras, desigualdades, pobreza extrema, …) frente a las que la esperanza de que los conocimientos, desarrollos tecnológicos y científicos, los bienes y recursos de que dispone la sociedad puedan reorientar esta trayectoria. En primer lugar, porque la inmensa mayoría de esos recursos pertenecen a multinacionales a las que no le interesan cambios en la dinámica socioeconómica actual, manejan los medios de comunicación generadores de una cultura muy lejana a la señalada metanoia necesaria y controlan los procesos de gobernanza por encima de las capacidades de transformación de una cultura democrática equilibrada.
En este marco hemos situado también en estas páginas análisis sobre los principios que sustentan las distintas teorías del decrecimiento o del “buen vivir”[14], con unas conclusiones claras respecto a su escasa viabilidad, aquí y ahora, atendiendo a los intereses y poderes que se verían negativamente afectados por los cambios imprescindibles que implicarían. Pero también destacando que la difícil viabilidad de este tipo de políticas no exime de la urgente necesidad de una transición ecosocial que permita avanzar hacia un “buen vivir” compatible con los “límites del planeta”, asegurando la sostenibilidad de la humanidad sobre la Tierra.
El problema no es conocer los riesgos en que estamos sumergidos, que se conocen científicamente con bastante precisión, sino plantear caminos viables para afrontarlos en un mundo que está regido por poderes militares, económicos, de información, manipulación y “culturalización” absolutamente decididos a mantener las tendencias dominantes que perpetúan sus intereses en el marco de una sociedad capitalista de consumo, profunda y crecientemente desigual.
Las discusiones sobre si es viable una solución que “pasa por el decrecimiento y por un cambio estructural de los parámetros sociales, económicos y políticos en los que nos movemos actualmente” ha sido objeto de numerosas controversias entre las que algunas de las más interesantes están recopiladas en “Decrecimiento vs Green New Deal”[15] y una de cuyas últimas aportaciones podemos verla en Therborn, G.(2024)[16] que concluye con una sombría visión sobre la capacidad de una evolución que cambie la dinámica actual, si bien considera, en primer lugar, que las coyunturas políticas y sus asuntos fundamentales tienden a moverse en oleadas, que rara vez duran más de una década, a veces menos, debiendo estar preparados para una nueva más esperanzadora. Y, en segundo lugar, podemos afirmar que el futuro se ha convertido en una cuestión de esperanza que, siguiendo a Bloch, E. (1959)[17] le permite concluir que “La gente sigue todavía soñando con una vida mejor y ahí reside la esperanza del cambio social. Tal vez esos sueños apunten en direcciones diferentes, pero sigue existiendo la posibilidad de que los oprimidos y los desfavorecidos –y muchos otros también– decidan, basándose en la experiencia, que una vida mejor requiere un mundo igualitario, pacífico y democrático.”[18] A lo que necesariamente tendríamos que añadir “y ecológicamente sostenible”.
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[1] Rockström, J. et alt. (2009).- Planetary boundaries:exploring the safe operating space for humanity. Ecology and Society 14(2): 32. https://www.stockholmresilience.org/download/18.8615c78125078c8d3380002197/ES-2009-3180.pdf Los límites planetarios delimitan el espacio que se considera seguro para la sostenibilidad del desarrollo humano sobre la tierra, atendiendo a la situación de los nueve denominados reguladores del estado del sistema Tierra.
[3] PNUMA (2024). Navigating New Horizons. July 2024. https://wedocs.unep.org/handle/20.500.11822/45890
[4] https://en.unesco.org/biosphere
[5] https://forotransiciones.org
[6] “Transición Ecosocial Justa. Desde el desánimo a la esperanza activa. https://forotransiciones.org
[7] Herrero, Y. & Prats F. (2024).- “La transición ecosocial justa en España”. Sistema 269-270. Enero 2024. Págs. 179-194.
[8] Herrero, Y. & Prats F. (2024).- “La transición ecosocial justa en España”. Sistema 269-270. Enero 2024. Págs. 181 y 182.
[9] Kate Raworth Un espacio seguro y justo para la humanidad (Oxfam 2012). https://oi-files-d8-prod.s3.eu-west-2.amazonaws.com/s3fs-public/file_attachments/dp-espacio-seguro-justo-humanidad-130212-es_3.pdf
[10] Transición Ecosocial Justa. Desde el desánimo a la esperanza activa. https://forotransiciones.org Pág. 12.
[11] Transición Ecosocial Justa. Desde el desánimo a la esperanza activa. https://forotransiciones.org Pág. 14.
[12] Riechmann, J. (2024).- “Transiciones ecosociales, colapso, decrecimiento:ya no tendremos tiempo de equivocarnos dos veces”. Sistema 269-270. Enero 2024. Págs. 161-178.
[13] Riechmann, J. (2024).- “Transiciones ecosociales, colapso, decrecimiento:ya no tendremos tiempo de equivocarnos dos veces”. Sistema 269-270. Enero 2024. Pág. 170.
[14] Véase el artículo ¿DECRECIMIENTO, REDISTRIBUCIÓN O NUEVO MODELO DE DESARROLLO? de Antonio Serrano | Sep 24, 2021 | Políticas de la Tierra | https://fundacionsistema.com/decrecimiento-redistribucion-o-nuevo-modelo-de-desarrollo/
[15] Daly, H. et alt. (2019). https://traficantes.net/libros/decrecimiento-vs-green-new-deal
[16] https://newleftreview.es/issues/145/articles/the-future-and-the-left-translation.pdf
[17] Blosch, E. (1959).- “El principio esperanza”, 3 vols., Madrid, 2006 y 2007.
[18] https://newleftreview.es/issues/145/articles/the-future-and-the-left-translation.pdf Pág. 49.




