Hay empresa y sectores de la actividad económica de nuestro país, en los que hablar de horas extras remuneradas es tanto como “pedir peras al olmo”. “Ni se te ocurra preguntar por eso, “le comentaba el otro día la camarera de la barra en mi desayuno a la recién incorporada.

Más de medio millón de trabajadores regalan parte de su trabajo a sus empresas, y encima el empresario ni lo agradece, ni lo valora. Hay sectores y empresas donde la fidelidad, la disponibilidad y hasta la capacitación se miden por el número de horas que se hacen fuera de su jornada laboral.

Según la EPA, cuatro de cada diez trabajadores que las hacen no las cobran, a los que habría de añadirse aquellos que las compensan a bajo precio o con otras cuestiones.

Según un estudio de CC.OO, se hacen 2’6 millones de horas extraordinarias no pagadas a la semana, que para las empresas suponen un beneficio de 3.254 millones al año. Son lo que dejan de pagar en salarios, Seguridad Social, Agencia Tributaria, impuestos… Por eso, no es de extrañar que en las negociaciones para la reducción de jornada a 37’5 horas, la CEOE pusiera como contrapunto en la mesa de diálogo social, el destope del límite máximo que plantea el estatuto de los trabajadores en 80 horas al año.

La UGT ha interpuesto una reclamación ante el Comité Europeo de Derechos Sociales. En ella se denuncia que España incumple el artículo 4 de la Carta Social Europea. “Para garantizar el ejercicio efectivo del derecho a una remuneración equitativa, las partes se comprometen a reconocer el derecho de los trabajadores a un incremento de remuneración para las horas extraordinarias, salvo en determinados casos particulares”. En las alegaciones que el Gobierno de España ha hecho, admite que en nuestro país no hay normativa específica para pagar más por las horas extras, que esto se deja a la negociación colectiva, y que se están dando pasos para solventar el problema. No es mucho, pero hay un reconocimiento implícito del problema que puede facilitar trabajar sobre ello.

En la UE, hay una mayoría de países que tienen normativas donde se reconoce que los trabajadores sean compensados por las horas extras con una tarifa salarial superior a las horas normales, dice UGT. Este mismo sindicato sostiene que la Inspección de Trabajo es fundamental para perseguir estas prácticas, pero va más allá: las sanciones deberían darse por cada trabajador afectado en lugar de por compañías, como ahora contempla la normativa. En la traslación de estas horas no remuneradas al empleo, el sindicato habla de que podrían crearse 200.000 puestos de trabajo más.

El número de estas horas se mantiene en el entorno del 41% del total de horas extras realizadas, la crisis hizo que se disparasen hasta el 61% pero volvió a equilibrarse. Los sectores más regulados y con mayor afiliación sindical como la industria, la construcción, la administración pública, las actividades sanitarias o el comercio, son donde se registran los mayores porcentajes de horas extras pagadas, las actividades relacionadas con el sector financiero, educación, hostelería, transporte y servicios en general, tienen los porcentajes más altos de horas no pagadas.

Perseguir el fraude con más eficacia ha traspasado la mesa del diálogo social, y EH Bildu en la sesión de control del 16 de octubre, le preguntó a la ministra sobre este asunto. A lo que respondió prometiendo mayor endurecimiento de las sanciones para con aquellas empresas que excedan de manera irregular las jornadas de sus trabajadores. Fruto de este mayor control, según la ministra, el gobierno ha logrado recaudar 15 millones de euros desde 2015 a través de la intervención de la inspección de trabajo en los fraudes.

El Ministerio también está valorando la importancia del registro de jornada en los centros de trabajo como un elemento de control de estas actividades. Ahora bien, tanto las estadísticas como los mecanismos de control y la voluntad política para erradicar estos comportamientos tan abusivos no pueden obviar la existencia de una cultura empresarial, que busca en prácticas de este tipo mejorar sus beneficios.

Hay otros muchos elementos en la actividad laboral que afectan a la calidad del trabajo y que imperceptiblemente se van aplicando en numerosas empresas en contra de la voluntad de los trabajadores, como los ritmos y plazos en la ejecución de las tareas, los tiempos de descanso, la disponibilidad fuera de jornada, la movilidad, la turnicidad impuesta, los cambios de horarios…, cuestiones que pueden hacer el trabajo cada día más difícil y extenuante, y que  se suelen juntar con prolongaciones de jornada no retribuidas, produciendo un efecto de rechazo social, cabreo y desafección política muy contagiosa.