Escribo este texto con el corazón sobrecogido por la magnitud de la DANA, un tormentón infernal que desató sobre la Comunidad de Valencia y de Castilla La Mancha una intensidad de destrucción nunca vista en nuestro país. Tengo los ojos llenos de imágenes difíciles de asimilar, calles y pueblos arrasados, fango, lodo, agua, agua por todas partes, casas destruidas, coches, camiones, maquinaria, restos de vida, enseres, todo hecho un amasijo apocalíptico de vertedero envuelto en toneladas de barro. Este es el fruto de la guerra del clima. No se atiende el cambio climático, no se toma en serio, se niega por el cortoplacismo capitalista depredador y estas son sus consecuencias, por ahora se contabilizan 217 vidas perdidas, 89 personas desaparecidas, 78 municipios y alrededor de un millón de habitantes afectados.

Pasado el primer impacto, en el que parecía que a Valencia se la tragaba un sumidero inmenso abierto en medio de la tierra, mis ojos se llenaron también del despliegue que ha hecho el Estado, porque tal como se está comprobando el Estado existe y está actuando, así como de la bella estampa de la solidaridad de personas que han ido a ayudar, muchos jóvenes, especialmente.

“No podemos permitir que se instale el bulo de que el Estado no existe” escuché decir a Antón Losada en la Cadena Ser el lunes por la mañana. Yo añado que, como sociedad, no podemos permitir que los bulos y la desinformación en el curso de esta trágica y destructiva DANA llene de ponzoña nuestra democracia.

El Estado existe y está actuando. Coordinando, actuando y legislando de urgencia. Hay que decir bien alto y claro que el Estado ha estado haciendo su trabajo desde el principio. Se ve el rostro del Estado en cada trabajador y trabajadora de los servicios públicos, ya sean municipales, autonómicos o gubernamentales, que están aportando esfuerzo y saber en todos los ámbitos, personal sanitario, rescatadores de protección civil, personal de emergencias, bomberos, policías, Guardia Civil, efectivos del Ejército de la UME, trabajadores y trabajadoras de las infraestructuras, que están sin descanso para devolver la normalidad a vías férreas y carreteras. Y todo eso lo ha hecho un Gobierno de España que ha acompañado a la Generalitat Valenciana paso a paso desde el principio, aportando cada cosa que solicitaba Mazón, con el respeto institucional que impone la observancia de la legalidad vigente y con la serenidad de quien sabe escuchar a los expertos, que desde el principio han dicho que lo más adecuado y efectivo es mantener el mando en manos de quien conoce el terreno, es decir, de la Administración autonómica.

Estos últimos días hemos asistido a la puesta en marcha de medidas sociales extraordinarias desplegadas para hacer frete a la catástrofe, con un Plan de Respuesta Inmediata de Reconstrucción y Relanzamiento que “durará el tiempo que sea necesario”, en palabras del presidente Sánchez, con 10.600 millones de euros para poder reconstruir la vida de las personas afectadas; 5.000 millones en una línea de avales DANA; un paquete de medidas específicas enfocadas a proteger el empleo, con un escudo laboral, con ERTEs y ayudas a Pymes y empresas; ayudas directas a personas y empresas; exenciones fiscales; exenciones a las cotizaciones sociales; refuerzo de recursos financieros y humanos para los Ayuntamientos…

LA POLÍTICA DEL FANGO

Sé que lo primero es atender toda esta emergencia, socorrer a las víctimas y trabajar sin descanso para recuperar un poco de normalidad, aunque también sé que es muy difícil curar una herida social de esta magnitud. Por eso, me asombra y me entristece comprobar cómo a la vez que la DANA, se desató una tormenta de bulos y escalofriantes mentiras en las redes sociales, que se convirtieron en el vertedero de odio de una derecha sin alma. La derecha española hace tiempo que optó por la política del fango. Sabemos de sobra su comportamiento, son ya muchos desastres a sus espaldas y su “gestión”, si acaso están en el Gobierno, siempre deja mucho que desear, como la crisis ecológica del Prestige, atentados del 11-M, accidente del Yack 42, crisis económica de 2012 y recesión, brutalmente agravada por sus políticas depredadoras y privatizadoras de lo público. Y si no están en el Gobierno, se dedican a entorpecer, agitar banderas, encender los ánimos y sabotear, tal como sucedió en la pandemia de la COVID 19, en la que llegaron al extremo de poner una denuncia ante el Constitucional contra las medidas del Estado de Alarma −que ganaron en su día y que acaba de ser enmendada tres años después− y a provocar haciendo salir a sus cayetanos a protestar con caceroladas justo en unos días de máximo contagio. Mención aparte merece la decisión de privar de atención médica a las personas mayores en las residencias de la Comunidad de Madrid, cuya presidenta es Isabel Díaz Ayuso del PP, aplicando un protocolo escandaloso que ha costado la vida a 7.291 personas ancianas. Así son ellos, gente sin escrúpulos.

Y durante esta tragedia no podía ser menos. Los estragos causados por la DANA han sacado nuevamente lo peor de los “patriotas” de banderita en la muñeca, señores instalados en el negacionismo de la razón que aprovechan cada catástrofe para expandir odio y minar la credibilidad de las instituciones democráticas. Niegan el cambio climático, niegan los estudios de planificación del territorio y las advertencias científicas, niegan los avisos de las agencias estatales de análisis y prevención. Niegan los servicios públicos y la acción de las Administraciones, niegan, en definitiva, la esencia de la democracia, que es toda la estructura pública que sustenta un sistema político y social que sirve para proteger, amparar y ayudar a vivir mejor a la ciudadanía. Una estructura social pública que ellos desprecian y que sirve para salvar vidas siempre, especialmente en momentos de emergencia social como esta DANA.

Estos señores de la derecha cuando llegan al poder desmantelan lo público, privatizan servicios y los precarizan, llenando los bolsillos de muchos propios y algún que otro ajeno, sin importar las consecuencias de sus actos.

El actual presidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, suprimió la Unidad de Emergencias Valenciana anunciándolo a bombo y platillo en las redes sociales como uno de los primeros hitos de su mandato al más puro estilo Milei, porque según él “era un chiringuito” que “no mejoraba ni ampliaba los servicios” y era mucho mejor dedicar el dinero a promocionar la fiesta taurina marca VOX.  Su partido, el PP, lo aplaudió, porque se abrazan tanto a los señores de VOX que no hay manera de distinguirlos. Para mí, forman parte del mismo partido del odio, los bulos y las privatizaciones de lo público. En lugar de gobernar y gestionar, privatizan y precarizan, y traen dolor al cuerpo social. En lugar de asumir sus responsabilidades cuando hay problemas culpan a otros, señalan e insultan. Ponen a funcionar la máquina del fango y esparcen bulos para intentar anegar en chapapote el entendimiento de la gente y ver si consiguen soliviantar los ánimos de tal manera que la democracia y el Estado de derecho queden bajo un mar de lodo en el que sea imposible reconocer nada, salvo la figura de algún o alguna salvapatria. Ejemplos tiene la Historia.

Por desgracia comprobamos el sábado 2 de noviembre en directo como se agredía al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en Paiporta –en una acción que tiene toda la pinta de estar organizada–, propinándole un palazo en la espalda por el que tuvo que ser socorrido y evacuado inmediatamente de allí por sus escoltas. Sucedió mientras acompañaba la comitiva real a la que tiraron barro y piedras, hiriendo también de una pedrada a uno de los escoltas de la reina Leticia, que igualmente recibió un pegotazo de barro en pleno rostro. Los agresores eran personas de ultraderecha por los distintivos de sus camisetas, el propio Felipe VI intentó aplacar los ánimos y dialogar con ellos. Cuando se caldean los ambientes en pleno drama humano pasan estas cosas. Tiempo habrá de investigar lo sucedido, quién lo organizó, quién participó, cómo y porqué. Igualmente, sería conveniente analizar si fue una buena decisión de la Casa Real acudir aquella tarde a Paiporta, cuando su población estaba enfrascada en labores de limpieza, que se interrumpieron con la llegada de la comitiva, y en pleno estado de shock por las muy recientes pérdidas humanas y materiales.

El paso de la DANA ha dejado al descubierto todas las miserias de esta manera de gobernar de la derecha enfocada al negocio rápido, a la especulación y a la protección del dinero −algunos empresarios tienen también mucho que explicar− por encima del cuidado de la ciudadanía.

Cuando sea conveniente, porque ahora lo prioritario es atender a las víctimas y restañar los daños todo lo posible, hay muchas preguntas que deberán responder. ¿Por qué se alertó a la población a las 20:11h, cuando ya se habían desbordado ríos y barrancos y había gente literalmente con el agua al cuello? Si la AEMET comenzó a advertir de lo que venía el 23 de octubre, volvió a emitir un comunicado el 25 de octubre alertando de “chubascos y tormentas fuertes o muy fuertes” y el 29 de octubre lanzó la alerta roja a las 7:36h de la mañana, es incomprensible que Protección Civil de Valencia se demorara hasta las 20:00h para lanzar la alerta a la población.

¿Por qué no se atendieron las llamadas de la Delegada del Gobierno?

¿Por qué Mazón se incorporó a la reunión de coordinación con dos horas de retraso y se dio la alerta tan tarde? ¿Pudo incumplir Mazón la Ley de Emergencias, tal como apunta la información ofrecida por El Diario.es?

¿Por qué hubo gente que estaba en sus puestos de trabajo en polígonos y grandes almacenes y quedaron allí atrapados?

¿Por qué tardó Mazón dos días en solicitar a la ministra de Defensa, Margarita Robles, que desplegara la UME? ¿Por qué rechazó la ayuda de los bomberos de Cataluña o el País Vasco, que acudieron inmediatamente enviando efectivos para ayudar a socorrer?

¿Por qué se pone una denuncia a la AEMET? ¿Denunciarán también a Galileo estos ultras de Manos Limpias?

¿Por qué la derecha se ha dedicado estos días, con Feijóo al frente, a difundir la mentira de que el Estado estaba ausente, llegando a usar la expresión “estado fallido”? ¿Por qué el PP, Feijóo, Ayuso, Mazón han mentido tanto, y siguen mintiendo, a día de hoy, sobre las ayudas y los Presupuestos Generales del Estado?

También habría que analizar con detenimiento el pozo de mentiras y odio que suponen las redes sociales, los pseudo medios de comunicación que las esparcen, esos “amigos del misterio” que tanto daño hacen y algunos medios ordinarios que las amparan y difunden. Nos jugamos la democracia.

Cuando termino este artículo acaba de ganar Donald Trump −con Elon Musk de la mano− las elecciones en Estados Unidos justo usando bulos, mentiras estratosféricas, difundidas sin filtro por las redes sociales en unas elecciones con una participación baja, en las que se han perdido por el camino casi 20 millones de electores que eligieron quedarse en su casa. En la desafección política y en el desencanto hacia la democracia siempre gana el fascismo. Tomemos nota. Actuemos con serenidad democrática, pero actuemos.