En un mundo cada vez más interconectado, prestar atención y participar activamente como ciudadano en los desafíos globales, como la guerra, la desigualdad, el cambio climático y la pobreza, es de vital importancia para promover soluciones sostenibles y equitativas. Por eso, es importante que el 64,1 por ciento de los españoles asegure que presta mucha o bastante atención a las informaciones de lo que sucede en otros países, frente a un 33,3 por ciento que señala que poca o ninguna, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) del mes de julio de 2024.
Que los españoles estén informados y se sientan implicados con los retos globales permite una mejor comprensión y una toma de decisiones informadas tanto en el ámbito personal como en el político. Este interés, debería traducirse en un mayor apoyo a las políticas y acciones que aborden estos desafíos de manera efectiva y basada en evidencias.
Así, para los españoles, los principales problemas del mundo son la guerra y los conflictos bélicos, para un 36,7 por ciento; la pobreza y la desigualdad entre países pobres y ricos, para un 34 por ciento; el cambio climático, para el 11,2 por ciento; la falta de empleo en los países pobres, para el 5,2 por ciento; el terrorismo internacional, para el 4,9 por ciento, y la crisis energética, para el 1,8 por ciento.
Que las personas estén comprometidas con los retos y los desafíos principales de su época tiene que aumentar la capacidad de presión sobre sus gobiernos e instituciones para que adopten, con responsabilidad y transparencia, decisiones que beneficien y aumenten la justicia y la equidad social tanto en sus naciones como a nivel global.
Es muy alentador, que cuando se pregunta a los ciudadanos si creen que, en general, España debe cooperar internacionalmente para ayudar a solucionar los problemas que tienen los países menos desarrollados, a pesar del coste económico que ello suponga, un 76,8 por ciento afirme que sí, frente a un 18,9 por ciento que se opone y un 1,4 por ciento que no está seguro.
O que, en España, el 64,8 por ciento de la población esta mucho o bastante preocupada con la invasión de Ucrania, y esta preocupación se corresponde con la acción de un gobierno que, de manera coordinada con el resto de los países de la Unión Europea, esta apoyando al pueblo ucraniano en su lucha.
O que a un 70,9 por ciento de los españoles les preocupa mucho o bastante la crisis climática, mientras que a un 27,5por ciento señale que poco o nada.
En este sentido, es importante destacar que el compromiso ciudadano con los problemas y retos globales fomenta una cultura de solidaridad y cooperación internacional. Al reconocer que fenómenos como la guerra, la desigualdad, el cambio climático y la pobreza trascienden las fronteras nacionales, se acentúa la necesidad de soluciones colectivas y coordinadas a nivel global.
Pero hay que hacer todavía mucha pedagogía, porque cuando se pregunta por el papel del Estado en la ayuda y cooperación internacional, a un 66,2 por ciento le parece más adecuado que el Estado debe garantizar primero el bienestar de los y las españolas y después el de otros países el Estado. Y a un 31 por ciento que el Estado debe ayudar a los países menos desarrollados por medio de proyectos de cooperación y ayuda al desarrollo.
Hay que potenciar un enfoque que contribuya a la construcción de un sentido de comunidad mundial, donde se valore la colaboración y el apoyo mutuo. Porque en última instancia, una ciudadanía informada y comprometida puede conducir e impulsar transformaciones significativas, apoyando iniciativas que promuevan la paz, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo inclusivo, lo que a su vez contribuirá a la creación de un mundo más justo y habitable para todos.
Sin embargo, esta movilización ciudadana también tiene que hacer frente a desafíos significativos provenientes de discursos nacionalistas y de odio, que buscan levantar fronteras y promover divisiones. Estos discursos y su auge en los últimos años promueven el aislamiento y la exclusión, a la vez que debilitan los esfuerzos nacionales e internacionales para hacer frente a los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad. Son discursos que alimentan la desconfianza y el conflicto, complicando aún más la búsqueda de la paz y la estabilidad global.
Es el momento de elegir, entre aquellos que levantan fronteras físicas y simbólicas. Entre aquellos que promueven el aislamiento y la exclusión. Entre aquellos que obstaculizan las soluciones colectivas ante los grandes retos globales como la guerra, la pobreza, la desigualdad o el cambio climático. O entre los que defienden y promueven la necesidad de cooperación internacional y solidaridad global para abordar los retos globales.
Por eso, es crucial que los ciudadanos se comprometan activamente en la defensa de valores universales y en la promoción de un diálogo inclusivo y constructivo a nivel nacional e internacional. Hay que fomentar un sentido de comunidad global, basado en la cooperación y el respeto mutuo. Ese es el camino.

