La transparencia suele vacunar contra la conspiración, la corrupción y los bulos, y siempre es una buena noticia para la democracia. Por ese motivo, en el 45 aniversario del intento de golpe de Estado, la decisión del Gobierno de desclasificar todos los documentos localizados hasta ahora del 23-F, en total 153 unidades documentales, salda una deuda histórica, al abrir los cajones, ordenar los papeles y ponerlos a disposición de cualquier persona interesada.

Los archivos abiertos, refuerzan la rendición de cuentas, reducen el espacio de las fábricas de bulos, sospechas y desinformación, y consolidan una memoria pública basada en evidencias. Es importante conocer lo que sucedió, porque la memoria democrática no puede depender de versiones parciales ni de filtros interesados.

Se puede decir sin exageraciones que abrir los archivos es más que un gesto simbólico, es una política pública de calidad democrática, en la que debe ahondarse con la modificación, necesaria en España, de una ley de secretos oficiales que todavía hoy data de la dictadura. Cuando el Estado abre los archivos, la democracia se hace más fuerte al dejar de ocultar su pasado y permitir que se estudie.

Abrir los archivos mejora la educación cívica de los españoles, ya que el intento de golpe de Estado del 23-F es un episodio fundacional en nuestra historia democrática. Entender lo que pasó, cómo se vivió, qué temores despertó y qué percepciones predominaban ayuda a formar una ciudadanía crítica.

En este sentido, es oportuno recordar que después del asalto al Congreso, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) realizó el estudio 1273, Investidura de D. Leopoldo Calvo Sotelo y II Congreso de UCD, que incluyó una batería de preguntas (de la 6 a la 12) planteadas para examinar las emociones y reacciones de los españoles ante lo ocurrido.

Los datos muestran una reacción emocional intensa, pero también una percepción mayoritaria de que la democracia podía salir reforzada. En concreto:

  • Un país con miedo e intranquilidad. Ante la pregunta: “¿Cuál fue la primera sensación que tuvo cuando se enteró del asalto al Parlamento?, la principal fue de temor para un 41 por ciento, seguida de intranquilidad, para un 24 por ciento. Esto significa que 65 por ciento de los españoles lo vivió como una amenaza real. Después, seguía la sensación de sorpresa para un 21 por ciento, la tranquilidad, minoritaria, con un 9 por ciento y otras sensaciones con un 3 por ciento.

  • Mucha incertidumbre ante el intento de golpe y ante sí la democracia aguantaría. Un 37 por ciento de la población contempló que el golpe de Estado podía tener éxito. Concretamente, ante la pregunta: “En el primer momento, ¿pensó Vd. que el intento de golpe?, un 23 por ciento respondió que “tenía alguna posibilidad de éxito” y un 14 por ciento que “era el fin de la democracia”. En sentido contrario, un 36 por ciento creía que “iba a fracasar”. A lo anterior, hay que sumar la confusión que reinó en esos momentos en España por lo que estaba pasando, ya que un 27 por ciento no sabe o no contesta a la pregunta formulada.

  • La democracia podía salir fortalecida. Un 56 por ciento de la población, aun con la incertidumbre en el cuerpo, creía que el intento de golpe de Estado podía servir para que la democracia se hiciera más fuerte. En contraste, un 11 por ciento afirmaba que debilitaba la democracia que tenemos y un 9 por ciento opinaba que no tendría mayores consecuencias para la democracia. Estos resultados reflejan la idea de que, si la democracia lograba resistir, su legitimidad podría verse reforzada. No obstante, hay que recordar que un 24 por ciento de la población se ubicó en la categoría “no sabe/no contesta”, un nivel elevado de indecisión o de falta de información.

  • Era una operación mayor. Cuanto se preguntó a la gente como interpretaba estos hechos, un 64 por ciento consideró que “era una operación mayor en que la gente que se había comprometido se retiró a la última hora”. Esta creencia fue posteriormente utilizada para que las fabricas de bulos y desinformación funcionaran a pleno rendimiento durante décadas. De ahí, la importancia de la desclasificación de los archivos para zanjas muchos falsos debates. Solo un 14 por ciento lo atribuyó a “un pequeño grupo sin mayores apoyos”, y de nuevo destaca que un 22 por ciento se sitúa en la categoría de no sabe no contesta.

  • Amplio respaldo a la actuación del Rey. Ante la pregunta: “¿Qué opinión le merece la actuación del Rey ante estos hechos?, un 89 por ciento de los españoles la calificaron como muy buena o buena. Concretamente, un 53 por ciento, como “muy buena”, y un 36 por ciento como “buena”. Frente a un 5 por ciento que la catalogó como “regular”, otro 5 por ciento como “no sabe/no contesta”,, y un 1 por ciento como “mala”. Esos datos, señalan que la inmensa mayoría de la población interpretó la actuación del Rey como un factor que llevó a fracasar el golpe de Estado y a la permanencia de la democracia. Gracias a la desclasificación, y tras distintas campañas, hoy los españoles han podido leer como en uno de los papeles desclasificados, intervenidos a un militar después del 23-F, los golpistas señalan como elementos a corregir para actuaciones sucesivas y como el primer fallo: “Dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero”.

El 23-F es un episodio central en nuestra historia democrática. En 1981, los españoles, por una parte, sintieron miedo, incertidumbre y tuvieron sospechas de que en el golpe habían participado más personas. Por otra, también creyeron que la democracia podía salir fortalecida. Hoy, 45 años después, desclasificar todos los documentos localizados, salda una deuda histórica, al abrir los cajones, ordenar los papeles y ponerlos a disposición de cualquier persona interesada.

No se trata de reescribir el pasado, se trata de que todos lo podamos conocer para hacer nuestra democracia más fuerte.

El 23-F es un episodio central en nuestra historia democrática. En 1981, los españoles, por una parte, sintieron miedo, incertidumbre y tuvieron sospechas de que en el golpe habían participado más personas. Por otra, también creyeron que la democracia podía salir fortalecida. Hoy, 45 años después, desclasificar todos los documentos localizados, salda una deuda histórica, al abrir los cajones, ordenar los papeles y ponerlos a disposición de cualquier persona interesada.

No se trata de reescribir el pasado, se trata de que todos lo podamos conocer para hacer nuestra democracia más fuerte.