¡VIVAN LAS CADENAS!
Ese fue el grito de muchos españoles en 1814, cuando Fernando VII daba el golpe de estado que abolía la Constitución elaborada por las Cortes de Cádiz en 1812. Dicha constitución establecía que la soberanía residía en el pueblo, y aunque reservaba un cierto papel al Rey, su aplicación hubiera supuesto el fin de la monarquía absoluta, según la cual la soberanía residía en el Rey, y este a su vez la recibía directamente de Dios.
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