Según se recoge en el informe de Naciones Unidas La infancia amenazada. Estado mundial de la infancia 2005 “La infancia es la época en la que los niños y niñas tienen que estar en la escuela y en los lugares de recreo, crecer fuertes y seguros de sí mismos y recibir el amor y el estímulo de sus familias y de una comunidad amplia de adultos. Es una época valiosa en la que los niños y las niñas deben vivir sin miedo, seguros frente a la violencia, protegidos contra los malos tratos y la explotación. Como tal, la infancia significa mucho más que el tiempo que transcurre entre el nacimiento y la edad adulta. Se refiere al estado y la condición de la vida de un niño, a la calidad de esos años”.  https://www.unicef.org/spanish/sowc05/childhooddefined.html

Los derechos de los niños están recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobados como tratado internacional de derechos humanos el 20 de noviembre del año 1989 y es de obligado cumplimiento para los Estados firmantes. En sus 54 artículos se reconoce que éstos (menores de 18 años) tienen derechos plenos de desarrollo físico, mental y social, a la par que a expresar con libertad sus opiniones. Desde su aprobación han tenido lugar notables avances, particularmente en los derechos relativos a su supervivencia, salud y educación. También en lo que a la obligatoriedad de establecer entornos protectores que les protejan y defiendan de explotaciones, malos tratos y violencia. Sin embargo, los progresos han sido desiguales, existiendo países y regiones en el mundo en donde la pobreza, la inestabilidad política, las guerras y el VIH/Sida les amenazan con especial virulencia.

El aumento de las desigualdades sociales, en las últimas décadas, a nivel planetario conlleva pobreza, en ocasiones tan extrema que impide a los más pequeños disfrutar de libertades individuales, amenazando sus vidas, a resultas de desenvolverse en entornos familiares sin ingresos, de su inaccesibilidad a viviendas dignas, así como a una atención sanitaria mínima. Lo anterior les imposibilita progresar integralmente como seres humanos en los planos intelectual, cultural, familiar y social. Y lleva de sí que además de verse privados de sus derechos fundamentales, vean mermadas sus perspectivas de futuro. La pobreza es, consecuentemente, la causa que en mayor grado atenta contra sus derechos y bienestar.

En la actualidad, aproximadamente 400 millones de menores en el mundo sobreviven con menos de 1,50 euros al día. Es en el África subsahariana donde se concentra el mayor porcentaje de menores en pobreza extrema (49 %), seguida de Asia Meridional (36%). En otro orden reseñar que alrededor del 25 % de los menores de cinco años están tan desnutridos que su peso y altura no se corresponden con su edad.

En otro orden, constatar que su situación en los países más avanzados de nuestra esfera ha empeorado a raíz de la crisis económica, y a pesar de no poderse comparar a las circunstancias vitales de los que viven en los países más desfavorecidos, están sufriendo de cerca sus efectos, dificultándoles, desde edades tempranas, a disfrutar de los derechos que definen una ciudadanía plena en sociedades como la nuestra.

Según Unicef España, con datos de la primera década del siglo XXI, nuestro país ostentaba las tasas de pobreza infantil más elevadas del conjunto de los países más avanzados, superada tan sólo por Letonia, Estados Unidos y Rumanía, Por otro lado, éramos el sexto con más pobreza infantil dentro de los de la OCDE, y el cuarto de la Unión Europea, tan solo por delante de Rumanía, Bulgaria y Grecia. En la actualidad hay alrededor de 1.400.000 menores en pobreza severa y 2.200.000 en riesgo de pobreza (con ingresos por debajo del 40% de la renta mediana).

Según Save de Children, asimismo, en nuestro país hay 700.000 hogares que no logran costear el mínimo para criar a un hijo en condiciones dignas (entre los 479 euros y los 588 mensuales en función de su edad). Según esta entidad la tasa de riesgo de pobreza y exclusión involucra al 28,3 % de más pequeños (2,2 millones) y juzgan seguirá una tendencia in crescendo en la próxima década. Así las cosas, plantean indispensable proveer institucionalmente de una cobertura universal económica para las familias en coyuntura de alto riesgo social con menores a su cargo.

Por su parte Cruz Roja denuncia que entre los hogares que atienden en su día a día, en el 48,9% viven menores, al tiempo que padecen pobreza energética. De hecho, estas familias tan solo encienden la calefacción porque saben que el frío impide a sus hijos concentrarse para estudiar y, a pesar de ello, las calificaciones bajan, enferman con facilidad y el sentimiento de fracaso es denominador común, confirmándose que el abandono escolar es un 25% superior que el de las de nivel socioeconómico elevado.

En paralelo, según el Barómetro de Vivienda Saludable 2019, el 29% de los menores de 15 años (alrededor de 2 millones) viven en viviendas insalubres (con humedades 840.000, con frío 600.000 y 280.000 con exceso de ruidos), y en la UE 26 millones, provocándoles serios problemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud la bronquitis, el asma y las alergias, las dificultades respiratorias, los resfriados y virus, las neumonías, los eccemas y las rinitis aguda son las dolencias más prevalentes.

A la luz de lo expuesto en las líneas anteriores, se confronta que la pobreza ha devenido en un problema estructural que se hereda.  Intermón Oxfam denunció hace unos meses que los niños que nacen en España en familias con ingresos altos ganarán en etapa laboral un 40% más que si lo hacen en hogares con ingresos bajos, lo cual echa por tierra la supuesta igualdad de oportunidades. Lo anterior lastra nuestra economía y productividad, convirtiéndose en una cuestión social que no sólo debería implicar a las familias y niños afectados sino a la sociedad en su conjunto, por justicia y equidad.

De ahí la extraordinaria importancia de un Pacto de Estado por la Infancia que preserve los derechos de los infantes, independientemente de donde el azar de la vida les haya posicionado.