Pedro Barragán. El Garaje Ediciones
En una era de cambios vertiginosos, tensiones crecientes por las políticas trumpistas y sus aliados y reconfiguración del poder mundial, surge una pregunta clave: ¿cómo ha logrado China sobrepasar, en apenas cuarenta años, a Estados Unidos, la principal potencia mundial durante dos siglos, y en muchos aspectos superarla en influencia, innovación y capacidad de crecimiento?
“China ha sido mirada desde afuera con una mezcla de asombro, prejuicio y temor injustos desde Occidente”, escribe Pedro Barragán -economista y experto en relaciones internacionales, especializado en el análisis de la economía china y su impacto global.
En su libro, Por qué China está ganando, Pedro Barragán ofrece una visión amplia y documentada para responder a este fenómeno, trazando un mapa completo de los factores históricos, económicos, sociales, tecnológicos y geopolíticos que explican la posición actual de China, y que la consolidarán como protagonista del siglo XXI.
Al margen de las cifras, detalladas en el libro, el ascenso de China en la política y economía mundial no puede comprenderse únicamente desde una perspectiva occidental. Hay raíces culturales profundas, especialmente en el confucianismo, que han moldeado la forma en que se organiza la sociedad, la familia, la política y las instituciones. Frente a las sociedades liberales occidentales, donde prima el individualismo, en China valores como la armonía y la responsabilidad colectiva han sido pilares históricos y todavía hoy definen muchos aspectos de la vida pública y privada.
Con un modelo de economía socialista de mercado, China ha demostrado que es posible combinar competitividad e innovación tecnológica con una planificación estatal firme, empresas públicas estratégicas y un gobierno político centralizado. Este modelo chino de socialismo no solo ha permitido mantener altas tasas de crecimiento durante más de cuatro décadas, sino que ha convertido al país en líder mundial en manufactura, comercio, telecomunicaciones, inteligencia artificial, semiconductores y energías renovables.
Crecimiento del PIB, modernización de los sectores agrícola, industrial y de servicios, creación de una clase media robusta y eliminación de la pobreza extrema, que se combinan en la actualidad con el avance en políticas ambientales y transición energética, un área donde China ya ocupa una posición de liderazgo global. Y todo ello, con profusión de tablas y análisis fundamentados en cifras actuales, de manera explicativa y didáctica.
Barragán aborda, asimismo, uno de los asuntos más relevantes y de mayor actualidad, en particular la guerra comercial y tecnológica que enfrenta a Estados Unidos contra China. Desde la primera administración Trump, continuando con Biden y ahora de nuevo con Trump, Estados Unidos ha lanzado una serie de medidas para intentar contener el avance chino: aranceles a productos estratégicos, sanciones a empresas tecnológicas como Huawei, restricciones al acceso a chips avanzados y componentes críticos, bloqueos de inversiones, exclusión de empresas chinas de bolsas internacionales o esfuerzos por desarticular las cadenas de suministro globales.Sin embargo, lo que emerge del análisis es que estas medidas, lejos de detener a China, han estimulado su impulso hacia la autosuficiencia tecnológica, la creación de redes de colaboración internacional alternativas y la aceleración de su capacidad de innovación. China ha respondido reorganizando sus cadenas de producción, invirtiendo en capacidades nacionales, buscando alianzas estratégicas con otros países y consolidando su papel en plataformas multilaterales como los BRICS+ y la Iniciativa de la Franja y la Ruta (un gigantesco proyecto de infraestructuras propuesta por el presidente chino Xi Jinping que pretende conectar varios continentes por tierra y mar).
El análisis de los derechos humanos, también presente en este libro, ofrece una visión a la que no estamos acostumbrados en el hervidero de contrainformación occidental, comparando desde el punto de vista democrático los sistemas políticos de Occidente y de China, analizando los nueve partidos políticos con representación parlamentaria en China, o los derechos de expresión, reunión y manifestación garantizados por el artículo 35 de la Constitución china.
Nos encontramos ante los escenarios de futuro, en un contexto en el que las disputas con Estados Unidos aparecen no como un obstáculo insuperable, sino como un terreno más de competencia, donde China avanza con resiliencia y visión estratégica.
Las implicaciones de este ascenso son enormes. En la economía, China ya es un pilar central del comercio mundial y una fuente clave de inversiones. En la situación política, su propuesta de “comunidad de futuro compartido” y su creciente peso en organismos internacionales están configurando un nuevo tablero global.
El ascenso chino no es, entonces, un fenómeno aislado ni pasajero: es el resultado de décadas de reformas, innovación y estrategia que están transformando el equilibrio global. Entender este fenómeno ya no es solo tarea de expertos: es esencial para cualquier persona interesada en comprender hacia dónde se mueve el mundo. Porque China no es simplemente el futuro. Es el presente que ya está marcando el ritmo del siglo XXI.
