Desde plataformas mediáticas conservadoras, se han ido publicando análisis económicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del gobierno de coalición en política económica, reflejado en las negativas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes, que aguantan poco el espejo implacable de los datos, han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora, Alberto Núñez-Feijóo. Se habla, entonces, de que 2025 cierra el “peor año de la democracia” (sic), con frases incendiarias que hablan del “colapso del sanchismo” (sic), de su año final. Una hiperventilación exacerbada, sin que se aporte dato alguno. De nuevo, cabalgan para las derechas los jinetes del Apocalipsis, abocados a destruir todo lo que se les cruza, espoleados por una retórica tremendista que vomita de manera reiterada todo tipo de mensajes fatalistas, corrosivos, de un pretendido final de ciclo que dará paso, ahora sí, al nirvana de la gran recuperación de la mano de unas formaciones ultraconservadoras cuya política económica propositiva es, lo afirmamos sin tapujos, meridianamente desconocida. Un erial. Estamos, una vez más, ante una cuestión de fe. Podemos intuir, sin embargo, por dónde irían los caminos de una alianza de las derechas para gobernar España, si oteamos lo que están desplegando en las comunidades autónomas donde ya tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de servicios públicos estratégicos, como la sanidad y la educación. Ese es el frontispicio, en el que, además, se habla de una excesiva presión fiscal en España, y ello se vincula a una mala gestión de la economía pública. Otra afirmación que no se sustenta con la realidad.
Frente a esos asertos, debemos acudir a los datos oficiales: los que ofrecen instituciones respetables, tanto nacionales como internacionales, variables que deberían conocer los propagadores de ese infierno que describen. Si no saben de esas cifras, su ignorancia es supina; si las conocen –nos tememos que sí–, entonces esa fe a la que aludíamos se convierte en algo distinto: en mala fe, en tergiversación, en mentira, en bulo. Y todo ello les invalida. Nada, por otra parte, que no conozcamos ya.
Dejemos que los caballos apocalípticos sigan relinchando. Y vayamos a las magnitudes económicas centrales. Empecemos con el último Informe del Banco de España sobre previsiones económicas para 2026, presentado en diciembre de 2025. Se señala un crecimiento del PIB esperado del orden del 2,2%, tras un cierre previsto para 2025 del 2,9%. Una economía sólida que crece por encima de la media de la zona euro. Una segunda variable, la inflación, se estima en el 2,1% para 2026, de manera que se acerca al objetivo determinado por el Banco Central Europeo del 2%. En paralelo, el mercado laboral crea empleo: este es un gran motor del crecimiento –con 21,8 millones de afiliados a las Seguridad Social–, que no excluye aumentos salariales en 2026; la tasa de paro previsible: 10%, descendiendo desde el dato para 2025 (10,6%). Y llegando a una cifra inferior a dos dígitos en el último registro conocido. Otros dos vectores, el déficit público y la deuda, aportan guarismos importantes. En relación con el primero, se prevé una reducción hasta el 2,1% sobre PIB, desde la cifra del 2,5% para 2025; en cuanto al segundo, la deuda pública puede ubicarse por debajo del 100% sobre PIB en 2026. Las causas: el crecimiento económico y la reducción del déficit.
Diversos análisis procedentes de servicios de estudios van en la misma dirección. A título de muestra, CaixaBank Research expone el repunte del consumo privado, la fortaleza del mercado laboral y la moderación de la inflación, junto a la revisión al alza de los cálculos sobre PIB, como elementos explicativos de la perspectiva macroeconómica española: las nuevas estimaciones plantean un escenario positivo para la economía, con la demanda interna como primordial motor. En líneas similares, tenemos los informes de FUNCAS y del BBVA. Por su parte, AIReF aporta previsiones igualmente positivas.
Los datos sobre la economía española son incontrovertibles. Y suponen el mayor quebradero de cabeza para los detractores del gobierno de coalición, y de la labor de los ministerios económicos, encabezados por el titular de Economía. La macroeconomía se impregna en la microeconomía: las cifras denotan una mejora del poder adquisitivo 1,5 puntos por encima de la inflación en 2025, junto a 12 millones de hogares con todos sus miembros trabajando. El frenético galope de los apocalípticos se da de bruces con una realidad: la efectiva capacidad de gestión económica, avalada no por declaraciones atildadas o voluntaristas, sino por los datos provenientes de instituciones de referencia profesional y científica.
