Para una parte importante de la población comer fuera de casa es una práctica habitual de socialización y ocio. Casi seis de cada diez españoles van a un restaurante al menos dos veces al mes, según la encuesta de Turismo y gastronomía realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en el mes de julio. Concretamente, el 59,6 por ciento, siendo el grupo mayoritario quienes lo hacen de dos a tres veces, cuyo porcentaje llega al 30,5%, seguido de aquellos que lo realizan más de tres veces, con un 29,1 por ciento.
Junto a esto, también hay que destacar que un 11,3 por ciento de la ciudadanía afirma que por lo general no realiza ninguna comida o cena en un restaurante, lo que refleja una realidad de desigualdad importante al permanecer al margen del consumo gastronómico fuera del hogar.
Salir a tomar algo es cada vez más caro y eso se nota en el bolsillo y el tipo de gasto que puede hacer la gente. Esta realidad, se refleja en que el gasto mayoritario cuando se sale a un restaurante se sitúa en la franja entre 15 y 30 euros por persona. Concretamente, en el 55,7 por ciento, seguido del tramo entre 31 y 50 euros, con un 28,6 por ciento.
La cosa cambia profundamente durante las vacaciones, ya que un 74,3 por ciento afirma que acude al menos dos veces por semana a un restaurante. Concretamente, un 27 por ciento entre dos y tres veces a la semana; un 25,3 por ciento, más de tres veces; un 22 por ciento, siempre; un 16 por ciento, una vez a la semana, y un 8,8 por ciento, ninguna vez.
Estos datos muestran que comer fuera es una parte importante de la experiencia vacacional, con independencia del lugar elegido para pasar ese periodo de tiempo. Y en algunos casos se ha convertido en un atractivo en sí mismo para elegir donde ir. Este fenómeno de turismo gastronómico se va incrementando cada año y es muy importante en un país como España con tanta diversidad y riqueza gastronómica.
La cocina se convierte en ocio, identidad y, en muchos casos, en la mejor manera de conocer un lugar. Así, un 85,6 por ciento considera muy o bastante importante en relación con la gastronomía las relaciones sociales que la acompañan. Un 85,8 por ciento el placer de la degustación. Y un 79,9 por ciento, la cultura gastronómica con la que se identifica.
La gastronomía española se configura como un patrimonio vivo, diverso y rico, fruto de una amplia variedad de tradiciones regionales y de la influencia histórica de distintas culturas. Desde la paella hasta la tortilla de patata, pasando por el jamón ibérico, las tapas o la fabada asturiana, la cocina española ofrece una experiencia única que combina productos de alta calidad con recetas transmitidas de generación en generación.
Así, cuando se pregunta a los españoles cual consideran que es el plato más típico y representativo de la gastronomía española las opiniones, aunque diversas, se concentran en la paella, la tortilla de patata y el jamón, principalmente.
Pero, además, dentro de la amplia variedad gastronómica de España, en cada comunidad autónoma, se destacan diferentes platos típicos que son el reflejo de sus tradiciones. El gazpacho en Andalucía; el ternasco, en Aragón; la fabada, en Asturias; el frito mallorquín, en las Illes Baleares; las papas arrugadas , en Canarias; el cocido montañés, en Cantabria; el queso manchego, en Castilla-La Mancha; el lechazo asado, en Castilla y León; el pan con tomate, en Cataluña; la paella, en Valencia; el jamón, en Extremadura; el pulpo a Feira, en Galicia; el cocido madrileño, en Madrid; la marinera, en Murcia, la menestra de verduras, en Navarra; el bacalao al pil pil, en el País Vasco; las patatas riojanas, en la Rioja, la caballa, en Ceuta; y el cuscús, en Melilla, entre otros.
Esta pluralidad culinaria nos tiene que hacer sentir orgullosos y ser conscientes de que constituye un pilar esencial para otro de los sectores claves en nuestro país: el turismo. Cada año, millones de personas vienen atraídas por nuestro patrimonio histórico, artístico, natural y por nuestro estilo de vida. Pero cada vez más, por la posibilidad de disfrutar de una oferta gastronómica reconocida a nivel mundial.
Cuidemos este patrimonio gastronómico. Cuidemos el turismo. Pero también, cuidemos las condiciones laborales y salariales de las personas que trabajan en estos sectores, y cuidemos los precios y la gentrificación, no vayamos a morir de éxito.




