El 20 de julio de 2017 el Banco Central Europeo (BCE) comunicĂł que se mantenĂan sin cambios los tres tipos de interĂŠs en el 0 por ciento, el 0.25 por ciento y el -0.4 por ciento, respectivamente, siendo el primero el ordinario, el segundo el del prĂŠstamo marginal, y el tercero el de los depĂłsitos hechos ante la propia instituciĂłn[1].
El BCE seĂąala que espera que se mantengan los tipos en estos niveles por âun perĂodo prolongado de tiempoâ, y en cualquier caso con posterioridad a la conclusiĂłn del programa de compra de activos, prevista en principio para diciembre de 2017, siempre que se observe âun ajuste sostenido en la senda de la inflaciĂłn consistente con objetivo de inflaciĂłnâ (inferior pero cerca del 2 por ciento anual). En caso contrario, el programa continuarĂĄ, y si las condiciones empeoraran, se âaumentarĂa el programa en su volumen y/o duraciĂłnâ.
El comunicado del BCE es en este sentido calcado al de la reuniĂłn precedente de su Consejo de Gobierno celebrada el 8 de junio de 2017[2]. En cambio, en dicha fecha se producĂa un ajuste de cierta entidad en la polĂtica monetaria, ya que el 27 de abril de 2017 el ente emisor del euro seĂąalaba que los tipos de interĂŠs se mantendrĂan en los niveles actuales, o âinferioresâ. Es decir, no se descartaba reducirlos aun mĂĄs.
En todo caso, lo cierto es que aunque no es un detalle menor, llevar los tipos nominales del prĂŠstamo a terreno negativo no parece deseable, pues supondrĂa remunerar a los bancos por pedir prestado, aunque ciertamente el BCE sigue estando lejos de alcanzar el objetivo de inflaciĂłn[3], si bien ha sido sin duda la polĂtica monetaria el Ăşnico factor que, junto con la caĂda de los precios del petrĂłleo, ha impulsado la recuperaciĂłn econĂłmica en la eurozona[4].
En efecto, si bien para el conjunto de 2017 los precios se incrementarĂĄn un 1,6 por ciento, la previsiĂłn para 2018 es del 1,3 por ciento[5]. Por tanto, la tasa de inflaciĂłn no estĂĄ moviĂŠndose, al menos a corto plazo, en direcciĂłn hacia el 2 por ciento.
En consecuencia, y salvo cambio en las circunstancias, y descartados tipos de interĂŠs todavĂa mĂĄs bajos por parte del BCE, el programa de compra de bonos pĂşblicos y privados tendrĂa que por lo menos mantenerse despuĂŠs de diciembre de 2017, si es que no aumentarse, dado que si en 2018 se espera una tasa de crecimiento de los precios inferior a la del aĂąo precedente, difĂcilmente puede afirmarse que se estĂĄ observando âun ajuste sostenido en la senda de la inflaciĂłn consistente con objetivo de inflaciĂłnâ.
AsĂ, el BCE podrĂa no solo aumentar el volumen de compras mensuales de 60 a 80 mil millones de euros, sino tambiĂŠn incluir nuevos activos como acciones cotizadas en bolsa, o extender crĂŠditos sin interĂŠs y a vencimiento perpetuo a los hogares de la Eurozona.
En contra de esta interpretaciĂłn puede afirmarse que la Eurozona vive en el mejor de los mundos posibles, con una tasa positiva de crecimiento y baja inflaciĂłn, lo que protege el poder adquisitivo de los trabajadores al tiempo que aumenta la renta disponible, y que por tanto ha llegado el momento de revertir las actuales medidas de polĂtica monetaria.
Sin embargo, como afirma el eurodiputado socialista espaĂąol JonĂĄs FernĂĄndez[6], miembro de la comisiĂłn de asuntos econĂłmicos y monetarios y ponente del informe anual del Parlamento sobre la actividad del BCE en 2016, la tasa de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) es modesta, pues no alcanza el 2 por ciento, mientas que una inflaciĂłn tan baja hace mĂĄs oneroso el pago del stock de deuda pĂşblica acumulada. Igualmente, el lento crecimiento de los precios indica que la economĂa no estĂĄ operando al mĂĄximo de su capacidad.
En todo caso, lo cierto es que el BCE tiene hoy por hoy el objetivo de la estabilidad de los precios en el nivel del entorno del 2 por ciento. Para justificar un cambio en la polĂtica monetaria con base al crecimiento econĂłmico positivo, habrĂa que modificar el mandato de esta instituciĂłn, e indicar un objetivo de crecimiento del PIB nominal y de âoutput gapâ, que es la diferencia entre el crecimiento real del PIB y el potencial, en cuyo caso el objetivo de inflaciĂłn podrĂa funcionar como un tope (es decir, no mĂĄs del 2 o del 4 por ciento, o del umbral que se fije).
De este modo, si la economĂa crece al 3 por ciento, el output gap es reducido, es decir, no se estĂĄ lejos del crecimiento potencial, y lo precios se encuentran por encima del umbral acordado, solo entonces estarĂa justificada la contracciĂłn de la polĂtica monetaria.
Inversamente, no serĂa necesaria una polĂtica monetaria mĂĄs expansiva solo porque el crecimiento de los precios estuviera muy por debajo del umbral, si el crecimiento del PIB real es positivo, significativo y cercano a la tasa de crecimiento potencial del PIB. En tal caso, sĂ se vivirĂa en el mejor de los mundos, es decir, crecimiento positivo del PIB, la economĂa operando al mĂĄximo de su capacidad (lo que tambiĂŠn implica pleno empleo) y baja inflaciĂłn. TodavĂa se estĂĄ muy lejos de este escenario.
[1] VĂŠase https://www.ecb.europa.eu/press/pr/date/2017/html/ecb.mp170720.en.html
[2] VĂŠase https://www.ecb.europa.eu/press/pr/date/2017/html/ecb.mp170608.en.html
[3] VĂŠase con carĂĄcter general la columna âApuntes estivales de polĂtica monetariaâ en https://fundacionsistema.com/apuntes-estivales-de-politica-monetaria/
[4] VĂŠase https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2017/html/sp170406_2.en.html y https://www.ecb.europa.eu/press/key/date/2017/html/sp170406.en.html
[5] VĂŠase http://ec.europa.eu/eurostat/tgm/table.do?tab=table&init=1&language=en&pcode=tec00118&plugin=1
[6] ComunicaciĂłn personal, 15 de julio de 2017.
