En el pasado 1 de octubre, y en los dĆas sucesivos, se han despejado varias incógnitas relacionadas con el problema de Catalunya. En primer lugar, ha quedado definitivamente claro que el āderecho a decidirā no ha sido mĆ”s que una burda coartada para exigir, unilateralmente, la independencia de Catalunya o, si se quiere, para proclamar la repĆŗblica catalana. AsĆ mismo ha quedado claro que la llamada Consulta no se celebró de acuerdo con los mĆnimos requisitos exigibles en un sistema democrĆ”tico homologado a las democracias mĆ”s avanzadas. Finalmente se ha confirmado que la Generalitat vulneró toda la legislación vigente en que se basa su reconocimiento jurĆdico: Estatut de AutonomĆa, Constitución EspaƱola e, incluso, sus propias leyes aprobadas en el parlament dĆas antes (Leyes del ReferĆ©ndum y de la Transitoriedad JurĆdica, suspendidas por el Tribunal Constitucional).
Por otra parte, en el entorno del 1 de octubre han quedado tambiĆ©n varios hechos probados. La fuerte capacidad de organización y de movilización del movimiento independentista, amparado en los fuertes sentimientos, agravios, emociones y sĆmbolos de muchos catalanes; la nefasta dirección y gestión de las fuerzas armadas en el cumplimiento de las órdenes emanadas de la justicia catalana: PolicĆa Nacional, Guardia Civil y Mossos DĀ“Esquadra; el incomprensible posicionamiento de la jerarquĆa eclesiĆ”stica a favor del āderecho a decidirā; la actitud errĆ”tica, ambigua y equidistante de los sindicatos de Catalunya que, incluso, convocaron una huelga general polĆtica (los minoritarios) y un āParo PaĆsā ( los mayoritarios) por el āderecho a decidirā, lo que no tiene precedentes conocidos a lo largo de la dilatada historia del movimiento obrero; el reconocimiento internacional, y en particular de la UE, del marco constitucional espaƱol y su rechazo a la autodeterminación catalana; la decisión de los poderes económicos y financieros de apostar por la legalidad vigente y las instituciones del Estado que, de entrada, se ha saldado con el traslado de la sede social de empresas relevantes (CaixaBank, Banco Sabadell, Gas Natural, Abertisā¦) a otras CCAA, con el propósito de mantener las ventajas que otorga la participación de EspaƱa en la UE (por ejemplo, la protección del BCE); y, por Ćŗltimo, la grave fractura de la sociedad catalana, puesta de manifiesto en la multitudinaria manifestación de Barcelona del pasado dĆa 8.
Ante estos acontecimientos, el gobierno y la oposición polĆtica han sacado sus propias conclusiones en este espinoso asunto. En todo caso, no debemos olvidar que Rajoy sigue sin ofrecer un relato comprensible de sus intenciones, ha perdido la batalla de las ideas y de la comunicación, carece de un proyecto polĆtico ilusionante y se ha visto obligado a utilizar la figura y la comparecencia del rey en defensa de la legalidad constitucional, lo que, por otra parte, cerró en buena medida el diĆ”logo y la negociación bajo lo que ha sido calificado como chantaje: la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). El PSOE ocupa la centralidad en el tablero polĆtico; sin embargo, se mueve en este contexto con muchas dificultades, internas y externas, entre el apoyo al gobierno y a la Constitución y su reciente interpelación como paso previo a la posible reprobación de la vicepresidenta del gobierno en el parlamento (en su afĆ”n por diferenciarse del PP, lo que en la prĆ”ctica significarĆ” dotar de mĆ”s munición a las fuerzas independentistas), como mĆ”xima responsable de las cargas policiales del dĆa 1 de octubre en Catalunya y de los notables errores cometidos por los responsables del ministerio del interior y de los servicios de información del Estado. Por su parte, Podemos insiste en el derecho a decidir de los catalanes y en sus reiteradas tesis de diĆ”logo y mediación- sin exigir aparentemente el respeto a la legalidad vigente-; algo difĆcil de entender en estos momentos y que, ademĆ”s, muy pocos comparten en el conjunto del Estado, con lo que esto representa de negativo para el futuro de la unidad de la izquierda en nuestro paĆs.
ĀæQuĆ© hacer en esta situación? En primer lugar, hay que respetar sin paliativos los principios en que se fundamenta nuestra democracia: la Constitución EspaƱola y el Estatut de Catalunya. Simplemente porque todo es posible dentro de la legalidad y nada serĆ” posible fuera de la Constitución; gobierne quien gobierne en Madrid y en Barcelona. En segundo lugar, y una vez restablecida la legalidad, sigue siendo vĆ”lido el ejercicio de la polĆtica con mayĆŗscula para resolver los problemas de esta naturaleza. En este sentido es necesario buscar un marco de convivencia entre el Estado y la Generalitat, que pudiera llegar, incluso, a modificar la Constitución y el Estatut. En tercer lugar, hay que facilitar que un hipotĆ©tico Acuerdo- que, lógicamente, y como hemos seƱalado, modificarĆa la Constitución y el Estatut- se vote: la Constitución por todos los espaƱoles y el Estatut acordado por todos los catalanes. Por Ćŗltimo, debemos seƱalar que estas ideas harĆan innecesaria la aplicación del artĆculo 155-CE y eliminarĆa definitivamente la consulta para determinar el sĆ o no a la secesión.
En cualquier caso, los independentistas deben aceptar finalmente que la consulta (movilización) del dĆa 1 de octubre no permite en absoluto la DUI, como ha reconocido el propio president de la Generalitat en su confusa y caótica comparecencia. Resulta evidente que los datos que baraja la Generalitat carecen de la mĆnima credibilidad; simplemente, porque no se ha respetado la legalidad, no han existido las mĆnimas garantĆas jurĆdicas de control y, lo que es mĆ”s grave, estos datos no representan a la mayorĆa de los catalanes. La declarada suspensión de los efectos de la ley de Transitoriedad JurĆdica, aprobada por el parlament y suspendida posteriormente por el Tribunal Constitucional, si bien no resuelve en absoluto el problema de fondo, permite (previa declaración de respetar la Constitución) abordar el problema planteado desde el diĆ”logo, en el marco de la Comisión propuesta en el Congreso de los Diputados por el PSOE. Los poderes económicos, la UE, las organizaciones sindicales y sociales y, sobre todo, una parte muy importante de la ciudadanĆa verĆan con buenos ojos la apertura de conversaciones, sin que ello deba generar en absoluto excesivas expectativas y sabiendo que serĆ” muy difĆcil alcanzar un Acuerdo.
Por eso, en estas difĆciles circunstancias, es muy necesario que demos absoluta prioridad a la resolución del problema catalĆ”n. Simplemente porque nos impide analizar y ofrecer soluciones a los problemas reales que preocupan a los ciudadanos en la actualidad: desempleo, reforma laboral, precariedad, PGE-2.018, negociación colectiva, retribuciones de los empleados pĆŗblicos, SMI-2.018, cobertura de desempleo, pensiones, dependencia, reforma de la polĆtica fiscal, cambio climĆ”tico, igualdad de gĆ©nero⦠Para responder a estos problemas, la izquierda debe retomar la iniciativa en defensa de un modelo económico y social alternativo que luche por superar las desigualdades (redistribución), la pobreza y la exclusión social. En particular, se debe incidir en los tres asuntos que mĆ”s preocupan a los ciudadanos: el desempleo (jóvenes y mayores de 55 aƱos), los salarios y las pensiones, lo que justifica sobradamente las fuertes campaƱas emprendidas recientemente por los sindicatos mayoritarios (UGT- CCOO).
Los sindicatos vienen reiterando hasta la saciedad su preocupación por el lamentable estado de nuestro mercado de trabajo. Los Ćŗltimos datos estadĆsticos confirman la escandalosa precariedad (temporalidad, estacionalidad, contrato a tiempo parcial no deseado, bajĆsimos salarios, jornadas por encima de lo acordadoā¦) y las dificultades de los jóvenes para encontrar un trabajo digno y con derechos. A lo que hay que aƱadir la extrema dificultad existente para que un trabajador desempleado de mĆ”s de 55 aƱos pueda alcanzar un empleo mĆnimamente decente y remunerado. Por eso insisten en implementar las polĆticas activas de empleo, la formación profesional, el reparto del trabajo existente con igual salario, la bĆŗsqueda de nuevos yacimientos de empleo, asĆ como el cambio de nuestro modelo productivo, entre otras medidas, al margen de exigir la recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores y el aumento del SMI.
Por otra parte, la UGT y CCOO tambiĆ©n denuncian que el 50% de los pensionistas no llegan al SMI y que el 38% viven bajo el umbral de la pobreza. Manifiestan ademĆ”s que la pensión media se sitĆŗa en 918 euros mensuales y la mĆ”s frecuente en 650. La situación se agrava ante la pĆ©rdida del poder adquisitivo de los pensionistas (el incremento actual es del 0,25%, en contraposición con la inflación situada en torno al 1,6%) y la incapacidad del Gobierno a la hora de garantizar la sostenibilidad del Sistema de la Seguridad Social (SS). Debemos constatar que la SS ha consumido en muy pocos aƱos su Fondo de Reserva que superó en su dĆa los 65.000 millones de euros. Por eso reivindican recuperar el poder adquisitivo de las pensiones, eliminar el dĆ©ficit de la SS, impedir los efectos negativos de la reforma del aƱo 2013 (la tasa de sustitución caerĆ” del 80% a menos del 50%), poner fin a la subvención de las cotizaciones de las empresas (con cargo de la SS), cuyo costo debe asumir el Estado y, por Ćŗltimo, estudiar la diversificación y mejora de los ingresos al Sistema: cotizaciones e ingresos fiscales.
Estas poderosas razones nos indican que no podemos alargar mĆ”s el actual clima de incertidumbre polĆtica, económica y social. No debemos olvidar que sus efectos pueden ser devastadores en el concierto internacional y que ya se estĆ”n haciendo notar en nuestro paĆs. Por eso, sólo queda esperar a que la Generalitat declare respetar la legalidad vigente para sentarse a dialogar y que, en este nuevo e hipotĆ©tico escenario, los partidos polĆticos actĆŗen con altura de miras y no exclusivamente en busca de rĆ©ditos electorales. Este temor puede explicar algunas sobreactuaciones del gobierno y el propósito desmedido del PP por impulsar en solitario las movilizaciones en torno a la unidad de EspaƱa, la defensa de nuestra bandera y el rechazo a la secesión. No debemos olvidar que Rajoy puede disolver el parlamento cuando lo considere oportuno y lo estime beneficioso para sus propios intereses partidarios. Argumentos no le faltarĆ”n: Catalunya, prórroga de los PGE.2017, corrupción, debilidad y división de la izquierda⦠Por eso, el posible adelanto electoral en Catalunya -sin descartar que tambiĆ©n se pueda producir en el conjunto del paĆs-, estarĆ” muy presente en el debate polĆtico de aquĆ a los próximos meses. En este difĆcil contexto, y si nadie lo remedia, las polĆticas de cambio y de progreso se pueden encontrar con muchas dificultades para alcanzar mayorĆas en el parlamento. 11. 10. 2.017. Antón SaracĆbar.
