No hay anĂĄlisis internacional estos dĂas en Europa que no pivote sobre el efecto de una segunda AdministraciĂłn Trump. El Presidente electo concita todas las miradas, agudiza aprensiones, condiciona estrategias y sirve tambiĂŠn para justificar polĂticas.
Los tres grandes temores que la ĂŠlite europea tiene ante el cambio polĂtico en Washington son los siguientes: debilitamiento âruptura, para los mĂĄs pesimistasâ del vĂnculo transatlĂĄntico; amenaza proteccionista en forma de agresivos derechos de aduana y aranceles; y aliento adicional a la extrema derecha.
EL VĂNCULO TRANSATLĂNTICO.
Trump desea modificar la dinĂĄmica que ha construido el equilibrio mundial desde 1945, se piensa en los cĂrculos del establishment a ambos lados del AtlĂĄntico. No es que quiera romper la alianza vigente, pero desea, y con urgencia, que se revisen las minutas, que se repartan los gastos. Que Europa pague por su defensa, que la dependencia exista sĂłlo en la medida en que sea beneficiosa para EE.UU, pero no demasiado onerosa, como ĂŠl piensa que ocurre ahora.
A decir verdad, Trump tampoco es original en esto. Otros muchos presidentes y cientos de senadores y congresistas pensaron y piensan lo mismo, pero lo expresaron y expresan de otra manera: fueron y son mĂĄs discretos, mĂĄs sutiles, mĂĄs diplomĂĄticos.
En su primer mandato, Trump escenificĂł su malestar de manera intempestiva, en ocasiones hasta grotesca, con un grado de incorrecciĂłn inapropiado en los grandes salones de la polĂtica internacional. Pero, al cabo, se tratĂł de mucho ruido y pocas nueces. Sus asesores fueron reconduciendo la situaciĂłn y convenciĂŠndolo de mejor o peor grado de que habĂa otras formas de ejercer la palanca norteamericana de persuasiĂłn.
Para los europeos, la estrategia consistiĂł en resistir. No ridiculizar el exceso las ocurrencias y bravatas del socio y dejar que los aparatos diplomĂĄtico, polĂtico, militar y acadĂŠmico embridaran al dĂscolo lĂder. SĂłlo se consiguiĂł a medias. Pero, al final, se impuso la lĂłgica del poder: los intereses pesaron mĂĄs que los caprichos, por intensos que estos fueran.
Ahora que ya la segunda temporada del culebrĂłn Trump estĂĄ a punto de salir del horno, muchos se preguntan si la estrategia de la contenciĂłn serĂĄ suficiente. Crece la urgencia de la denominada âautonomĂa estratĂŠgica de Europaâ, un concepto grandilocuente mĂĄs retĂłrico que prĂĄctico, al menos a corto plazo. En su favor, sin embargo, opera que lo defiendan ahora tanto franceses âsiempre los mĂĄs entusiastasâ como los alemanes âtradicionalmente mĂĄs precavidosâ debido a la percepciĂłn de la necesidad del paraguas americano por su neutralizaciĂłn militar tras la segunda guerra mundial. Incluso se empiezan a escuchar voces britĂĄnicas favorables, al menos en los sectores moderados de los dos partidos de la alternancia de gobierno (1).
Pero esa transformaciĂłn de la polĂtica de seguridad europea exigirĂĄ mucho dinero, medios y laboriosas negociaciones. Trump se acabarĂĄ mucho antes, y aunque en la Casa Blanca se instale otro Presidente al que le resulte rentable usar esa cuberterĂa, no estĂĄ asegurado que quisiera romper la vieja vajilla atlĂĄntica.
Este temor estĂĄ avivado por la deriva indeseable de la guerra en Ucrania. La sospecha de que Trump puede presionar a favor de un acuerdo favorable a los intereses rusos sigue vigente. La reducciĂłn del problema a una negociaciĂłn de mercadillo como sugiere el empresario hotelero es un recurso electoralista mĂĄs que una estrategia seria. Contrariamente a lo que se dice, en el Kremlin no estĂĄn convencidos del efecto benĂŠfico del regreso de Trump. Putin, como espĂa y maestro del engaĂąo que es, no se aparta del escalĂłn de la cautela. ApretarĂĄ lo que pueda en los frentes hasta comprobar que hay de verdad en las bravatas del retornado Presidente.
Pasado el umbral de los 1.000 dĂas de guerra, el levantamiento parcial de la prohibiciĂłn de usar los misiles norteamericanos de largo alcance (Âżpronto tambiĂŠn los britĂĄnicos y franceses?) para atacar objetivos en territorio ruso ha supuesto una escalada. MoscĂş ha vuelto a evocar la posibilidad de una respuesta nuclear. Todo ello puede tanto incentivar el instinto de Trump de acabar con la guerra cuanto antes como lo contrario. La imprevisibilidad es su divisa (2).
Por lo tanto, el huracĂĄn Donald sobre las costas de la estabilidad transatlĂĄntica puede pronto degradarse en cortas tormentas violentas o en episodios de desaires ya conocidos o por conocer, pero no amenazar el preciado vĂnculo. Los estados europeos pasarĂĄn por caja con bolsas mĂĄs llenas, pero a cuentagotas. A cambio de esta rĂŠmora prolongada, ofrecerĂĄn su apoyo frente al desafĂo chino y el peligro ruso, aunque a Trump este Ăşltimo no le suponga una preocupaciĂłn mayor. De momento, ha seleccionado como jefe de la diplomacia al senador Rubio, que no es precisamente un amigo del Kremlin, ni tampoco un manĂaco revisor de las cuentas con los amigos europeos. MĂĄs bien podrĂa comportarse como un neocon exigente, incluso arrogante, pero remiso a romper la baraja.
EL PROTECCIONISMO
Es la amenaza mĂĄs creĂble, sin duda. El estilo de mercadeo del Presidente encaja perfectamente con este eje de su polĂtica exterior. Pero las estructuras de la globalizaciĂłn limitan muy seriamente su capacidad de actuaciĂłn. La economĂa mundial estĂĄ demasiado trabada como para deshacer una parte sin desbaratar el conjunto. Los aranceles que Trump quisiera imponer si las cuentas no salen como a ĂŠl le gustarĂa -resumido en el slogan dĂŠficit comercial cero– tendrĂan un efecto boomerang para la economĂa norteamericana, como han seĂąalado expertos de todas las escuelas econĂłmicas del paĂs. Un incremento brutal de la inflaciĂłn, la disrupciĂłn de muchas de la cadenas de distribuciĂłn, la quiebra de empresas, el aumento del paro… un caos total. Aunque los efectos reales no sean tan horribles como estiman las predicciones, el daĂąo serĂa considerable. Por eso, es razonable esperar que los grandes intereses utilicen todos los recursos a su alcance -todos- para neutralizar o moderar los instintos mercantilistas de ese hombre de negocios  de segunda fila convertido en intĂŠrprete polĂtico principal del capitalismo mundial (3).
Hay otro elemento que puede desenmascarar los reproches pretendidamente librecambistas de los principales estados europeos. Cuando a los principales sectores econĂłmicos les interesa, se acogen al recurso proteccionista, usando todo tipo de argumentos, desde econĂłmicos hasta ecolĂłgicos, pasando por los sociales y culturales.
Por no irnos muy lejos, lo estamos viendo estos dĂas con la resistencia francesa a firmar el acuerdo de libre cambio con Mercosur (integrado por varios paĂses de AmĂŠrica del Sur). Los campesinos franceses ya estĂĄn en pie de guerra y amenazan con reproducir las tractoradas de hace unos meses, pero con mĂĄs municiĂłn, si cabe. La clase polĂtica se ha tomado tan serio las advertencias de los sindicatos agrarios que unos 600 diputados y senadores de todos los grupos polĂticos han dirigido una carta a la Presidenta de la ComisiĂłn Europea para que no remita al Consejo y al Parlamento europeos el acuerdo con Mercosur y se reevalĂşe la situaciĂłn (4). Macron, doctrinalmente favorable a la libertad de comercio ha expresado tambiĂŠn su oposiciĂłn, frente a las posiciones favorables de Alemania y EspaĂąa, entre otros. Francia no estĂĄ sola en el rechazo, pero carece de aliados potentes.
En categorĂa aparte, por su dimensiĂłn y su alcance estratĂŠgico, es la batalla comercial con China. TambiĂŠn en este capĂtulo reina la divisiĂłn en Europa, lo que hace mucho mĂĄs difĂcil el manejo del previsible endurecimiento de la polĂtica comercial norteamericana hacia la superpotencia asiĂĄtica. Alemania se resiste a utilizar arsenal arancelario, porque teme ese efecto de retroceso que Trump parece desdeĂąar. Otros socios europeos con menor mĂşsculo exportador se ven obligados a responder a la voracidad mercantil china. SerĂĄ muy difĂcil conseguir acuerdos sin desestabilizar todo el sistema.
Por tanto, presentar a Trump como el Ăşnico disruptor de la globalizaciĂłn y un peligro para la salud general del orden econĂłmico internacional resulta exagerado.
EL ALIENTO A LA ULTRADERECHA
Este pilar del discurso liberal europeo es quizĂĄs el mĂĄs engaĂąoso, porque lo han adoptado sin apenas reservas la gran mayorĂa de medios y lĂderes de opiniĂłn. Pretender que el segundo triunfo de Trump, mĂĄs aparatoso y amplio que el primero, supone un refuerzo de las opciones de extrema derecha en Europa (y en el resto del planeta) es sĂłlo una verdad a medias.
En realidad, la extrema derecha surgiĂł en Europa Occidental antes de estallar el fenĂłmeno Trump. Y previamente, en la otra Europa (los antiguos paĂses de la esfera de influencia soviĂŠtica). Marine Le Pen, Salvini, OrbĂĄn, Wilders y otros tantos menos conocidos ya eran figuras emergentes antes de que el magnate neoyorquino saliera de su torre en Manhattan para proyectar su ambiciĂłn polĂtica sobre el resto del paĂs. Y si tenemos en cuenta el populismo capitalista, el otro elemento sobre el que se ha construido este auge autoritario, Berlusconi no fue un trasunto del trumpismo, sino un precursor.
Que Trump favorece la consistencia y consolidaciĂłn de la extrema derecha puede aceptarse. Pero que constituye un factor esencial, no. Las propuestas de los ultras europeos mantendrĂĄn previsiblemente su vigencia cuando Trump sea historia, incluso si su mandato acaba en fracaso. Las fuerzas gobernantes europeas debe hacer un anĂĄlisis mĂĄs serio y crĂtico del que han hecho hasta ahora. El gran problema no es âel peligro para la democracia liberalâ, sino las limitaciones que la âdemocracia liberalâ demuestra para asegurar la prosperidad de las mayorĂas sociales.
Pero ademĂĄs, la hipocresĂa no ayuda. Mientras se airean los cordones sanitarios y se denuesta a la ultraderecha en las tribunas, se pacta con ella en los despachos, como hemos visto en la ComisiĂłn y en el Parlamento. Se desprecia a VĂctor OrbĂĄn porque habla con fluidez con Putin y presume de ser amigo de Trump, pero ha sido el Partido Popular Europeo el que mĂĄs ha contribuido a su consolidaciĂłn exterior al mantenerlo como socio del grupo durante aĂąos (los aĂąos de Merkel, por cierto).
Ahora, la socia respetable es Giorgia Meloni, bĂĄsicamente porque no comparte las tentaciones prorrusas de sus correligionarios franceses, hĂşngaros o alemanes. Pero, en cambio, lleva a cabo polĂticas migratorias no muy distintas en sustancia que las anunciadas por Trump. La presidenta de la ComisiĂłn Europea avala estas recetas aberrantes de la dirigente italiana, otros partidos de la alternancia gobernante asienten o callan y algunos, como el laborismo britĂĄnico, le conceden calificaciones favorables.
El corresponsal europeo del GUARDIAN ha aĂąadido una lĂnea de anĂĄlisis que cuestiona este supuesto impulso de la extrema derecha por el triunfo de Trump (5). Los nacional-populismos de ultraderecha suelen chocar entre ellos, como se comprueba en su incapacidad siquiera para unirse en un solo grupo en el Parlamento europeo. En cuanto a la relaciĂłn de Trump con ellos, podemos asistir a tensiones notables, sobre todo si se concretan las amenazas de guerra comercial. De confirmarse la retirada del apoyo norteamericano a Ucrania, las tensiones entre los partidos pro y anti rusos de la ultraderecha aumentarĂĄn.
El huracĂĄn Donald ha disparado las alarmas en los gabinetes de opiniĂłn europeos y, con menor dramatismo, en cancillerĂas y despachos. Sin querer minimizar los riesgos, parece mĂĄs sensato revisar los mecanismos domĂŠsticos de prevenciĂłn, es decir, los pilares fundamentales de la arquitectura europea, detectar mejor su fallas y profundizar en sus aspectos de mejora y no dejarse llevar por la tentaciĂłn ventajista del catastrofismo.
NOTAS
(1) âWelcome to Trumpâs world. His sweeping victory will shake up everythingâ. THE ECONOMIST, 6 de noviembre.
(2) âWhat Does Trumpâs Election Victory Mean for Russia?â. TATIANA STANOVAYA. CARNEGIE, 7 de noviembre.
(3) âSmile, Flatter and Barter_How the World Is Prepping for Trump Part IIâ. THE NEW YORK TIMES, 9 de noviembre.
(4) âLes agriculteurs manifestent pour mettre la pression sur le gouvernement et empĂŞcher la signature de lâaccord de libre-ĂŠchange avec le Mercosurâ. LE MONDE, 18 de noviembre;  âLâappel de plus de 600 parlementaires français Ă Ursula von der Leyenâ. LE MONDE, 12 de noviembre.
(5) âSecond Trump reign could make life âa lot harderâ for EUâs far-right leadersâ. JON HENLEY, THE GUARDIAN, 17 de noviembre.
