El mercado es esencialmente un espacio de intercambio de necesidades y deseos. Adopte la mercancía la forma que coyunturalmente (por no decir históricamente) proceda. En las escasas centurias del capitalismo, el mercado en las sociedades de consumo ha ido restringiendo paulatinamente la demanda de la necesidad para ir ocupando cada vez un espacio mayor la demanda del deseo. Cuando una necesidad no existe se la crea mediante la palanca del deseo. Y una vez generado el deseo se impone la necesidad. Una necesidad artificial que se apoya sobre lo imaginario y su valor de cambio, con escaso valor de uso para las personas de carne y hueso. Y digo personas de carne y hueso para diferenciarlas de los constructos identitarios con los que se perfilan los “non plus ultra” de los endogrupos.

La política es un mundo paralelo y simétrico por motivos que aquí no caben. Existe la buena política, la que soluciona problemas de necesidad. Crea empleo, protege a la población vulnerable, fomenta la redistribución de la riqueza, mejora la vida de las personas, se ocupa de la pobreza energética, de las catástrofes del cambio climático, sean sequías o Filomenas, universaliza la sanidad y la educación. Es lo que se llama política de gestión, enfocada en el bienestar social.

Luego está la mala política, que también es política. Es la política del deseo, donde se crea la necesidad donde no la hay, se diseña un problema inexistente y se ofrece el solucionarlo. Algo que es increíblemente fácil, dado que el problema que quiere solucionar es inexistente. El Partido Popular habla de amenaza a la libertad y la democracia, de romper España, de tramas de corrupción imaginarias, de agresiones verbales que no recibe y amenazas indefinidas, pero definitivas, para la supervivencia. Todo lo imaginario requiere de un soporte de difusión. Qué sería de la chispa de la vida sin los medios de comunicación de masas. Por ello, en ese mundo paralelo en el que funciona el mercado de la necesidad imaginaria, es fundamental el repique de campanas. Que los badajos sean bulos llaman igual a arrebato. Es un toque enloquecido de campanas que llaman a la urgencia, y que algunos medios digitales tienen como piedra de toque. Existen por la cuerda que les da la mala política. Sin dinero ya no hay rocanrol. Pero ahí están, medios absolutamente demediados que reciben financiación pública como los medios enteros. Y a ese baile de la pana acuden de todo el mundo. Sic transit gloria mundi, si alguna vez la tuvo.

Y en esa política ficción que resuelve los problemas y las crisis que ella misma crea se enmarca el día y noche del Partido Popular. Ellos tienen lo que España necesita. Es lo que dicen en el PP. Ya para empezar, cuando dicen España y no españoles, para qué decir ciudadanos, vamos torcidos. Sabemos perfectamente qué cree la derecha y la ultraderecha que necesita España. Ya se ve en las Comunidades Autónomas que gobiernan. España necesita todo lo que la dictadura de Franco les ofreció a algunos. Ese es uno de los principales asuntos: que ellos saben lo que España “necesita”. España necesita que gobiernen ellos y el poder vuelva a sus manos naturales.

Nos ven necesitados a los españoles. Al parecer necesitados de privatización de la sanidad y la educación, de desmemoria histórica, de una visión falsificada de las instituciones democráticas, de bulos y mentiras a conveniencia, de acoso al libre albedrío de la mujer sobre su cuerpo y su vida. España “necesita” negar la violencia contra la mujer y “necesita” desterrar al hombre blandengue: “no es hombre ni bien nació/ el que ofende a una mujer/ no es hombre ni bien nació/ si no le da su querer/ y luego la tira al rio/ con una piedra en los pies”. Hay quien tiene nostalgia de aquella España que cantaba alegremente a la agresión, la violación y el asesinato de las mujeres. Si es que ahora con tanto “woke” queda hasta mal dar el cante…

Más allá de las doctrinas, los intereses o las ideas e ideologías, legítimamente defendibles, lo que duele es la meridiana evidencia de que algunos y algunas son “buenas piezas” de la mala política. Solamente así se puede construir una España de problema-ficción con tal desparpajo y sonrisa. “Buenas piezas” que caminan y van apestando la convivencia. Machado los conoció en primera persona cada hora del día hasta su última hora. Les dedicó un octosílabo. Aunque lo ignoren fue su mayor honor encontrar en esos versos un lugar para la eternidad. Ya puestos a pensarlo, también lo hizo con las moscas…