Cuando un representante público traiciona a sus electores a cambio de cargos o dÔdivas, hay corrupción, hay corrompido y hay corruptor.
La prohibición del mandato imperativo aún aporta una lamentable cobertura legal a estas conductas, pero su inmoralidad es evidente
El caso de los tres diputados murcianos fugados de Ciudadanos para beneficio del PP es un transfuguismo de libro. Y con estas maneras, Casado liga inexorablemente el presente y el futuro del PP a lo peor de su pasado.
En Murcia, el PP de hoy ha confirmado que sigue siendo el PP del tamayazo, el PP de la gürtel y el PP de la kitchen. El PP encallado en el cenagal de la corrupción.
El pasado jueves dĆa 25 se sucedieron hasta tres imĆ”genes paradigmĆ”ticas sobre la situación que atraviesa la derecha espaƱola.
Por una parte, los medios de comunicación mostraban a los mÔximos dirigentes del PP, expresidentes de Gobierno incluidos, testificando en el caso de la financiación ilegal de su partido.
A la vez, los mandatarios del ministerio del Interior durante el Gobierno Rajoy comparecĆan ante la comisión que investiga los turbios manejos de Villarejo y compaƱĆa para tapar las corruptelas del PP.
Y, casi simultƔneamente, los integrantes del Pacto por la Estabilidad Institucional y contra el Transfuguismo, todos salvo el PP, condenaban la compra de diputados por parte de ese partido en Murcia.
Las estrategias de comunicación con las que la derecha polĆtica y mediĆ”tica han intentado paliar daƱos no pueden ser mĆ”s alambicadas y paradójicas.
El relato derechista sostiene que, en realidad, todo es culpa de SƔnchez, naturalmente.
Los portavoces y tertulianos de la derecha se esfuerzan durante estos dĆas en explicar que la pretensión de gobernar allĆ donde se han ganado las elecciones, como en Murcia, resulta ilegĆtimo y desestabilizador.
Al parecer, segĆŗn estos voceros, lo realmente legĆtimo y estabilizador es gobernar con el apoyo de trĆ”nsfugas tras haber perdido las elecciones, como hace la derecha en Murcia.
Se procura, ademĆ”s, alimentar un debate bizantino acerca de quĆ© es o quĆ© no es transfuguismo. En un alarde creativo, el PP ha llegado a sostener que quienes practican en realidad el transfuguismo son la dirección nacional, la dirección regional y la mayorĆa de los diputados de Ciudadanos que suscribieron aquella moción de censura.
El mundo al revĆ©s. La lógica polĆtica, el sentido comĆŗn y cualquier guĆa moral mĆnimamente decente, establecen que la interpretación de la voluntad de los electores de una formación polĆtica corresponde a su dirección o, alternativamente, a la mayorĆa de sus integrantes.
Si uno, dos o tres representantes pĆŗblicos de esa formación polĆtica llevan su disenso a la traición y, ademĆ”s, reciben un beneficio por ello, estamos ante un comportamiento trĆ”nsfuga y, por tanto, corrupto.
Un portavoz del PP ha llegado a asegurar que āel PSOE rompe el tablero de juegoā con sus mociones de censura. Sin embargo, las mociones son procedimientos democrĆ”ticos, legales y, por consiguiente, plenamente legĆtimos.
El problema democrĆ”tico relevante no estĆ” en la oportunidad o inoportunidad de una moción de censura legĆtima. El autĆ©ntico problema reside en que uno de los ājugadoresā, por mantener el sĆmil, incumple las normas del juego sistemĆ”ticamente.
Podemos decir algo mĆ”s, incluso. En nuestro sistema polĆtico, el PP, con sus prĆ”cticas corruptas, con el transfuguismo inmoral, con su financiación ilegal y con sus cloacas policiales, practica sistemĆ”ticamente un juego distinto al del resto.
Nosotros jugamos a la democracia. Lo suyo es otra cosa. Y ya estĆ” bien.
