La derecha espaĂąola ha confirmado, una vez mĂĄs, ese viejo defecto que le lleva a tratar cada pĂŠrdida del poder como si de una vil usurpaciĂłn se tratara. El tiempo pasa, pero muchos dirigentes conservadores siguen mostrando una muy lamentable concepciĂłn patrimonial del poder pĂşblico.
Desde Rajoy hasta Hernando, pasando por decenas de portavoces territoriales, buena parte del PP ha salido en tromba a descalificar como ilegĂtima la mociĂłn de censura que ha provocado su salida del Gobierno. El ya ex-presidente ha llegado a calificar como âestigmaâ y âprecedente grave en la democraciaâ la aplicaciĂłn de un precepto vigente en nuestra norma constitucional.
El PP intenta socavar la legitimidad del nuevo Gobierno con el argumento de que su Presidente âno ha ganado las eleccionesâ. Se trata de un tosco intento de confundir a la opiniĂłn pĂşblica. En la democracia parlamentaria espaĂąola no gobierna el candidato del partido que mĂĄs votos obtiene de los electores, sino aquel que es capaz de concitar mĂĄs apoyos entre los representantes de la ciudadanĂa en el Congreso de los Diputados, sede de la soberanĂa popular.
No muy lejos de la propia sede madrileĂąa del PP se encuentra el salĂłn de plenos del Ayuntamiento de la capital, en el que los populares desalojaron en su momento al PSOE de la alcaldĂa, a pesar de que el socialista Juan Barranco fuera el candidato mĂĄs votado por los ciudadanos. Rajoy debiera recordarlo bien, porque ya era por entonces un dirigente destacado de la derecha fraguista.
El artĂculo 113 de la ConstituciĂłn es tan legĂtimamente aplicable como lo es el 99, que sirviĂł para hacer Presidente a Mariano Rajoy, o como lo es el 155, ejercido por el Gobierno del PP con el leal apoyo de la oposiciĂłn socialista. Tachar como fraudulento a un Gobierno avalado por la mayorĂa absoluta del Congreso tan solo refleja una querencia constitucional lamentablemente selectiva.
Los dirigentes conservadores aducen tambiĂŠn que los 84 diputados socialistas denotan una âdebilidad extremaâ, y que los apoyos de âgrupos extremistas de izquierda e independentistas sectariosâ responden a âoscuros pactos en los despachosâ. Pero lo primero es ya una tĂłnica generalizada en los gobiernos europeos, y en muchos gobiernos municipales y autonĂłmicos de EspaĂąa. Y lo segundo es sencillamente una falacia, desmentida por sus propios protagonistas. ÂżAlguien puede creer que la designaciĂłn de Borrell como ministro puede formar parte de un âpacto ocultoâ con los independentistas?
Pedro SĂĄnchez es Presidente del Gobierno de EspaĂąa porque esa ha sido la voluntad democrĂĄtica de la gran mayorĂa de los representantes de los espaĂąoles en el Parlamento, aplicando con plena legitimidad un precepto de la ConstituciĂłn vigente.
Es mĂĄs, esa panoplia amplia y diversa de partidos y grupos parlamentarios solo pudo activarse gracias al evidente respaldo popular a la mociĂłn de censura. Tras la divulgaciĂłn de la sentencia del caso GĂźrtel, el clamor de la sociedad espaĂąola obligaba a sus representes a exigir la responsabilidad polĂtica del Gobierno del PP y a recuperar la dignidad de las instituciones democrĂĄticas con un nuevo Presidente.
El alivio y la esperanza son los sentimientos dominantes entre la mayorĂa de los espaĂąoles desde la aprobaciĂłn de la mociĂłn de censura el pasado primero de junio. Y el desafĂo al que se enfrenta el nuevo Gobierno consiste precisamente en dar satisfacciĂłn a tan altas expectativas con una gestiĂłn a la vez prudente y ambiciosa, humilde y con alcance.
El Presidente SĂĄnchez ha establecido una hoja de ruta muy razonable: censura, estabilidad y elecciones. La censura estĂĄ lograda y el Gobierno Rajoy ya es historia. La estabilidad a perseguir debe ser institucional, social y territorial: limpiando el espacio pĂşblico de corrupciĂłn; atendiendo las urgencias sociales que han provocado las reformas injustas de la derecha; y reconduciendo los conflictos territoriales mediante el diĂĄlogo y el acuerdo, en el marco de la ConstituciĂłn y las leyes. Tras todo esto, las elecciones.
Las mujeres y los hombres elegidos por Pedro SĂĄnchez para conformar este Gobierno esperanzador han sido muy bien recibidos en la sociedad espaĂąola, por sus trayectorias, sus capacidades y sus talantes a favor del diĂĄlogo y la calidad democrĂĄtica.
Los 84 diputados y diputadas del Grupo Socialista en el Congreso, junto a los senadores y senadoras socialistas, estamos dispuestos para dar apoyo leal y eficaz a este Gobierno, en una actitud de permanente bĂşsqueda del entendimiento con los demĂĄs representantes de la ciudadanĂa espaĂąola. Porque responde a la necesidad, sĂ. Y porque nos lo creemos, tambiĂŠn.
