El hecho de que Pedro Sánchez sea Presidente del Gobierno, tras ganar la moción de censura a Rajoy, muestra varias cuestiones a la sociedad española. La primera es que a pesar de la grave crisis institucional, que agudizó la sentencia de Gürtel, la Constitución española tiene mecanismos como la moción de censura, que aparece en el artículo 113, para exigir responsabilidades a un Gobierno hundido en el lodazal de la corrupción y que pretendía continuar a cualquier precio.

Ese mecanismo, garantista al exigir mayoría absoluta, y constructivo al incluir un candidato a la Presidencia del Gobierno; y su resultado, es plenamente legítimo como el resto de artículos de la Constitución.

¿Era éticamente mejor no hacer nada? La respuesta es NO. ¿Era mejor forzar y no respetar nuestro ordenamiento, inventarse una moción de censura instrumental para convocar inmediatamente elecciones, porque interesaba supuestamente a Ciudadanos y sus aliados fuera del Parlamento? La respuesta es NO. Y es NO, porque en el centro de las decisiones el PSOE puso a los españoles y sus necesidades.

Por ese motivo, choca, salvo que detrás se escondan determinados intereses, que se cuestione la viabilidad del nuevo gobierno y su intención de ocuparse de las necesidades más urgentes de los españoles. El adelanto electoral era una posibilidad en manos de Rajoy, pero no la quiso utilizar y es evidente que hay otras.

La segunda cuestión, es que es indudable que se ha producido un cambio político en España necesario, sin precedentes y complicado. Pero un cambio. Un cambio, además, tan rápido como la nueva sociedad tecnológica en la que nos ha tocado vivir. ¿Es legítimo que el nuevo Presidente se quiera ocupar de las necesidades más urgentes de los españoles, desde el diálogo, antes de ir a nuevas elecciones? Parece que sí.

¿O son más legítimas las presiones de ciertos grupos de interés, a los que el cambio ha cogido con el paso cambiado, cuando afirman que intentar gobernar es una imprudencia? Gobernar siempre es complicado y más en estas circunstancias. Pero hay que recordar que Pedro Sánchez ha salido elegido presidente por 180 votos. Rajoy lo fue por 170 votos en octubre de 2016, y Aznar en 1996 por 181 votos.

La tercera cuestión es que es cierto que el Gobierno del PSOE tiene un número de diputados reducido en su grupo parlamentario. Pero, frente a esto, la vocación señalada por el nuevo Presidente del Gobierno es alcanzar mayorías para tratar las cuestiones más urgentes para los españoles.

Se puede decir que es voluntarista, pero también realista. Ya que la mayoría de las medidas que anunció en su discurso han obtenido a lo largo de esta legislatura votaciones mayoritarias en el Parlamento.

La cuarta cuestión es el hecho de poner en el centro de la acción de gobierno a los españoles, y especialmente a los que más han sufriendo y siguen sufriendo en su vida cotidiana. De entrada, Pedro Sánchez anunció: “un Gobierno socialista; un Gobierno paritario; un Gobierno europeísta; un Gobierno garante de la estabilidad presupuestaria y económica; un Gobierno que cumplirá y hará cumplir la Constitución; un Gobierno que hará del diálogo su forma de hacer política; un Gobierno con una hoja de ruta clara que consensuaremos con los grupos parlamentarios mayoritarios en esta Cámara: primero, recuperar la estabilidad, la normalidad política que ha sido violentada, sacudida como consecuencia de la falta de asunción de responsabilidades políticas por parte del actual presidente del Gobierno. Segundo, atender a las urgencias que tenga el país y tercero, convocar las elecciones generales para que lo españoles y españolas decidan el rumbo que dar al país con su voto.

Tres etapas guiadas por el consenso como herramienta fundamental. Un Gobierno, mi Gobierno, que va a entender como uno de sus principales cometidos la construcción de un consenso para convocar unas elecciones generales.

Y hasta que llegue, un Gobierno que garantice la estabilidad frente a las incertidumbres y desafíos inmediatos a los que se enfrenta España. Un Gobierno que formule su propuesta- y esto me gustaría subrayarlo- a partir de un programa de estabilidad moderado, realista y de consenso.

Quiero resumir esa vocación, ese programa de estabilidad en cuatro puntos:

– La estabilidad institucional y regeneración democrática, el primero.

– La estabilidad macroeconómica y presupuestaria, el segundo.

– La estabilidad social, laboral y medioambiental, el tercero.

– Y la estabilidad territorial como cuarto eje de este programa de estabilidad.”

Es decir, el cambio en España ha comenzado.