Los datos del segundo trimestre del año revelan un incremento trimestral del PIB del 0,8% y un aumento interanual del 3,1%. Estos datos sitúan a España con el mayor ritmo de crecimiento de las grandes economías de la Eurozona. Tanto es así que la OCDE ha mejorado sus previsiones de crecimiento para España y la sitúa en el doble de la media de la eurozona para 2026, en un 2%.
Todo ello ha favorecido una intensa creación de empleo, acompañada de un aumento de la productividad por hora trabajada, como bien señalan las notas de coyuntura del Servicio de Estudios de la UGT.
Como acertadamente indica el sindicato, el desafío de cara al futuro, en el que se advierten riesgos relevantes, es consolidar estos avances promoviendo la transformación del modelo productivo y el avance de la justicia social y la sostenibilidad.
Los datos de afiliación y paro registrado de septiembre vuelven a confirmar los buenos resultados en materia de empleo, con un descenso del paro en 4.846 personas, lo que no ocurría desde 2007 (dado que septiembre es un mes habitual de crecimiento del paro como consecuencia del fin de la temporada alta veraniega), arrojando con ello la cifra de paro más baja para un mes de septiembre en los últimos dieciocho años.
Sobre la afiliación a la Seguridad Social se registra el mayor incremento mensual de la serie, hasta alcanzar 21.697.665, lo que con respecto a hace doce meses el aumento se eleva a casi medio millón de personas.
Además, la tasa de temporalidad sigue descendiendo, situándose en el 12,6%, lo que supone una reducción de 15,8 puntos por debajo de la existente en España antes de la Reforma Laboral aprobada por el Gobierno y fruto del diálogo social.
La tasa de cobertura de la protección por desempleo se sitúa en el 82,51%, la mayor de toda la serie histórica (de todos los datos mencionados se excluyen los extraordinarios correspondientes a la pandemia).
Como también menciona el informe sindical, los incrementos salariales tanto del SMI implementado por el gobierno, como los incrementos salariales de la negociación colectiva demuestran su contribución a esta positiva dinámica, el impacto de los fondos europeos en nuestra economía y las aportaciones de los mismos en materia de innovación, también inciden en la mejora de la productividad, y en definitiva, como ya hemos tenido ocasión de señalar en anteriores artículos, esta buena senda debe ser reforzada e impulsada con iniciativas que aborden los desequilibrios, aún existentes, tanto en materia de género, como de edad para el acceso al empleo y particularmente el tratamiento específico y a la vez integral del paro de larga duración.
Experiencias como las que ya se llevaron al cabo por el Gobierno, con Planes como el Plan REINCORPORA-T, en cuya gobernanza participaron diversos departamentos ministeriales, las Comunidades Autónomas, los interlocutores sociales y la Federación Española de Municipios y Provincias, que impulsaba la continuidad del acompañamiento en las distintas transiciones de entrada y salida del mercado laboral para las personas vulnerables ante el empleo, prestando una atención adecuada e individualizada a las personas en paro de larga duración y muy especialmente en la prevención del paro de larga duración, ha dejado lecciones que deben aprovecharse para la prevención y atención al paro de larga duración. Al igual que las experiencias de los programas de empleo dirigidos a colectivos especialmente vulnerables desarrollados a través del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Además, se deberían generalizar, en los procesos de reestructuración, los programas de recolocación, orientados especialmente a las personas trabajadoras de más edad, así como el fomento de la cultura del valor de la experiencia, frente al edadismo rampante que se extiende, para lo que es fundamental el compromiso de la empresa, la difusión de las buenas prácticas de las empresas que contratan personas trabajadoras senior y especialmente de aquellas que las mantienen y promocionan laboralmente.
Incentivar a las empresas que combaten el edadismo, reducir la diferencia del paro de larga duración entre grupos de edad, luchar contra la brecha de género en el paro de larga duración, continuar extendiendo la formación a lo largo de toda la vida y de manera especial hacer llegar a la empresa la oferta formativa existente para las personas trabajadoras de la microempresa y de la pequeña y mediana empresa, requiere de un compromiso colectivo de país. En este compromiso, los interlocutores sociales y de manera particular las organizaciones empresariales deben desempeñar un papel activo para fomentar en la empresa el valor de la experiencia y contribuir con ello a la prevención del paro de larga duración.
Es una tarea que merece la pena, un reto de los que se afronta con más éxito en un contexto de crecimiento económico y del empleo.
