La Transición Ecológica Justa en el Pacto Verde Europeo

La Transición Ecológica aparece ligada a cuatro ejes fundamentales (Clima, Energía, Biodiversidad y Contaminación) de los once sobre los que ha girado el Pacto Verde Europeo adoptado por la UE en 2019. Y junto al Objetivo explícito de “No dejar a nadie atrás” ha sido también un referente sobre el que ha incidido de forma destacada el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), aprobado para combatir los efectos de la Covid-19, o los propios Presupuestos europeos aprobados para el período 2021-2027.

Transición Ecológica Justa sobre la que no cabe duda que la pandemia del COVID 19, a los pocos meses de la aprobación del citado Pacto Verde Europeo, influyó significativamente, al producirse un cambio radical en la política de la UE que se manifestó claramente en la puesta en marcha del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) y en los Planes de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR) de los distintos países, con el objetivo de avanzar en los Pilares definidos para el MRR. Todo lo cual supuso un cambio importante en la estructura inversora de los distintos países miembros, incluida España, que se suponía iba a generar una profunda transformación “verde” en la UE, avanzando significativamente en la transición ecológica, con una mejora de la salud y calidad ambiental, así como en la cohesión social con la disminución de las desigualdades.

La invasión de Ucrania por Rusia, en 2022, y la crisis energética asociada a las sanciones que se impulsaron contra este país, incidieron muy negativamente sobre una estructura energética europea fuertemente dependiente de Rusia, que pasó a serlo de EEUU, pero con un fuerte incremento en los costes medios energéticos y una elevación muy sensible de la pobreza energética y de las desigualdades sociales.

La UE fue aumentando sus compromisos y exigencias energéticas y ambientales para sus países miembros hasta que el descontento de amplias capas de población, afectadas por el incremento de precios que esas exigencias implicaban, y su giro hacia posiciones de extrema derecha, llevaron a un proceso de ralentización en la dinámica impuesta a la transición ambiental, a la que no es ajena la presión de los lobbies de las multinacionales ligadas a la energía o a la automoción, pero no solo a ellas. Las presiones de agricultores y de los grandes lobbies multinacionales de la industria, de las nuevas tecnologías o de las finanzas han ido igualmente en el sentido de sacrificar la transición ecológica a la potenciación del crecimiento económico, de la competitividad internacional, y al proceso de acumulación de capital en los mayores niveles de renta.

Aunque el resultado práctico ha sido un aumento de la presión para recortar las medidas ligadas a la transición ecológica, una parte importante del capital europeo mantiene su enfoque hacia una transición energética que le permite capitalizar las oportunidades de rentabilizar la descarbonización y las medidas de adaptación al cambio climático. Lo que ha hecho que, en la UE27, la inversión en energía baja en carbono haya superado a la dirigida a proyectos de energías fósiles.

No obstante, se ha impuesto una vuelta a la potenciación de la perspectiva economicista en la nueva CE derivada de las elecciones celebradas en 2024, que ha venido potenciada por el informe “The Future of EU Competitiviness” elaborado por Mario Draghi[1], cuyo diagnóstico apuntaba a que el proyecto europeo estaba en peligro debido a su pérdida de competitividad económica en los mercados globales, fundamentalmente respecto a Estados Unidos y China. Lo que exigía, en su opinión, establecer el crecimiento y la acumulación de capital, junto al aumento del consumo europeo, como objetivos necesarios para la UE, sin cuestionar, en la práctica sus contradicciones e incompatibilidades con la sostenibilidad de los ecosistemas en crisis del planeta (la biosfera, el clima, la criosfera y los ciclos de nutrientes y agua) imprescindibles para mantener la salud y bienestar del conjunto de la población.

Adicionalmente, el incremento de las desigualdades sigue siendo un problema fundamental en la dinámica europea, pero se mantiene la idea tradicional de “primero crecer y luego distribuir”, desaprovechando, entre otras, la ocasión para proteger a los ciudadanos de la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles, y para equipar mejor una transición justa que pueda beneficiar a todos los hogares. En cambio, en línea con el Informe de Draghi, se reclaman nuevas políticas de inversión e intervención pública de apoyo al sector privado, justificadas como réplica a las políticas nacionalistas y autoritarias de los EEUU, derivadas de las acciones ejecutivas de su nuevo presidente[2].

Aunque las tres áreas de acción establecidas en la Brújula de Competitividad —innovación, descarbonización y seguridad— tienen importantes dimensiones ambientales y climáticas, al promover la industria limpia, la transformación del sistema energético, la economía circular y la reducción de la dependencia de las importaciones como prioridades clave, es evidente que el impulso a la competitividad beneficia a los accionistas y empresarios, pero no queda explícito cómo va a beneficiar realmente al resto de la población europea. Aspecto particularmente imprescindible dada la tendencia a una creciente oposición a la propia UE, potenciada por la extrema derecha, cada vez más empeñada en señalar la ausencia de beneficios para los ciudadanos de las políticas de la Comisión Europea o, incluso, la propia existencia de la UE.

¿Avance en la Transición Ecológica Justa Europea?

El Informe quinquenal de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA, EEA en sus siglas inglesas) sobre el estado ambiental de la UE[3], donde se incluye, igualmente, el análisis sobre España[4], va a ser el objetivo fundamental de este artículo, dejando para el artículo siguiente de esta Sección las valoraciones de la AEMA sobre España.

Con respecto a la UE, la principal conclusión del Informe es que el estado del medio ambiente en Europa no es bueno, persistiendo graves amenazas a una naturaleza cada vez más deteriorada, sobreexplotada y con creciente pérdida de biodiversidad. Y, aunque respecto a la contaminación y a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) las políticas desarrolladas han conseguido progresos, destaca que el calentamiento global sigue generando riesgos en ascenso. Europa se está calentando al doble de velocidad que la media mundial, y los fenómenos meteorológicos extremos impulsados por el cambio climático afectan crecientemente al patrimonio y a la vida de los europeos.

El Informe destaca que la UE es líder mundial en la reducción de sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y en el uso de combustibles fósiles, habiendo duplicado la cuota de energías renovables desde 2005. También destaca que ha avanzado considerablemente en la mejora de la calidad del aire, en el aumento del reciclado de residuos y en la eficiencia en el uso de los recursos en los últimos 10-15 años.

Los mayores desafíos residen en la reducción de la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas; en la urgente necesidad de lograr una adaptación y resiliencia socioeconómica ante un cambio climático cada vez más acelerado; en la contaminación del agua; y en los impactos derivados de los crecientes niveles de consumo en la UE. Pero existen expectativas de mejora por los avances hacia la sostenibilidad, asociados con la buena evolución de la innovación, el empleo verde y las finanzas sostenibles.

De forma sintética el Cuadro 1 resume los resultados de la evaluación realizada por AEMA, considerando: (1) las tendencias que han dominado los últimos 10-15 años (o periodos más amplios); (2) las previsiones que se derivarían de las políticas vigentes hasta 2030; y (3) las previsiones esperables para los horizontes del 2035-2040. Estas tendencias y previsiones se marcan en rojo cuando la UE se está alejando de los objetivos previstos; en amarillo si se está avanzando parcialmente; o en verde si se está acercando a los objetivos deseados.

Complementariamente, EUROSTAT ha ido publicando informes anuales sobre la evolución en el logro de los ODS en la UE, el último de los cuales[5] fue objeto de consideración en el artículo de esta Sección de 14 de julio de 2025[6]. De manera general la evolución se sintetizaba en la Figura siguiente, de donde cabía destacar que hay un claro avance en los objetivos de índole socioeconómica, pero un claro retroceso relativo en los objetivos más ambientales, con un claro deterioro del patrimonio de la UE, en línea con lo que señala al respecto el Informe de AEMA.


Atendiendo a los aspectos ambientales y al objetivo de “no dejar a nadie atrás”, que son los relevantes para este artículo, el Informe de EUROSTAT mostraba que, en los últimos cinco años la UE ha logrado avances en sus objetivos y metas relacionados con la reducción de las desigualdades (ODS 10), aunque la población en riesgo de pobreza y exclusión social no avanza a un ritmo suficiente para alcanzar los objetivos establecidos. Avanza en crecimiento económico sostenible y en la participación en el mercado laboral (ODS 8); se destaca un progreso moderado, pero con buenos resultados, en consumo y producción responsables (ODS 12) y en hambre cero (ODS 2). Pero, por el contrario, la evaluación no muestra avances significativos en la vida submarina (ODS 14), debido a la lenta expansión de las áreas marinas protegidas y al deterioro de la salud de los océanos. Y se observa un alejamiento de los objetivos de desarrollo sostenible en materia de agua limpia y saneamiento (ODS 6) ya que el progreso hacia el ODS 6 se ha visto afectado negativamente por el estrés hídrico. Y tampoco avanza en el ODS15 (vida de ecosistemas terrestres) que se ha visto afectado negativamente por la degradación de las tierras y la pérdida de biodiversidad.

Como síntesis, en su página 329 el Informe de EUROSTAT destaca que el incremento de población y de valor añadido bruto productivo registrados entre 2017 y 2022, ha ido asociado a un incremento de la huella de carbono material y agrícola, reduciéndose exclusivamente la huella asociada a las emisiones de gases de efecto invernadero, reflejo de las políticas de descarbonización emprendidas por la UE, con un balance neto ambiental global que no cabe considerar satisfactorio

Avances en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y en la seguridad energética

Como hemos señalado, se están logrando avances importantes en la mitigación del cambio climático, habiéndose reducido las emisiones internas de gases de efecto invernadero (GEI) en un 37% desde 1990, fundamentalmente por la reducción del uso de combustibles fósiles y la duplicación de la cuota de energías renovables desde 2005. Además, las políticas vigentes permiten prever que la UE cumplirá el objetivo, para 2030, de reducir las emisiones netas de GEI en al menos un 55% en comparación con los niveles de 1990. Lo que ha mejorado y mejorará la competitividad y la seguridad energética de la UE, al reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados y aumentar la cuota de energía renovable en todos los Estados miembros de la UE. Proceso que ha venido acompañado de una mayor eficiencia energética que ha reducido la demanda energética, logrando que, en 2023, las fuentes de energía renovables representaran más del 24% del consumo final de energía de la UE.

Sin embargo, los combustibles fósiles siguen siendo la fuente de energía dominante, representando casi el 70% del consumo energético bruto disponible de la UE en 2023, lo que demuestra que se necesita más inversión para acelerar el despliegue de las energías renovables y permitir una transformación más profunda del sistema energético europeo, para lo que es preciso la eliminación gradual de los subsidios a los combustibles fósiles.

El sistema industrial de la UE ha reducido sus emisiones de GEI en más de un 35% entre 2005 y 2023. Pero una mayor descarbonización requerirá la electrificación a gran escala, la transición al hidrógeno en ciertos procesos industriales y la sustitución de materiales basados en combustibles fósiles por materiales renovables o recirculados.

En el sector de la construcción, las emisiones de GEI de los edificios de la UE se redujeron en más de un 35% entre 2005 y 2023 gracias a la aplicación de normas más estrictas de eficiencia energética para los edificios de nueva construcción y a la descarbonización de los sectores de la electricidad y la calefacción. En ese sentido, el Informe considera que es necesario incidir en mayor medida en el logro de una renovación energéticamente eficiente de los edificios, en lograr edificios resilientes al clima, y en potenciar la adopción de modelos de economía circular que garanticen que el parque inmobiliario de la UE cumpla las exigencias de “carbón cero” para 2050. Objetivo francamente difícil de conseguir.

En el campo de la movilidad, en la UE las emisiones del sector del transporte han disminuido solo de forma marginal en la última década (un 6% de reducción entre 2005 y 2023) debido a que en el sector domina el transporte en vehículos, y los turismos representan más del 75 % de la actividad de transporte en Europa, dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles.

De igual manera, las emisiones de GEI de la agricultura solo disminuyeron modestamente, con una reducción del 7% desde 2005, representando el 93% de las emisiones atmosféricas de amoníaco de la UE.

La absorción de carbono en la UE relacionada con el uso de la tierra ha disminuido aproximadamente un 30% en comparación con la última década, como consecuencia de factores como el cambio de uso de la tierra y la silvicultura, el envejecimiento de los bosques, la tala de árboles más frecuente y generalizada, los crecientes impactos del cambio climático y las perturbaciones naturales graves, como los incendios forestales, las sequías y las plagas.

Incremento de los riesgos y de sus efectos

Desde la perspectiva de los riesgos climáticos, Europa es el continente que se calienta más rápido del planeta, amenazando la seguridad, la salud pública, los ecosistemas, las infraestructuras y la economía. Las lluvias torrenciales están aumentando en severidad, y varias regiones han sufrido inundaciones catastróficas en los últimos años. Actualmente, alrededor del 12% de la población europea vive en zonas propensas a inundaciones, mientras que el 11% de los centros sanitarios y casi el 15% de las instalaciones industriales de Europa se ubican en dichas zonas.

El sur de Europa se ve afectado por la escasez de agua y los incendios forestales, con sequías que afectan a la producción de alimentos, al sector energético y al suministro público de agua. Las cambiantes condiciones de cultivo, los fenómenos meteorológicos extremos, o la reducción de la disponibilidad y la calidad del agua, presentan riesgos para la seguridad alimentaria de Europa, especialmente en el sur de Europa.

En 2022 y 2023, la grave sequía en algunas partes de Europa provocó considerables pérdidas agrícolas que se tradujeron en un aumento de los precios de los alimentos para los consumidores. Por ello, de cara al futuro, es urgente que el sector agrícola europeo se adapte a los fenómenos meteorológicos extremos para garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo de la UE.

El calor extremo, antes poco común, se está volviendo más frecuente, con graves consecuencias para la salud de la población. Se estima que más de 70.000 personas murieron a causa del calor en Europa en 2022. Y que más de 240.000 muertes fueron causadas por fenómenos meteorológicos y climáticos extremos entre 1980 y 2023 en la UE-27.

Adicionalmente, los fenómenos meteorológicos y climáticos extremos causaron pérdidas económicas estimadas en 738.000 millones de euros en la UE durante el período 1980-2023, con más de 162.000 millones de euros en costes solo entre 2021 y 2023. A medida que el cambio climático se acelera, los costos aumentan, y las pérdidas económicas anuales promedio asociadas a fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en el período 2020-2023 fueron 2,5 veces mayores que en la década anterior, de 2010 a 2019. Al mismo tiempo, la brecha de cobertura de seguros en Europa es considerable: la mayoría de los países informan que más del 50 % de las pérdidas no están aseguradas. Esta brecha también se ha ampliado con el tiempo, ya que las pérdidas no aseguradas han crecido a un ritmo más rápido que las aseguradas.

Pérdida de biodiversidad y afección a los servicios de los ecosistemas

Desde la perspectiva de la biodiversidad se destaca que ésta está disminuyendo en los ecosistemas terrestres, de agua dulce y marinos de la UE debido a las presiones persistentes impulsadas por patrones de producción y consumo insostenibles, en particular en lo referente al sistema alimentario.

Entre las presiones clave se incluyen los cambios en el uso de la tierra y el mar, la sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación y las especies exóticas invasoras, y los impactos cada vez más graves del cambio climático sobre la biodiversidad europea en su conjunto. La agricultura es la principal causa del declive de los polinizadores y de la degradación del suelo, socavando los servicios ecosistémicos de los que depende su productividad.

Destacan que más del 80% de los hábitats protegidos se encuentran en mal estado, con entre el 60% y el 70% de los suelos degradados, no habiéndose alcanzado el objetivo de 2020 de la Estrategia de la UE sobre Biodiversidad de detener e invertir la pérdida de biodiversidad.

Como aspecto positivo, señalan que la extensión de las áreas protegidas aumentó durante la última década[7], pero se prevé que continúe el deterioro de la biodiversidad y los ecosistemas europeos, siendo improbable que se alcancen los objetivos políticos establecidos para el 2035-2040.

Por otro lado, también la degradación de los ecosistemas y el cambio climático amenazan la estabilidad financiera, ya que cerca de tres cuartas partes de las empresas que producen bienes y servicios en la zona euro dependen críticamente de los servicios ecosistémicos. La pérdida de servicios como el suministro de agua[8], la salud de los suelos o la polinización afecta a la producción y se traduce en riesgo financiero, mientras que las inundaciones, las sequías y los incendios forestales pueden dañar el patrimonio existente.

El Informe destaca que las empresas también se enfrentan a riesgos de transición, por lo que deben adaptarse a un panorama jurídico cambiante y a las nuevas condiciones del mercado. Esto ocurre en un contexto en el que el 75% de los préstamos bancarios en la zona euro se conceden a empresas que dependen de los recursos naturales.

El Informe confía en que el Reglamento sobre la Restauración de la Naturaleza, cuyo objetivo es restaurar, para 2030, al menos el 20% de las zonas terrestres y marinas de la UE con mayor potencial para capturar y almacenar carbono y prevenir y reducir el impacto de los desastres naturales, utilizando soluciones basadas en la naturaleza, fortalecerá, con el tiempo, la resiliencia de los sistemas naturales y permitirá tanto la adaptación como la mitigación del cambio climático.

Avances en la reducción de la contaminación y sus efectos

El Informe muestra que la contaminación atmosférica causa al menos 239.000 muertes prematuras al año, mientras que la contaminación acústica es responsable de 66.000 muertes prematuras. Y ello pese a que el progreso en la reducción de la contaminación, mejorando la calidad del aire, ha salvado vidas, con una reducción del 45 % en las muertes prematuras atribuibles a partículas finas entre 2005 y 2022. No obstante, la contaminación continúa reduciendo significativamente la calidad de vida en la UE haciendo perder cada año millones de años de vida saludable de la población de la UE.

De hecho, estima que al menos el 10% de las muertes prematuras en Europa se deben a la exposición al aire, el agua[9] y el suelo contaminados, al ruido y a sustancias químicas nocivas, habiéndose detectado que una gran parte de la población de la UE presenta niveles peligrosos de sustancias químicas tóxicas en su organismo.

Pese a décadas de legislación de control de la contaminación, la reducción de las emisiones atmosféricas de la industria no ha logrado evitar que la industria siga siendo un importante contribuyente a la contaminación atmosférica, con unos costes considerables (fundamentalmente por su incidencia en la salud ciudadana) que, en 2021, ascendieron a 353.000 millones de euros.

Finalmente, su previsión sobre el logro de los objetivos de mejora de salud ambiental y humana es heterogénea como veíamos en el Cuadro 1, con pocas probabilidades de que se cumplan los objetivos políticos de reducción del ruido ambiental y de la contaminación del agua.

Avances en el desarrollo de la economía circular

En cuanto a la transición hacia la economía circular la evolución es desigual. Existen avances positivos en el diseño circular y en la producción sostenible y reciclaje de residuos, pero solo avances parciales y resultados insatisfactorios para 2030 en el resto de factores que afectan a la economía circular en su conjunto, tal y como apreciábamos en el Cuadro 1.

De hecho, Europa solo aumentó ligeramente su tasa de circularidad, del 10,7 % en 2010 al 11,8 % en 2023. Y, aunque existen tendencias positivas en Europa hacia una economía más circular, con un aumento en la proporción de reciclaje de residuos, una mejora en la eficiencia de los recursos en los últimos 10-15 años y mejoras en la financiación de la circularidad, lo cierto es que estas medidas se muestran insuficientes para el logro de los objetivos establecidos. En particular, consideran improbable que se alcance el objetivo para 2030 de duplicar el uso circular de materiales.

El consumo de materiales dentro de la UE es insostenible y mucho mayor per cápita que en la mayoría de las demás regiones del mundo lo que exige reducir la demanda de materiales y energía de los principales sistemas de producción y consumo de la UE de forma urgente. Además, el consumo de la UE se basa en la importación de recursos a través de las cadenas de suministro internacionales, lo que implica que gran parte de la degradación ambiental provocada por la extracción, el procesamiento y el uso de recursos para satisfacer ese consumo se produce fuera de ella, haciendo dependiente a la UE del acceso y precios de los mismos, crecientemente tensionados por la demanda mundial[10].

Es urgente reducir la huella de carbono de la UE bajando la demanda de nuevos recursos a lo largo de toda la cadena de valor, potenciando un cambio en los sistemas de producción y consumo que avance hacia la circularidad y ejerza una gestión responsable de los recursos naturales. Pero transformar los sistemas de producción y consumo de la UE requiere políticas y acciones coordinadas en múltiples niveles de gobernanza, que promuevan buenas prácticas en los sectores alimentario, energético y de la vivienda, así como en la adaptación al cambio climático.

En un marco mundial en el que la creciente presión ambiental y la inestabilidad geopolítica cuestionan el acceso eficiente a recursos naturales de los que la UE carece, es vital potenciar esta agenda de circularidad con un uso de recursos y generación de residuos reducidos, y donde los productos y materiales se recirculan para su posterior uso. Para ello, abogan por la mejora de la calidad del reciclaje, impulsar la demanda de materiales reciclados y reducir costes mediante un mercado único de residuos, materias primas secundarias y materiales reutilizables en la UE. Con ello se conseguirá también reducir la dependencia de la UE de las importaciones de energía y materiales y, por lo tanto, mejorar su autonomía estratégica.

Reflexiones finales

Como hemos apreciado, la UE ha logrado avances significativos, aunque claramente insuficientes, en transición ecológica con el Pacto Verde Europeo, lo que ha sido compatible con llegar a representar el 17% del PIB mundial, y situarse a la vanguardia de la transición energética y ambiental. Pero el cuestionamiento de las dimensiones ambientales de sus políticas ha sido creciente desde las perspectivas economicistas predominantes en el seno de la UE, y desde las crecientes perspectivas negacionistas del cambio climático asociadas al auge de la extrema derecha.

Aspecto particularmente relevante cuando la Comisión Europea (CE) debe definir, y los ministros de medio ambiente acordar la Contribución Determinada a Nivel Nacional (CDN) de la UE para 2035, antes de la COP30 sobre Cambio Climático que se celebrará en Brasil a finales de noviembre de este año 2025. Sobre la mesa están la propuesta de reducción del 90% de las emisiones para 2040, frente a la “declaración de intenciones” de recortar sus GEI entre un 66,3% y un 72,5% respecto a 1990, para 2035, presentada en Nueva York, en septiembre de este año. Y ello en un marco en el que la propia CE ha evaluado el progreso de los Estados miembros hacia el objetivo de neutralidad climática de la UE como insuficiente y cada vez es más improbable lograr el objetivo del 55% (probablemente sea solo el 52%) de reducción de las emisiones para el 2030, con las políticas previstas hasta marzo de 2025.

La UE pidió, en 2023, una eliminación gradual a nivel mundial de los combustibles fósiles y de los subsidios a los combustibles fósiles que no se utilizan para una transición justa; sin embargo, pese a sus fuertes importaciones de combustibles fósiles, un año después no había tomado medidas para establecer objetivos nacionales concretos de eliminación gradual de los combustibles fósiles que serían necesarios para hacer operativa la transición hacia el abandono de estos combustibles con carácter de urgencia. Porque, desde la perspectiva de la competitividad, aunque la inflación y los precios energéticos se han logrado reducir significativamente en la UE desde 2022, estos últimos se mantienen en cantidades que son del orden del doble de los precios energéticos de EEUU.

A pesar de los éxitos, especialmente en la mitigación del cambio climático y la reducción de la contaminación, las perspectivas para la mayoría de las tendencias ambientales son preocupantes y están inextricablemente entrelazadas con las perspectivas económicas, la seguridad y la calidad de vida de Europa. Solo restaurando el medio ambiente natural en Europa podremos mantener una alta calidad de vida para los ciudadanos europeos y garantizar que podamos satisfacer las necesidades actuales de las personas sin sacrificar las de las generaciones futuras. Y, en ese sentido, los avances hacia la disminución de los impactos ambientales de la UE están muy por debajo de lo necesario para reequilibrar la huella ecológica de sus ciudadanos con la biocapacidad disponible y con las nuevas necesidades globales de no sobrepasar los límites biofísicos del planeta.

Además, en un marco en que la población en riesgo de pobreza y exclusión social sigue representando un porcentaje muy significativo de la población total y donde las desigualdades siguen creciendo, no hay que olvidar que la creciente frecuencia y magnitud de los desastres relacionados con el clima, así como el conocimiento de que el clima seguirá cambiando incluso con los ambiciosos esfuerzos de mitigación de la UE[11], subraya la urgente necesidad de adaptar la sociedad y la economía europeas, garantizando al mismo tiempo que nadie se quede atrás. La población con menores niveles de renta y particular los grupos socialmente vulnerables de esta población, como las personas mayores, los niños, los grupos de menores ingresos y las personas con discapacidad, se ven afectados de forma mucho más grave y desproporcionada por el cambio climático y no siempre se benefician equitativamente de las respuestas de adaptación que se adoptan. Por ello, compensar la distribución desigual de los riesgos ambientales en la sociedad europea es también una dimensión importante de la justicia social.

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[1] Para Draghi es fundamental devolver el atractivo inversor a una economía innovadora que pueda competir con éxito en los mercados mundiales de capitales, para lo que define cuatro ejes fundamentales de intervención, con 170 medidas en 10 sectores que considera claves. https://commission.europa.eu/topics/eu-competitiveness/draghi-report_en

[2] Las nuevas propuestas políticas de la Comisión Europea vienen reflejadas, fundamentalmente, en la Brújula de Competitividad (https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/fs_25_338); el Pacto Industrial Limpio (https://commission.europa.eu/topics/eu-competitiveness/clean-industrial-deal_en) que se supone mantendrá las acciones para lograr la neutralidad climática para 2050; los planes ómnibus de simplificación (https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/ip_25_614); el Plan de Acción para una Energía Asequible (https://ec.europa.eu/commission/presscorner/detail/es/qanda_25_571) y el “Camino hacia el Marco Financiero Plurianual” (https://www.europarl.europa.eu/factsheets/es/sheet/29/el-marco-financiero-plurianual) como elementos clave necesarios para la nueva transición justa que la CE pretende para su senda hasta el 2050.

[3] EEA (2025) Europe’s environment 2025 Published 29 Sept 2025 https://www.eea.europa.eu/en/europe-environment-2025 Este Informe quinquenal es el más completo sobre el estado actual y las perspectivas del medio ambiente, el clima y la sostenibilidad. Recoge datos de 38 países del continente europeo.

[4] https://www.eea.europa.eu/en/europe-environment-2025/countries/spain

[5] EUROSTAT (2025). Sustainable development in the European Union Monitoring report on progress towards the SDGs in an EU context 2025 edition. https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-flagship-publications/w/ks-01-24-018

[6] Antonio Serrano. ¿Avanza la sostenibilidad del desarrollo en España? https://fundacionsistema.com/avanza-la-sostenibilidad-del-desarrollo-en-espana/

[7] En 2022, el 26,1% del territorio terrestre y el 12,3% de los mares de la UE estaban protegidos, aunque la designación de áreas protegidas por sí sola no garantiza una protección eficaz de la biodiversidad.

[8] En el Informe destacan cómo los recursos hídricos de Europa se encuentran bajo una grave presión, ya que el estrés hídrico afecta actualmente al 30 % del territorio europeo y al 34 % de la población. Solo el 37 % de las masas de agua superficiales de Europa presentaban un estado ecológico bueno o elevado en 2021, y la degradación de los ecosistemas acuáticos amenaza la resiliencia hídrica de Europa. Como causa principal de este deterioro señalan la presión de la agricultura sobre las aguas superficiales y subterráneas. La escorrentía de fertilizantes y pesticidas degrada la calidad del agua, promoviendo el crecimiento excesivo de algas, reduciendo los niveles de oxígeno y provocando la pérdida de vida acuática.

[9] Muchas aguas europeas están contaminadas con sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas que superan los valores límite establecidos por la UE.

[10] A nivel mundial, la extracción de recursos se ha triplicado en los últimos 50 años y sigue aumentando.

[11] La UE es responsable del orden del 6% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2023, acumulando históricamente el 12% de todas las emitidas entre 1850 y 2022, situándose, tras EEUU, que acumula el 20% de dichas emisiones históricas, como segundo responsable al mismo nivel que China. Por otra parte, en relación a las emisiones per cápita la UE solo era superada por Rusia, EEUU y China, en este orden, situándose, no obstante, más de un 10% por debajo de la media del G20, sin la Unión Africana.