¡¡Que pesados!!

Decía Aristóteles, en la Política, que “el peor de los crímenes es aquel que comete el hombre contra la verdad, pues la mentira y el engaño son destructores de la confianza y la cohesión social.”  También señalaba que “decir falsedades es fácil, y no sólo es fácil sino también tiene muchas maneras”.

Esta facilidad para mentir se ve en nuestros días amplificada por muchos medios de comunicación que priman la cuenta de resultados y sus intereses sobre la libertad de expresión e información y sobre la veracidad de lo que dicen en muchas ocasiones.

Así, ha surgido un número ingente de pseudoinformadores, porque ser periodista es algo más serio, que siguen a pie juntillas muchos de los once principios de la propaganda nazi creados por Goebbels: individualizar al adversario en un único enemigo, cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, hacer popular la propaganda, repetir una mentira muchas veces para que acabe por convertirse en realidad, construir argumentos a partir de fuentes diversas, acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario y también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines, e intentar convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

Decían los clásicos que intentar explicar a un adicto a la mentira y el resentimiento la realidad es complicado, pero vamos a intentarlo de nuevo con la ciencia como bandera, frente al bulo de los cuadritos. Sin acritud. Y con la enésima invitación a que vayan al CIS a conocer cómo se trabaja en la institución.

La primera cosa obvia que hay que recordar es que los seres humanos tenemos la capacidad de tomar decisiones autónomas, es decir, tenemos un libre albedrío donde podemos decir hoy una cosa y cambiar luego de opinión. No vivimos en un Excel, en “R” o en Python.

La segunda es que la ciencia tiene que ser totalmente transparente para que pueda ser analizada la metodología empleada por cualquiera y, desde un debate científico respetuoso y calmado, avanzar hacia nuevos métodos de investigación si son mejores que los anteriores. Estos principios de total transparencia en las encuestas en España solo los cumple el CIS.

Digo esto a raíz de la enésima mentira de Llaneras y compañía sobre el CIS. Una historia de intriga y desamor que no han podido superar. Por si mucha gente no lo sabe, la animadversión de Llaneras y compañía con el CIS no tiene que ver con la ciencia, viene desde el mismo momento en que, tras la victoria de la moción de censura contra Rajoy, creyeron que se iban a hacer con el “control” del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Y en un curioso cenáculo, tras afirmar alguno de los comensales que podía ser el próximo presidente del CIS, se repartieron incluso diversos puestos. Pero, pasaron los días y para su pesar la anunciada noticia no se produjo. Y para más inri, fue nombrado presidente del CIS uno de los más reputados Catedráticos de Sociología, que llevaba haciendo investigación sociológica y encuestas desde principios de los años setenta del siglo pasado.

Desde ese momento, desde que el nuevo presidente se sentara a dirigir el CIS, comenzaron las críticas, desde distintos ámbitos y con intereses cruzados. Pero claro, de cara a la opinión pública quedaba un poco mal, para esta “pseudoizquierda caviar”, en este caso, criticar al nuevo presidente porque le habían nombrado a él y no a ellos.

De esta forma decidieron dejar a un lado la verdad y comenzaron a torturar los datos, a tomar como prisionero a “R” y Python, para que de sus entrañas saliera un pseudodatismo que les ayudara a conseguir su objetivo: “Leña a Tezanos hasta que acabemos con él y nos pongan a nosotros”, ese fue y es el lema.

Y con esos datos torturados siguen utilizando sus distintas plataformas mediáticas para difundir la mentira, con una desproporción brutal entre sus apariciones y la posibilidad de respuesta a esas mentiras, porque saben que te deniegan el acceso. Esta seguridad ha llevado a alguno de ellos a no tener reparos en mencionar su estrategia de acoso y derribo al CIS, en algunas ocasiones, en distintos mentideros madrileños y medios de comunicación. Y ahí estamos desde el año 2018.

Hay que reconocer que son constantes. Pero, recordando a Machado, hay que decirles: “Tú verdad, no; la verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.”

Digo esto, porque tras leer el artículo de Llaneras, ¿Cómo lo hicieron las encuestas? Bien las nuestras; no tanto el CIS, se constata de nuevo el resentimiento y la mentira, con unos datos torturados para que confiesen qué buenos son ellos y qué malo es el CIS.

MIENTE cuando dice sin ningún tipo de sonrojo: “Las estimaciones de 40dB que publican EL PAÍS y la SER apenas se desviaron un punto por partido, que es una precisión notable” (EL PAIS, 15/07/2024), acompañado de sus tablitas y cuadros de Python.

Lo fundamental en las elecciones catalanas era ver si la sociedad en esa comunidad daba por superado el “procès” en las urnas, o por el contrario continuaba otorgando mayoría absoluta en el Parlament a las fuerzas políticas independentistas, como venía ocurriendo desde el año 2012.

Pues bien, las dos encuestas de 40DB, para EL PAIS, dieron mayoría absoluta al bloque independentista, cuando el resultado electoral de estos partidos fue de 61 escaños, siete por debajo de la mayoría absoluta.

Si siguiera el criterio de análisis de Llaneras, diría que esas dos encuestas, cuyos gráficos se ven a continuación, solo con ese dato quedan totalmente invalidadas, porque erraron en la cuestión clave que se dilucidaba en las elecciones. La posibilidad de un gobierno liderado por no independentistas.

MIENTE cuando afirma que “el CIS volvió a ser impreciso” y señala que “el mal desempeño del CIS no es una noticia”. Debe darle igual que el CIS haya mostrado el partido político que ganaría las elecciones en 37 de los 39 procesos electorales en elecciones autonómicas, europeas y generales desde el año 2018, en un periodo de tanta volatilidad y fragmentación electoral.

El CIS, en sus encuestas para estas elecciones catalanas, dijo que no habría una mayoría absoluta de fuerzas independentistas en el Parlament, como así ocurrió. Este era y es el elemento clave, aunque no único, porque una cosa es ganar las elecciones y otra quién gobierna. Como ocurrió en el año 2017, donde ganó Ciudadanos y el President fue Quim Torra de Junts, o en 2021 donde ganó Salvador Illa (PSC-PSOE) y fue investido como President Pere Aragonès, de ERC.

El CIS en sus encuestas sostuvo que el PSC-PSOE ganaría en votos y escaños, como así ocurrió por primera vez en unas elecciones autonómicas. En votos dio una estimación entre 26,9 y 28,3%. Y el resultado del PSC-PSOE fue de 27,9%. En escaños, fue la que más se aproximó.

EL CIS en sus encuestas señaló que en la pugna entre CAT-Junts+ y ERC quedaría por delante Junts, y vislumbró en su última encuesta un movimiento electoral hacia Junts.

En definitiva, en las encuestas del CIS hay que destacar la absoluta transparencia metodológica, que no existe en la inmensa mayoría de las que se realizan en España. El CIS se apoya en un modelo que mide el apoyo electoral a los partidos que se traduce en un número de escenarios basados en el binomio inercia-incertidumbre. Estos escenarios se publican y pueden servir de base para una prospectiva electoral, basada en hipótesis diferentes a las del CIS. Cosa que no se puede hacer con las encuestas del resto de empresas demoscópicas, porque los modelos de estimación son secretos.

Ya sabemos que la publicación de gran cantidad de encuestas con escaso rigor científico se ha convertido en un elemento importante de las campañas que realizan algunas elites políticas, económicas y mediáticas, con el objetivo de influir en la opinión pública, especialmente en los procesos electorales, creando una falsa certeza sobre lo que sucederá. El último ejemplo destacado fueron las elecciones generales de julio de 2023.

Ya sabemos que la manipulación de las encuestas es una grave anomalía democrática, que atenta contra el derecho de los ciudadanos a recibir información veraz.

Afortunadamente, en España, las encuestas del CIS son totalmente transparentes, todos sus datos son accesibles para cualquier persona y su metodología de estimación también es totalmente transparente y accesible para que cualquiera la analice y proponga mejoras.

Esta transparencia, que no siguen la inmensa mayoría de las encuestas, debería ser exigible por ley para que la democracia española sea mejor y los ciudadanos cuenten con información de calidad, no manipulada, para tomar sus decisiones.