La desinformación no es algo marginal ni anecdótico. La mayoría de la gente cree que circulan muchos bulos, algo que les preocupa y que consideran que supone una amenaza para la democracia (https://fundacionsistema.com/la-verdad-no-esta-muriendo-la-estan-matando/). Además, la desinformación no solo engaña, sino que también puede manipular emociones, alimentar prejuicios y convertir la diferencia política, social o cultural en odio (https://fundacionsistema.com/cuando-el-bulo-se-convierte-en-odio/).
Ahora hay que dar un paso más. Porque, si los bulos existen, si preocupan y si dañan la convivencia, la siguiente pregunta resulta inevitable: ¿dónde cree la gente que se produce mayormente la desinformación? ¿Y quién considera que la utiliza?
La respuesta es contundente, y también incómoda. Para la ciudadanía española, el ámbito donde se considera que se produce mayoritariamente la desinformación (titulares engañosos, bulos, noticias falsas o manipulación de imágenes y vídeos) es la política, según los datos de la encuesta sobre desinformación y humor realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
Concretamente, el 61,2 % de la población considera que la desinformación se produce mayormente en la política. Muy por detrás, el 17 % cree que se produce en todos los ámbitos por igual. Salud y medicina aparecen con el 6 %, el mismo porcentaje que emergencias y seguridad ciudadana. Economía y finanzas se sitúan en el 3,1 %, y ciencia (cambio climático, energías, etc.) apenas alcanza el 1,5 %.
Estos datos muestran que la gente cree que se produce más desinformación en la política que en la salud, en las emergencias, en la seguridad, en la economía o en la ciencia. Algo muy grave, porque lo que significa es que, para una mayoría, es decir, para seis de cada diez personas, la política aparece como el espacio más contaminado por la información falsa, los titulares engañosos, los bulos, la manipulación y la sospecha.
Esto afecta directamente a nuestra convivencia, porque no solo supone el deterioro de la calidad de la información disponible, sino también el deterioro de la confianza en el debate público. La ciudadanía no está señalando un ámbito cualquiera, sino el espacio en el que se toman las decisiones colectivas, se canalizan los conflictos sociales, se representa a la población y se construye la legitimidad de las instituciones democráticas.
No estamos solo ante un problema de bulos. Estamos ante un problema transversal de credibilidad de la política, como demuestra que el 91,7 % de los españoles crea que hay partidos políticos que utilizan medios para desinformar, difundir bulos, noticias falsas o manipular vídeos e imágenes. Solo el 5,5 % cree que no. El 2,7 % no sabe y el 0,2 % no contesta.
La gente afirma que existen actores políticos que, de manera intencionada, utilizan los bulos. Es decir, habla de uso político de la mentira. Y entre quienes creen que hay partidos que desinforman, el 34,2 % señala a Vox. El 23,7 % al PSOE. El 20,3 % responde que todos. El 7,7 % menciona al PP. Y un 1,4 % a Podemos.
Y aquí está una de las claves del problema. Si la desinformación se percibe como normal en la confrontación política, se pierde la posibilidad de discutir sobre una base mínima de realidad compartida. Se puede discrepar sobre impuestos, inmigración, feminismo, vivienda, seguridad o política exterior. Eso forma parte de la democracia. Lo que destruye la democracia es que la disputa política deje de organizarse en torno a argumentos y empiece a organizarse en torno a sospechas, bulos y enemigos.
En este punto surge la pregunta de si todo el mundo ubica la desinformación en los mismos lugares y la atribuye a los mismos responsables. En los datos del CIS se observa:
- Por sexo, los hombres (66,9 %) identifican en mayor medida la política como el principal ámbito de desinformación que las mujeres (55,9 %). En cambio, las mujeres mencionan más que los hombres ámbitos como salud y medicina, con un 8,4 % frente al 3,5 %, y emergencias y seguridad ciudadana, con un 7,6 % frente al 4,3 %. En la atribución partidista, Vox aparece prácticamente igual entre hombres y mujeres, alrededor del 34,2 %. Sin embargo, los hombres señalan más al PSOE, con un 27,3 % frente al 20,2 % de las mujeres, que recurren más a la respuesta «todos».
- Por edad, la política es el principal ámbito de desinformación en todos los grupos. Entre las personas de 65 a 74 años alcanza el 66,5 %, mientras que entre los mayores de 75 años baja al 55,3 %. Los jóvenes de 18 a 24 años también sitúan la política en primer lugar, con el 59,1 %, pero destacan más que otros grupos emergencias y seguridad ciudadana, con el 13,3 %, y salud y medicina, con el 9,6 %. En cuanto a los partidos, los jóvenes de 18 a 24 años señalan especialmente a Vox, con el 40,3 %. Entre los mayores de 75 años, Vox baja al 24,1 %, mientras aumenta la mención al PP, hasta el 16,7 %, y también la incertidumbre.
- Por nivel de estudios, la identificación de la política como ámbito principal crece entre quienes tienen estudios superiores, donde alcanza el 66,2 %. Entre quienes tienen estudios primarios se sitúa en el 59,7 % y entre quienes no tienen estudios en el 55,2 %. La atribución partidista también cambia. Entre quienes tienen estudios superiores, el 46,3 % señala a Vox, frente al 20,6 % que señala al PSOE y el 4,8 % al PP. En cambio, entre quienes tienen estudios primarios la atribución aparece más repartida, con un 24,8 % al PSOE, 22,4 % a Vox y 18,7 % al PP.
- Por ideología, la percepción de que la política es el principal ámbito de desinformación es elevada en casi toda la escala. Donde aparecen las diferencias es en la atribución de responsabilidades. Entre quienes se sitúan en la izquierda, Vox aparece de forma muy mayoritaria como el partido que más usa la desinformación: el 67,1 % en la posición 1, el 78,1 % en la posición 2 y el 71,3 % en la posición 3. En cambio, en las posiciones de derecha, el PSOE pasa a ser el principal señalado: 53,7 % en la posición 7, 60,6 % en la posición 8, 78,5 % en la posición 9 y 68,5 % en la posición 10. En el centro ideológico, especialmente en la posición 5, destaca la respuesta «todos», con el 36,5 %.
- Por recuerdo de voto, la politización de la atribución aparece de forma aún más clara. Entre los votantes de Sumar, el 74,6 % señala a Vox. Entre los votantes del PSOE, lo hace el 58,9 %. En sentido contrario, entre los votantes de Vox, el 77 % señala al PSOE. Entre los votantes del PP, el 51,5 % también señala al PSOE, mientras que el 22,8 % responde que todos y solo el 9,7 % menciona a Vox. Es decir, casi todos creen que hay partidos que desinforman, pero no todos señalan al mismo responsable.
En definitiva, hay un acuerdo mayoritario sobre la existencia de la desinformación, pero un desacuerdo profundo sobre sus responsables. La mentira preocupa a casi todos, pero se tiende a verla antes en el adversario que en el propio campo político.
La desinformación mata la verdad. Pero, cuando se instala en la política, también mata algo más difícil de reconstruir: la confianza mínima que permite vivir juntos en democracia.

