Las mujeres seguimos siendo una de las partes de la sociedad más desfavorecida prácticamente en todos los ámbitos, lo que se refleja en la violencia de género y del odio hacia el diferente, la brecha salarial, los cuidados a la familia, el teletrabajo, que son algunos de los problemas que actualmente tenemos. Sufrimos una desigualdad estructural por el simple hecho de haber nacido mujer.

Está claro que la pandemia ha generado destrucción de empleo principalmente a las mujeres. Los sectores más feminizados son los que se han visto más afectados, y se ha puesto de manifiesto el problema estructural de los cuidados de la familia, que recae mayoritariamente sobre mujeres.

Según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) para el segundo trimestre del 2021, en España hay 1,3 millones más de hombres ocupados que de mujeres con empleo. La tasa de actividad de este periodo tiene una brecha de género de 9,76%, es decir, de la tasa de actividad total, el 63,59% son hombres, mientras que el 53,83% son mujeres.

Si miramos al desempleo y desagregamos los datos por sexo, se puede observar que la tasa de paro de las mujeres supera la tasa de paro de los hombres. Las mujeres registraron una tasa de paro de 17,36%, mientras que la tasa de paro registrada por los hombres ha sido de 13,39%. Y también las mujeres ejercen el 95,2% del empleo a tiempo parcial.

Además, durante la pandemia producida por el SARS-CoV-2 se ha incrementado el teletrabajo y el trabajo a distancia que también ha tenido un desigual impacto de género. Se ha invertido la tendencia de más de una década en donde el trabajo a distancia era una modalidad con una mayor presencia masculina. En España el número de mujeres que pasa a situación de teletrabajo dobla al de varones, con especial incidencia en los rangos de edad entre 25 y 54 años.

El perjuicio que se ha planteado a las mujeres es el retroceso en términos de corresponsabilidad. Ya que cuidados familiares (personas mayores dependientes o menores) siguen ejerciéndose mayoritariamente por mujeres. El 92,3% de las excedencias para cuidados las asumen las mujeres (dato de 2017). Por cada hombre que reduce su jornada laboral para atender a su descendencia, lo hacen siete mujeres. El 85% de las reducciones de jornada para el cuidado de hijos son satisfechas por mujeres. En definitiva la corresponsabilidad sigue siendo “cosa de mujeres”.

A esto hay que sumarle la discriminación que existe en los centros de trabajo, donde aún hay empleos en los que un hombre y una mujer que realizan el mismo trabajo, tienen diferentes salarios, y curiosamente ¿cuál es el inferior? El de las trabajadoras. La brecha salarial que existe tiene como una de sus causas la dificultad de conciliar la vida laboral y familiar, ya que suele aumentar cuando las mujeres tienen descendencia y no tienen otra oportunidad más que trabajar a tiempo parcial para compaginar sus responsabilidades familiares. Los sectores en los que predominan las mujeres los salarios son más bajos que en otros ámbitos donde hay más hombres. De ahí que la reciente subida del salario mínimo interprofesional es una medida que beneficiará a las mujeres ya que servirá para reducir la brecha de género y mejorar las rentas salariales de mujeres y jóvenes.

Esta situación en definitiva también afectará en el futuro de las pensiones “femeninas”, ya que a menos años de cotización y menor salario, menor cuantía en la pensión de jubilación.

Y, ¿qué ocurre con la representación de altos cargos en las empresas? Pues evidentemente son los hombres otra vez los que están en la cima. La escasa representación de las mujeres en altos cargos directivos es otro de los problemas que hacen que la mujer en el ámbito laboral no juegue el papel que debiera a pesar de tener mayor formación, existen personas trabajadoras de primera, los varones, y trabajadoras de segunda, las mujeres.

La igualdad y el feminismo es una de las características de la socialdemocracia, de hecho, en nuestro país la mayoría de las leyes que se han desarrollado para evitar la desigualdad entre hombres y mujeres han sido aprobadas por Gobiernos socialistas, leyes como la Integral contra la Violencia de Género, la Ley de Igualdad Salarial o políticas específicas como la equiparación de permisos de paternidad y maternidad. Socialismo y feminismo son sinónimos.

El pasado 1 de octubre, se cumplieron 90 años de la aprobación por las Cortes republicanas del sufragio femenino a propuesta de Clara Campoamor. En el 90 aniversario del derecho al voto de la mujer, las mujeres lanzamos un mensaje de lucha para conseguir que la perspectiva de género se tenga en cuenta, que se respete la igualdad.

Urge un cambio cultural y social, la trasformación social es necesaria. Porque la brecha de género es una realidad. Estamos en el siglo XXI, y no podemos permitir que la igualdad no sea plena, y que los derechos de las mujeres que han costado décadas conseguirlos sigan cuestionándose en diferentes ámbitos: laboral, sanitario, político, familiar….El camino hacia la igualdad es aún largo y como vemos día a día tiene muchos impedimentos.

A diario vemos en las noticias como son asesinadas mujeres por sus maridos, violaciones grupales de mujeres jóvenes, basta ya de este maltrato continuo. Y el papel de los Gobiernos y de los políticos en este cambio cultural es crucial, no como sucede con algunos Gobiernos Autonómicos como el de la Comunidad de Madrid que continuamente ataca al feminismo y a los derechos de las mujeres. Lo último ha sucedido hace pocos días cuando se ha producido un ataque frontal a los derechos de las mujeres, el Hospital Clínico San Carlos negaba la realización de un aborto terapéutico a pesar de saber que tanto la mujer que lo solicitaba como el feto estaban en riesgo. La ley 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo, también aprobada por un Gobierno socialista, recoge que los profesionales sanitarios «directamente implicados” en una interrupción voluntaria del embarazo (IVE) tienen derecho a la objeción de conciencia «sin que el acceso y la calidad asistencial de la prestación puedan resultar menoscabadas». A raíz de este caso salía a la luz el negacionismo que sigue habiendo sobre el aborto en los hospitales públicos madrileños y las “reticencias” de los profesionales a practicarlos, la mayoría de las interrupciones voluntarias del embarazo en la Comunidad de Madrid son derivadas a clínicas privadas. Otra agresión a las mujeres y también contra el sistema sanitario público.

El camino es largo, desgraciadamente las mujeres tenemos que seguir luchando para que en la reconstrucción de nuestro país la igualdad sea una premisa fundamental en todos los ámbitos. Nuestras hijas no se merecen un país insostenible. La educación en igualdad, las leyes que contemplan perspectivas de género, son alguno de los pasos  a implementar. La justicia social no se conseguirá sin igualdad plena entre hombres y mujeres.