Es importante conocer, observar y analizar cómo conecta la gente en España con la sexualidad: qué sabe, qué practica, qué acepta, qué teme y qué contradicciones siguen existiendo, si es que las hay.
De la Encuesta Nacional de Salud Sexual, realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), continuamos con los diez datos que resultan importantes para entender los cambios profundos que se están produciendo en la sociedad española y también las tensiones que todavía existen, tras el artículo anterior (https://fundacionsistema.com/como-vive-espana-la-sexualidad/):
4. La mayoría de los españoles está satisfecho con su vida sexual (77,2%), aunque existe una minoría relevante que no lo está (17,1%).
Este dato permite cambiar el enfoque habitual sobre la sexualidad. Muchas veces se habla de sexualidad únicamente desde el riesgo, ya sea en relación con embarazos no deseados, infecciones, violencia, abuso o conductas problemáticas. Algo fundamental. Pero la sexualidad también tiene que ver con el bienestar, el placer, la autoestima, la intimidad, la calidad de vida y los vínculos afectivos.
Que tres de cada cuatro personas afirmen que están satisfechas sexualmente indica que, para una parte importante de gente, la sexualidad es una dimensión positiva de la vida y de su vida. Aunque tampoco hay que minimizar el porcentaje de insatisfacción, porque casi una de cada cinco personas no se encuentra satisfecha con su vida sexual. Lo anterior obliga a estudiar la sexualidad no solo como práctica, sino como experiencia subjetiva, porque no basta con saber si las personas tienen relaciones sexuales, también importa cómo las viven.
5. La diversidad sexual y de género es visible, pero la aceptación íntima de las personas trans sigue siendo limitada. El 50,8% se define en la actualidad como mujer, el 48,2% como hombre, el 0,67% como persona no binaria y el 0,24% de otra manera. Y ante la pregunta: «¿Es usted una persona trans, transgénero, transexual?», un 0,33% responde de manera afirmativa.
En cuanto a la atracción sexual, aparecen también respuestas que van más allá de la heterosexualidad, aunque son minoritarias: Un 3,5% afirma sentirse atraída por hombres y mujeres. Otro 3,5% dice que no le importa el género. Un 7,3% señala no sentir atracción sexual por nadie.
Ante la pregunta de si tendría una relación sexual o romántica con una persona trans, se visualizan límites claros en la aceptación, ya que solo el 25% responde afirmativamente, frente a un 67,6% que responde que no, un 7,1% que no sabe y un 0,3% que no contesta.
La tensión es evidente. La sociedad española parece haber avanzado bastante en el reconocimiento general de la diversidad, pero ese reconocimiento no siempre se traduce en aceptación íntima, afectiva o relacional. Este dato es muy relevante porque permite distinguir entre tolerancia pública y aceptación privada. La primera puede avanzar más rápido, mientras la segunda suele estar afectada por cuestiones culturales más profundas.
6. La iniciación sexual se concentra entre la adolescencia tardía y la primera juventud. Entre quienes han tenido experiencia sexual con otra persona, la distribución se sitúa de la siguiente manera: El 32,1% tuvo su primera experiencia a los 17-18 años. El 25,6% a los 15-16 años. El 14% a los 19-20 años. Es decir, una gran parte de la población sitúa su iniciación sexual entre los 15 y los 20 años, estando la media en los 17,62 años.
Viendo estos datos, es evidente que la educación sexual debe llegar antes de que se produzcan muchas de esas primeras experiencias, no después. Si una parte relevante de la población comienza su vida sexual en la adolescencia, la formación sobre consentimiento, prevención, deseo, anticoncepción, ITS, respeto y relaciones afectivas debe estar más presente en el sistema educativo.
Además, esta primera relación se produjo mayoritariamente con una pareja estable. Concretamente, así lo afirma el 58,9%. Por su parte: Un 20,7% señala que fue con un amigo o amiga, o con un compañero o compañera de clase o trabajo. Un 11,5%, con una pareja esporádica u ocasional. Un 5%, con una persona a la que acababa de conocer. Y un 2,4%, con una persona a la que pagó.
Esto permite cuestionar ciertos discursos alarmistas sobre la sexualidad juvenil. La iniciación sexual no debe entenderse solo como riesgo, sino también como parte de procesos de socialización afectiva, construcción de identidad y aprendizaje relacional. Lo importante no es negar que existan riesgos, sino reconocer que la mejor forma de reducirlos es proporcionar información y acompañamiento adecuados.
7. La pareja estable sigue siendo el principal marco de la vida sexual. Aunque en el imaginario colectivo tienen mucha visibilidad las aplicaciones de citas, la sexualidad ocasional o las relaciones abiertas, los datos muestran que la pareja estable sigue ocupando un lugar central. Entre quienes tuvieron relaciones sexuales en los últimos doce meses, el 80,8% declara haberlas tenido con una sola persona. Y, además, en la última relación sexual, el 83,1% señala que la otra persona era su pareja estable.
Esto matiza la idea de que vivimos en una sociedad dominada por la sexualidad ocasional o sin compromiso. Es cierto que han cambiado las formas de conocer personas, las normas sobre diversidad y los discursos sobre libertad sexual. Pero, al mismo tiempo, la pareja estable sigue organizando buena parte de la vida sexual de la población.
Esto muestra una convivencia entre cambio y continuidad. Cambian los lenguajes, los derechos, las plataformas y algunas normas culturales, pero la pareja continúa siendo una institución muy central. Se puede decir así que la sexualidad española no parece caracterizarse por la desaparición de la pareja, sino por la transformación de sus significados.
Esto también tiene implicaciones sanitarias. Muchas personas reducen el uso del preservativo cuando perciben estabilidad, confianza o exclusividad, lo que puede influir en la prevención de ITS si no existen pruebas, comunicación o acuerdos claros.


