En el último artículo de esta Sección considerábamos la situación de España en la evolución comparada del Índice de Desarrollo Humano (IDH) de Naciones Unidas a partir de su último Informe de 2025[1]. En él se considera la evolución de los Indicadores que constituyen el IDH, mostrando que España continúa situada en la posición vigesimoctava del conjunto del mundo, manteniendo la posición que ya ocupaba, tanto en 2023 como en 2022. Y ello, después de las fuertes pérdidas registradas entre 2006 y 2019, cuando pasó desde la posición decimoquinta a la vigesimoquinta de 2019; y perdió tres posiciones de 2019 a 2022, por la incidencia de la COVID, de 2020, y la invasión de Ucrania, de 2022.
En los distintos Informes considerados en los últimos artículos que permiten la comparación internacional de la evolución de España, se aprecia que su situación empeora muy significativamente cuando se consideran los niveles de pobreza y desigualdad social, señalando uno de los problemas más significativos de la dinámica de desarrollo en España. Aunque destaca positivamente en el IDH por su alta esperanza de vida, por sus niveles en igualdad de género y por sus buenos valores en los indicadores de impacto ambiental utilizados. Lo que contrasta con la negativa valoración en la consecución de los ODS ambientales que teníamos en cuenta en los artículos de esta Sección de julio de 2025, sobre los que concluíamos que, si bien las evaluaciones recogidas señalaban un cierto avance en el logro de estos ODS respecto a su situación en 2015, en materia ambiental se estaba muy lejos de lograr el avance en la sostenibilidad ambiental del desarrollo que exige la Agenda 2030 española y de la UE.
En todo caso, la principal conclusión de los tres últimos artículos de esta Sección era que distintos objetivos políticos llevaban a diferenciar Indicadores para medir el logro de esos objetivos políticos, cuya fiabilidad y año al que se refieran condicionan los correspondientes valores resultantes. Lo que explica las fuertes diferencias en los valores resultantes para cada país (y, particularmente para España) del uso de Indicadores diferenciados para el citado Sustainable Development Report (SDR) 2025, el Europe Sustainable Development Report (ESDR) 2025[2], el Informe de EUROSTAT (2025)[3] o los valores del INE[4]. Y también, evidentemente, de los Índices asociados al Desarrollo Humano del señalado Informe de Desarrollo Humano de la ONU, de 2025.
Por último, complementariamente al análisis de los ODS ambientales realizado en el artículo de 27 de julio de 2025, y a la consideración de la evolución comparada del Índice de Desarrollo Humano del artículo anterior, en este artículo vamos a valorar la evolución seguida en los principales ODS ligados al crecimiento y a las desigualdades, a través de los indicadores correspondientes que elabora el INE[5] anualmente, considerando, en particular, sus datos actualizados a septiembre de 2025 para los indicadores y sub-indicadores definidos por el mismo.
El resultado conjunto de la consideración de los 17 ODS y la evolución que el INE registra desde 2024 para los 523 datos disponibles en 2025, se sintetizan a continuación, destacando que son muy pocos los actualizados a valores de 2024 o de 2025. En concreto, solo 23 recogen datos de 2025 (4% del total); 128 de 2024 (24% del total); 210, de 2023 (40% del total); 75 de 2022 (14% del total); 46 de 2021 (9% del total); y 41 de años anteriores (8% del total). De ellos podemos destacar que en 62 sub-indicadores (12%) se ha alcanzado el objetivo 5 años antes del plazo previsto.
El detalle para los 245 sub-indicadores objeto de este artículo (47% del total) se aprecian y analizan en los epígrafes siguientes, pudiendo avanzar que en el 51% de esos 245 sub-indicadores se avanza o se ha logrado el objetivo; en el 30% se ha retrocedido y en el 22% los valores últimos son peores que los de 2015, manifestando un retroceso en el objetivo en términos absolutos.
Con respecto al ODS 8 (Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos) el balance es netamente positivo, ya que de los 42 sub-indicadores considerados por el INE, en 29 se mejora la situación respecto al Informe anterior y solo en 8 se empeora, siendo también 8 en los que los últimos valores son peores que los de 2015.
Con respecto al ODS 1 (Poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo) el balance es también netamente positivo, ya que de los 21 sub-indicadores valorados por el INE, en 11 sub-indicadores se produce una mejoría, frente a 4 en los que la situación implica un retroceso, y 6 que no están actualizados, si bien en 4 de ellos se encontraban por encima del 98% del logro del objetivo, 3 ya en 2021 (censo de viviendas) y 1 en 2022. En todo caso, en 7 sub-indicadores se empeoran los valores correspondientes a 2015: Población con carencia material y social severa; Población con carencia material severa; Proporción de personas mayores que reciben una pensión; Proporción de personas con discapacidad que reciben prestaciones; Muertes y daños asociados a catástrofes y Proporción del gasto público total dedicado a educación.
Con respecto al ODS 10 (Reducir la desigualdad en los países y entre ellos) el balance es positivo, ya que el INE considera 25 sub-indicadores, de los que en 12 se evoluciona positivamente, en 6 negativamente, y sobre 7 no se registra evolución. Además, en 4 sub-indicadores los últimos datos son peores que los correspondientes a 2015: Proporción de la población, de hombres y de mujeres que declara haberse sentido personalmente discriminada o acosada en los últimos 12 meses por motivos de discriminación prohibidos por el derecho internacional de los derechos humanos; Proporción de refugiados por 100.000 habitantes; y Ayuda Oficial al Desarrollo total Bruta y total Neta. Sin embargo, la evolución en la reducción de las desigualdades puede considerarse globalmente positiva ya que, incluso con la fuerte incidencia negativa de la pandemia del Covid 19, en 2020, y los efectos de la guerra en Ucrania, en 2022, desde 2015 las desigualdades tienden a reducirse, mejorando la situación de los más desfavorecidos fundamentalmente por la intervención pública, aunque las desigualdades permanecen todavía a niveles similares a los existentes en 2008 y significativamente por encima de los niveles medios europeos.
Con respecto al ODS 3 (Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades) el avance es menos destacado. Se consideran 41 sub-indicadores, de los que se mejora en 23 sub-indicadores respecto a la situación del Informe de 2024, pero se empeora en 18 y existen 11 en los que el indicador es peor que el correspondiente a 2015. De ellos empeora la mortalidad materna y neonatal, así como la esperanza de vida en buena salud al nacer, en un marco de fuerte caída de la tasa de fecundidad de las mujeres en edad reproductiva. La dotación médica y farmacéutica es decreciente, aunque crece en sanitarios y dentistas. Se produce una creciente insatisfacción en la atención médica, pero con un creciente porcentaje de población que percibe su estado de salud como bueno o muy bueno (aunque todavía por debajo del valor de 2015) y una disminución de los grandes gastos sanitarios de los hogares. Y se mantiene el incremento de la incidencia de los suicidios frente a los valores de 2015.
Con respecto al ODS 4 (Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos), sobre el que el INE incorpora 65 sub-indicadores, de los cuales 26 se consideran alcanzados al 100%. De los 39 restantes sólo en 14 la evolución es positiva, frente a 15 para los que es negativa y 11 en que los últimos valores son peores que los correspondientes a 2015, mostrando un retroceso preocupante en las capacidades logradas de lectura y matemáticas de los alumnos, aunque mejora el porcentaje de población escolarizada y que completan la enseñanza secundaria y los titulados en educación terciaria.
Con respecto al ODS 5 (Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas) el avance es mucho menos destacado. El INE considera 51 sub-indicadores de los que solo en 10 sub-indicadores se producen avances, mientras que en 23 se producen retrocesos, fundamentalmente en los ligados a la violencia de género y a la reducción de la participación de la mujer en el sector agrícola. Además, en 14 de los 23 en que se producen retrocesos los valores son peores que los de 2015. No obstante, se ha alcanzado el objetivo de disponer de marcos jurídicos para promover, hacer cumplir y supervisar la igualdad y la no discriminación por motivos de sexo, y los mayores progresos se producen en Asegurar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública.
Los condicionantes de la evolución demográfica.
Una gran parte de los indicadores que se utilizan en los Informes citados se definen “per cápita”, por lo que el incremento del denominador (población) tienden a reducir su valor. Es decir, la evolución demográfica condiciona sensiblemente el valor resultante del Indicador. Y, en ese sentido, es útil considerar cual ha sido la evolución demográfica de este país y las principales características de su población a la hora de profundizar en su transformación socioeconómica y en su progreso en el logro de los ODS correspondientes.
EUROSTAT (2025) ha publicado en la web la Edición de 2025 de la situación de la Demografía en Europa[6] con los principales datos demográficos de la población en la UE y en sus países miembros. De los mismos cabe destacar el fuerte crecimiento demográfico absoluto producido en España, aunque no por su crecimiento vegetativo, ya que las defunciones vienen superando a los nacimientos; lo que ha llevado a que, entre 2015 y 2025, hayan disminuido en 912.096 personas las nacidas en España (el 2,2% de las existentes en 2015). Pero la atracción de inmigrantes, que han pasado a ser el 19,6% del total de la población española en los últimos datos del INE (1 de julio de 2025) explican el fuerte crecimiento demográfico final registrado.
Comparando este crecimiento de la población total entre 2015 y 2025 (6,2%) con el crecimiento medio del 1,4% de la población en la UE (442,92 millones en 2015 y 449,31 millones en 2024) observamos que todas las tasas per cápita de España se ven penalizadas significativamente, al aumentar de forma considerable en términos relativos el denominador de los indicadores correspondientes.
Si adicionalmente tenemos en cuenta que los inmigrantes, en general, se corresponden con personas de menores salarios, que generalmente residen en viviendas en alquiler, obtenemos que solo en Esperanza de vida al nacimiento (que en España se sitúa por encima de los 84 años) se mantengan indicadores de los ODS no afectados relativamente de forma negativa por el incremento y nueva estructura de la población. Crecimiento de los inmigrantes, sin embargo, sin los que el índice de envejecimiento y la alta esperanza de vida de los nacidos en España, situarían el sistema económico vigente en una situación difícilmente sostenible.
Como resultado, España sigue teniendo en la actualidad una tendencia demográfica creciente con una estructura interna cambiante derivada del sostenido mayor peso de los inmigrantes en el total. A ellos se debe el haber tocado fondo en la tasa de fecundidad (del orden de 1,1 hijos por mujer fértil, una de las más bajas del mundo y muy lejos de la de 2,1 que permite el reemplazo poblacional), o el incremento de la población potencialmente activa y del empleo, que permiten sostener el Estado de bienestar. Pero que afecta negativamente a la comparación con países de menor crecimiento demográfico en los indicadores tradicionales de renta per cápita, desigualdad y cohesión social.
Avance en 2025 en los principales ODS socioeconómicos
Hace un año en esta Sección analizábamos el Avance en España respecto a los ODS socioeconómicos en 2024[7], considerando el Informe que había elaborado el actual Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030[8] relativo a 2024 (último publicado), y el seguimiento de los Indicadores correspondientes elaborado por el INE con su correspondiente evaluación de 2024[9], así como la consideración de los avances sobre pobreza y desigualdad publicados por el EAPN, en 2024, ahora ya actualizados a 2025[10].
El INE, para el Informe de 2024, disponía de 505 sub-indicadores que se adecuaban correctamente a lo establecido por Naciones Unidas para el seguimiento de los ODS y de sus Metas correspondientes, aunque solo un pequeño porcentaje disponía de valores comparativos actualizados a 2023. En ese Informe de 2024 un 43% de los Indicadores registrados por el INE mostraban avances positivos frente a solo un 25% que lo hacía negativamente, lo que nos podría dar una primera impresión positiva del conjunto. Pero no todos los Indicadores ni las Metas y ODS asociados tienen la misma relevancia para el avance hacia la Transformación Ecosocial necesaria, con lo que tal conclusión debía ser matizada.
En septiembre de 2025 los datos disponibles son 523, pero son muy pocos los actualizados a valores de 2024 (24%) o de 2025 (4%). No obstante, sí nos permiten comparar la situación con respecto al Informe de 2024 y apreciar las modificaciones que se pueden establecer respecto a las conclusiones y el grado de avance relativo hacia el logro de los ODS socioeconómicos, establecidos a partir del Informe de 2024.
En ese sentido, una primera consideración debe hacerse a las variables socioeconómicas fundamentales que el INE acaba de actualizar y que se recogen en el Cuadro siguiente para el período 2015-2024.
Considerando los Índices respectivos con base 100 en 2015, obtenemos la Figura siguiente
Las conclusiones de la evolución en los Índices son evidentes[11]. La remuneración de los asalariados es la que más crece desde 2015 a 2024 (54%), por encima del empleo equivalente a tiempo completo (22%) lo que implica un aumento de la remuneración media. Y, al crecer la remuneración de los asalariados por encima de lo que lo hace el PIB (47%) también crece el porcentaje de participación de la remuneración de los asalariados en ese PIB, que pasa a ser del 5% superior en 2024. Y, como contrapartida necesaria, la participación en el PIB del excedente de explotación/renta mixta bruta desciende un 4% en 2024. Mejora de la participación de la remuneración de los asalariados que revierte el descenso registrado entre 2015 a 2018 a partir de ese año, con las políticas del Gobierno de coalición presidido por el PSOE.
Complementariamente, el ODS 8 persigue “Promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos” y los datos correspondientes del INE, referidos a septiembre de 2025[12], nos permiten tener una idea de la evolución respecto al Informe de 2024 señalado, para lo que en el Cuadro de la página siguiente se recogen los datos disponibles en 2024 y los correspondientes de 2025 y se comparan con el valor de referencia de 2015, destacando en verde las evoluciones en positivo y, en azul, las negativas.
Como apreciamos, de los 42 sub-indicadores considerados por el INE, en 29 se mejora la situación respecto al Informe anterior y solo en 8 se empeora, siendo también 8 en los que los últimos valores son peores que los de 2015.
Los más preocupantes de los que empeoran se centran en los importes de los Gastos de fondos públicos en prestaciones sociales de distinto tipo; o en la Proporción de jóvenes (entre 15 y 24 años) que no cursan estudios, no están empleados ni reciben capacitación.
Entre los aspectos que reflejan una evolución positiva destacan los referidos a los aspectos económicos antes recogidos en la Figura 1 (crecimiento económico), la productividad, la mejora de la eficiencia en el uso de materiales, la Tasa de paro y la Tasa de empleo en todas sus variantes, la reducción de la mortalidad por accidentes, o el incremento del papel del turismo, de las actividades culturales y de las vinculadas a la propiedad intelectual, con un balance global que podemos considerar netamente positivo.
Por otra parte, pese a la señalada reducción de los Gastos de fondos públicos en prestaciones sociales de distinto tipo, hay que destacar que European Anti Poverty Network (EAPN), en su Informe de 2025[13] señala que la intervención del Estado tiene un impacto determinante en la reducción de la pobreza, ya que “el análisis comparativo de escenarios con y sin transferencias públicas revela que, en 2024, la acción del Estado permitió reducir la tasa de pobreza del 42,6 % al 19,7 %, lo que supuso sacar de la pobreza a 11,1 millones de personas” (página 87). Las ayudas familiares o sociales (sin las pensiones) por sí solas redujeron la pobreza en 6,3 puntos en 2024, protegiendo a más de 3 millones de personas.
Las insuficiencias de la lucha contra la pobreza
Naciones Unidas destaca la importancia del ODS 1, centrado en “Poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo”, resaltando la necesidad de tener en cuenta los diversos aspectos de la pobreza y su dimensión multidimensional; ya que ésta abarca no solo las necesidades físicas primarias, sino también la falta de acceso a derechos sociales y la carencia de servicios básicos como la salud (ODS 3) o la educación (ODS 4).
Ya sobre el Informe de 2024 destacábamos que, aunque la evolución de los sub-indicadores habían de matizarse, como hemos señalado, por el incremento de la población total por inmigrantes, los datos mostraban que no era posible lograr una reducción adecuada de las tasas de pobreza y exclusión social solo con el incremento de las rentas medias, la creación de empleo, o el aumento del PIB, sino que se requería un esfuerzo mucho más significativo en la regulación ligada a la reducción de las desigualdades sociales, y en el esfuerzo público para igualar las oportunidades y bienestar de los más desfavorecidos.
En ese sentido, en el Cuadro siguiente se recogen los cambios registrados, en septiembre de 2025, respecto a los valores correspondientes del Informe del INE de 2024, destacando, en verde, aquellos sub-indicadores que mejoran hacia las metas definidas, en azul los que empeoran y sin subrayar los que no registran cambios. Para todos ellos se recoge el último dato disponible y el correspondiente al Informe de 2024, si no está actualizado. Como apreciamos, el año de referencia de cada sub-indicador es variable, al igual que su dinámica de actualización.
Como apreciamos en el Cuadro 4, en 11 sub-indicadores se produce una mejoría, frente a 4 en los que la situación implica un retroceso y 6 que no están actualizados, si bien 4 de ellos se encontraban por encima del 98% del logro del objetivo, 3 ya en 2021 (censo de viviendas) y 1 en 2022. En todo caso, en 7 sub-indicadores se empeoran los valores correspondientes a 2015: Población con carencia material y social severa; Población con carencia material severa; Proporción de personas mayores que reciben una pensión; Proporción de personas con discapacidad que reciben prestaciones; Muertes y daños asociados a catástrofes y Proporción del gasto público total dedicado a educación.
Otros aspectos a destacar del Cuadro son los siguientes:
- En España se mantiene la necesidad de corregir las insuficiencias de la lucha contra la pobreza y la desigualdad, ya que, aunque se avanza, en media, en aspectos como la población en riesgo de pobreza relativa, si se tiene en cuenta el alto encarecimiento del precio del alquiler, el riesgo de pobreza relativa se incrementa.
- Considerando el conjunto de dimensiones de la pobreza, apreciamos una mejora en todos los indicadores del AROPE (que incluye la población en riesgo de pobreza y de exclusión social), logrando que en 2024 se sitúe, por primera vez, por debajo del valor de 2019.
- También mejora la proporción de discapacitados y desempleados que reciben prestaciones, aunque disminuye ligeramente la proporción de personas mayores que reciben una pensión, situándose por debajo del valor de referencia correspondiente a 2015 (86,67%), lo que muestra una total ausencia de avance al respecto.
- También el porcentaje de discapacitados que reciben prestaciones (del orden del 40% del total), se encuentra muy lejos del óptimo y muy por debajo del valor correspondiente a 2015 (46,04%).
- Todo lo cual nos muestra una clara insuficiencia –e incluso retroceso en algunos aspectos- en el papel de las administraciones públicas en el apoyo a los desfavorecidos, si bien el señalado incremento de población total debido a la inmigración puede explicar algunas de las evoluciones detectadas.
- Aunque no hay datos actualizados respecto a los censos de 2021 y 2011, ya los datos de los mismos mostraban la ausencia de problemas en la dotación de servicios a las viviendas existentes en 2021. Obviamente, las nuevas viviendas construidas desde 2021 necesariamente mejorarían estos datos.
- Pese al incremento en la frecuencia y gravedad de desastres ligados a procesos climáticos o de otro tipo, los últimos datos, para 2023 mejoran la situación anterior, aunque los datos de 2024 (DANA de octubre de 2024) incidirán en un fuerte empeoramiento de los mismos para 2024. En todo caso, los últimos datos de 2023 son peores que los de referencia de 2015 (un 29,4% y un 72,8%, respectivamente) mostrando la creciente influencia de los desastres en la pérdida de bienestar de los ciudadanos, desde 2015, y el insuficiente grado de adopción de medidas de intervención al respecto por parte de las administraciones públicas.
- La Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) neta española se redujo en 2023 un 12% respecto a 2022, situándose en el 0,24% de la Renta Nacional Bruta (RNB), según datos preliminares de la OCDE, como consecuencia de la disminución de los costes por acogida de refugiados, y está lejos del compromiso de la nueva Ley de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, los datos de 2024 –no recogidos por ahora por el INE, indican un crecimiento del 12%, superando los 4.000 millones de euros y situándose casi 10 veces por encima de los valores de 2015.
La importancia de las desigualdades en una sociedad capitalista.
En una sociedad desigual, los valores medios recogidos en los distintos ODS no inciden de forma similar sobre toda la sociedad, entre los asalariados, los trabajadores en paro, los inactivos, o los perceptores de las rentas del capital en sus diversas formas, siendo los más desfavorecidos los que sufren las peores carencias.
Por ello, aunque en 2024 se produce una mejora de los principales sub-indicadores empleados para las variables macroeconómicas básicas, y para los ligados a la medición de la pobreza y la exclusión social, los resultados siguen mostrando una situación relativamente muy negativa respecto a las desigualdades sociales, sobre todo comparada con la media de la UE.
Cerca de una de cada cuatro personas se encuentra en una mala situación por alguna de las dimensiones del indicador AROPE, demostrando un grave problema de desigualdad estructural en la sociedad española, que, como ya señalábamos en el artículo de 2024, muestra que el crecimiento económico no garantiza por sí mismo una disminución sostenida de la pobreza ni de las desigualdades. Ni el aumento del empleo ni la mejora de los ingresos medios aseguran un progreso equitativo, especialmente en contextos de elevada desigualdad en oportunidades, ingresos y patrimonio, destacándose, como antes hemos señalado, el papel clave de las políticas públicas y del sistema de protección social, cuya función redistributiva resulta fundamental.
Atendiendo al tratamiento de la desigualdad en rentas del Informe de la European Anti Poverty Network (EAPN) para 2025[14], podemos derivar conclusiones, tanto sobre la distribución de la renta media por deciles, como sobre su evolución y su comparación estructural en 2015, 2023 y 2024, recogida en el Cuadro siguiente, del que podemos concluir que el decil de menor renta está consiguiendo, gracias a las políticas públicas, reducir sus diferencias respecto a la renta media, haciéndolo en mayor medida de 2023 a 2024 que en la media correspondiente a 2015/2024. Pero no solo el decil primero, sino que el 60% de la población con menor renta presenta un crecimiento medio de ésta superior a la media global, disminuyendo las diferencias en las desigualdades, siendo, en ese sentido el decil de mayor nivel de renta y los que representan a las rentas altas los que aumentan de forma más reducida según crece el nivel de renta. No obstante, el decil de mayor nivel de renta implicaba 16,6 veces la renta del menor decil, en 2015, y sigue representando 11,5 veces en 2024, mostrando la amplitud de la desigualdad existente.
Complementariamente, EAPN (Pág. 81) recoge como indicador de desigualdad la relación S90/S10, que mide la relación entre la proporción de los ingresos totales percibidos por el 10 % de la población con mayores ingresos con respecto a la percibida por el 10 % con menos ingresos, que se reproduce en la Figura siguiente (junto a la relación S80/S20) y muestra la tendencia a reducir las desigualdades en España, desde 2015, si bien muy lentamente, y manteniendo las desigualdades por encima de la media de la UE que, para 2024, se situaba en 4,7 para el ratio S80/S20.
Apreciamos que las desigualdades adquirieron un máximo en 2015 y, desde entonces ha habido un paulatino descenso de las mismas, salvo en 2021, tras la pandemia, pero permaneciendo todavía a niveles similares a los existentes en 2008.
Complementariamente a estos Indicadores sobre pobreza y desigualdad conviene incorporar los recogidos en el ODS 10 (Reducir la desigualdad en los países y entre ellos) sobre el que el INE considera 25 sub-indicadores, de los que, como apreciamos en el Cuadro de la página siguiente, en 12 se evoluciona positivamente, en 6 negativamente, y sobre 7 no se registra evolución. Además, en 4 sub-indicadores los últimos datos son peores que los correspondientes a 2015: Proporción de la población, de hombres y de mujeres que declara haberse sentido personalmente discriminada o acosada en los últimos 12 meses por motivos de discriminación prohibidos por el derecho internacional de los derechos humanos; Proporción de refugiados por 100.000 habitantes; y Ayuda Oficial al Desarrollo total Bruta y total Neta.
Con respecto a la Meta de Mejorar la reglamentación y vigilancia de las instituciones y los mercados financieros mundiales y fortalecer la aplicación de esos reglamentos, del ODS 10, apreciamos que la solidez financiera se incrementa sobre la situación de 2024 en los seis sub-indicadores.
Por último, en el ODS 10 el INE valora la Meta de Facilitar la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas, para la que el INE valora seis Dominios muy cerca del óptimo (tres en el óptimo) y considera la evolución del número de refugiados acogidos favorablemente, que se incrementan muy significativamente sobre el valor de 2015. Y, sobre la Meta de Fomentar la asistencia oficial para el desarrollo y las corrientes financieras, incluida la inversión extranjera directa, para los Estados con mayores necesidades, en particular los países menos adelantados, los países africanos, los pequeños Estados insulares en desarrollo y los países en desarrollo sin litoral, en consonancia con sus planes y programas nacionales) se detecta una caída en la Ayuda Oficial al Desarrollo que no permite valorar positivamente la evolución seguida.
Como síntesis, la evolución en la reducción de las desigualdades puede considerarse globalmente positiva, ya que, incluso con la fuerte incidencia negativa de la pandemia del Covid 19, en 2020, y los efectos de la guerra en Ucrania, en 2022, desde 2015 las desigualdades tienden a reducirse, mejorando la situación de los más desfavorecidos fundamentalmente por la intervención pública, aunque las desigualdades permanecen todavía a niveles similares a los existentes en 2008.
Insuficiencias de las dotaciones sanitarias, educativas y del avance en las políticas de género
En 2024 señalábamos que, desde el punto de vista del bienestar social, el balance, con claro-oscuros, también podía considerarse positivo. Mejoraba la proporción de gasto público total dedicada a educación y a protección social, aunque la primera se mantenía por debajo del porcentaje de 2015 (9,35%). Pero se reducía la proporción de gasto público dedicada a la salud.
Con los datos de septiembre de 2025, el detalle de la evolución dispar de los 46 sub-indicadores del INE dedicados al ODS 3 (Garantizar una vida sana y promover el bienestar de todos a todas las edades) se aprecia en el Cuadro siguiente, con los datos actuales y los del Informe del INE de 2024.
Como apreciamos, se mejora en 23 sub-indicadores respecto a la situación del Informe de 2024, pero se empeora en 18, y existen 11 en los que el indicador es peor que el correspondiente a 2015. De ellos empeora la mortalidad materna y neonatal, así como la esperanza de vida en buena salud al nacer, en un marco de fuerte caída de la tasa de fecundidad de las mujeres en edad reproductiva.
La dotación médica y farmacéutica es decreciente, aunque crece en sanitarios y dentistas. Se produce una creciente insatisfacción en la atención médica, pero con un creciente porcentaje de población que percibe su estado de salud como bueno o muy bueno (aunque todavía por debajo del valor de 2015) y una disminución de los grandes gastos sanitarios de los hogares. Lo que va unido a un deterioro en la Esperanza de vida en buena salud al nacer desde 2021 a 2022, alejándose en mayor medida de los 64 años de 2015.
Por lo demás, es positiva la evolución asociada a los accidentes de tráfico, pero es negativo el balance en las vacunaciones y en las enfermedades. Adicionalmente, destaca el aumento del consumo de alcohol y sustancias psicoactivas. Y se mantiene el incremento de la incidencia de los suicidios frente a los valores de 2015.
Desde la perspectiva de la educación, el ODS 4 recoge el objetivo de garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos, sobre el que el INE incorpora 65 sub-indicadores, de los cuales 26, correspondientes a las Metas 4.a (Construir y adecuar instalaciones educativas que tengan en cuenta las necesidades de los niños y las personas con discapacidad y las diferencias de género, y que ofrezcan entornos de aprendizaje seguros, no violentos, inclusivos y eficaces para todos) y 4.c (De aquí a 2030, aumentar considerablemente la oferta de docentes calificados, incluso mediante la cooperación internacional para la formación de docentes en los países en desarrollo, especialmente los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo), se consideran alcanzados al 100%. Con respecto al resto de sub-indicadores, el Cuadro de la página siguiente recoge su evolución.
Como síntesis, la evolución de la enseñanza y formación educativa hacia los objetivos de la Agenda 2030 sigue siendo insatisfactoria en España. Exceptuando los 26 sub-indicadores alcanzados al 100%, antes señalados, nos encontramos que, de los 39 restantes del Cuadro siguiente, sólo en 14 la evolución es positiva, frente a 15 para los que es negativa y 11 en que los últimos valores son peores que los correspondientes a 2015.
Se produce un retroceso preocupante en las capacidades logradas de lectura y matemáticas de los alumnos, aunque mejora el porcentaje de población escolarizada y que completan la enseñanza secundaria y los titulados en educación terciaria.
Los índices de paridad presentan valores desiguales, pero con balance negativo, y más positiva es la evolución de la asistencia oficial para el desarrollo destinada a becas.
Por último, más de dos tercios de los adultos, tanto hombres como mujeres, están alfabetizados y tienen nociones elementales de aritmética, en 2012, único dato incorporado.
Una consideración adicional desde el capítulo social es el grado de avance en el ODS 5 (Lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas) para el que Naciones Unidas define nueve Metas y el INE considera 51 sub-indicadores cuya evolución se recoge en el Cuadro de la página siguiente.
Como apreciamos, solo en 10 sub-indicadores se producen avances, mientras que en 23 se producen retrocesos, fundamentalmente en los ligados a la violencia de género y a la reducción de la participación de la mujer en el sector agrícola. Además, en 14 de los 23 en que se producen retrocesos los valores son peores que los de 2015.
No obstante, se ha alcanzado el objetivo de disponer de marcos jurídicos para promover, hacer cumplir y supervisar la igualdad y la no discriminación por motivos de sexo, y los mayores progresos se producen en Asegurar la participación plena y efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo a todos los niveles decisorios en la vida política, económica y pública, y en Emprender reformas que otorguen a las mujeres igualdad de derechos a los recursos económicos, así como acceso a la propiedad y al control de la tierra y otros tipos de bienes, los servicios financieros, la herencia y los recursos naturales, de conformidad con las leyes nacionales, donde el marco jurídico (incluido el derecho consuetudinario) garantiza la igualdad de derechos de la mujer a la propiedad o el control de tierras, si bien la tendencia actual disminuye este papel de forma clara en el sector primario.
Por último, se supera el 99%, con mejoras respecto a 2015, en el logro del objetivo de Mejorar el uso de la tecnología instrumental, en particular la tecnología de la información y las comunicaciones, para promover el empoderamiento de las mujeres, aunque las cifras están prácticamente estancadas en el 99%.
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[1] UNDP. Human Development. Report 2025. https://hdr.undp.org/system/files/documents/global-report-document/hdr2025reporten.pdf
[2] https://s3.amazonaws.com/sustainabledevelopment.report/2025/europe-sustainable-development-report-2025.pdf
[3] EUROSTAT (2025). Sustainable development in the European Union Monitoring report on progress towards the SDGs in an EU context 2025 edition. https://ec.europa.eu/eurostat/web/products-flagship-publications/w/ks-01-24-018
[4] https://www.ine.es/dyngs/ODS/es/index.htm
[5] https://www.ine.es/dyngs/ODS/es/index.htm
[6] https://ec.europa.eu/eurostat/web/interactive-publications/demography-2025#population-structure
[7] https://fundacionsistema.com/avance-en-espana-respecto-a-los-ods-socioeconomicos-2024/
[8] https://www.mdsocialesa2030.gob.es/agenda2030/documento/informes-progreso.htm
[9] INE (2024). https://www.ine.es/ods/publicacion_ods_2024.pdf
[10] https://www.eapn.es/estadodepobreza/descargas.php
[11] Hay que señalar que los valores monetarios del cuadro son a precios corrientes de mercado. Teniendo en cuenta que la inflación entre 2015 y 2024 representó un 23,1%, las cifras deflactadas serían sensiblemente menores.
[12] https://www.ine.es/dyngs/ODS/es/index.htm
[13] https://www.eapn.es/estadodepobreza/ARCHIVO/documentos/Resumen%20ejecutivo%20del%20XV%20Informe%20sobre%20el%20Estado%20de%20la%20Pobreza.%20Seguimiento%20de%20los%20indicadores%20de%20la%20Agenda%20UE%202030.pdf
[14] https://www.eapn.es/estadodepobreza/descargas.php Págs. 71 a 85.











