El 19 de octubre de 1987 fue un dĂa nefasto para las bolsas y para el sistema financiero-especulativo ya entonces dominante en el concierto mundial: el Dow Jones cayĂł el 23% -caĂda record en un dĂa, superior a las registradas en 1929; el Standard&Poorâs 500 cayĂł el 20%; y el precio de los futuros indexados, utilizado por los aseguradores de carteras, cayĂł el 29%. Y preconizĂł lo que serĂa una de las bases de las crisis posteriores, y en particular de la crisis de 2007-2008 de cuyas consecuencias totales no nos hemos reestablecido: el uso de algoritmos y modelos matemĂĄticos para la gestiĂłn financiero-especulativa y para la regulaciĂłn pĂşblica del sistema financiero mundial.
Con respecto al papel de los algoritmos, en el origen de la crisis estaba el modelo Black-Scholes de valoraciĂłn de opciones, con gran influencia en la expansiĂłn exponencial, a partir de la dĂŠcada de 1970, de los mercados de derivados financieros[1], en un marco en el que la hipĂłtesis neoliberal de la âeficiencia de los mercados financieros madurosâ se sustentaba en su supuesta funciĂłn de arbitraje, en la existencia de una informaciĂłn pĂşblica sobre empresas y actividades completa y fiable, en la inexistencia de capacidad de control o influencia de ciertos operadores (mercado de competencia cuasi perfecta) y en la desautorizaciĂłn de la lĂłgica de la especulaciĂłn, que poco podrĂa hacer en este marco âidealâ en el que los modelos garantizaban el precio de equilibrio a largo plazo. Modelo que propiciĂł que Scholes fuera uno de los agraciados, en 1997, del equivalente al Premio Nobel en EconomĂa: el Premio Sveriges Riksbank de Ciencias EconĂłmicas en Memoria de Alfred Nobel.
Pero junto al creciente uso de esos algoritmos y modelos econĂłmicos, en la base de estas crisis hay que situar tambiĂŠn la creciente imaginaciĂłn y complejidad del sistema financiero-especulativo mundial y, en concreto en la base de la citada crisis de 1987, la creaciĂłn del Chicago Board Options Exchange (CBOE), inaugurado en 1973, que fue el primer mercado bursĂĄtil organizado del mundo dedicado en exclusiva a la comercializaciĂłn de opciones[2], en la actualidad ampliamente replicado en todo el mundo. Les costĂł que los reguladores aceptaran su funcionamiento, pero consiguieron convertir las opciones en contratos normalizados en un mercado organizado en el que los operadores profesionales podĂan competir para comprar y vender opciones.
En este marco, el modelo de Black-Scholes utilizaba la ÂŤvolatilidad registrada o implĂcitaÂť (magnitud derivada de las desviaciones tĂpicas en las fluctuaciones registradas de precios histĂłricos) de las acciones bursĂĄtiles subyacentes para definir los supuestos precios de equilibrio. Precios que fueron referentes tambiĂŠn para los aseguradores de carteras que, a medida que la escala de los mercados de derivados aumentaba a partir de la dĂŠcada de 1980, con una amplia e âimaginativaâ variedad de productos financieros novedosos, utilizaban el modelo de Black-Scholes para determinar una cartera continuamente ajustada de activos que reprodujera la rentabilidad del derivado; pero, a su vez, en un cĂrculo retroalimentado, utilizaban el coste de la cartera para fijar el precio del derivado y cubrir a su vez ese derivado usando la propia cartera, con lo que cayeron en lo que se denomina ÂŤtrampa gammaÂť, en la que la cobertura requerida por el modelo que sustenta su comercializaciĂłn de derivados los obligaba a comprar el activo subyacente en escala creciente a medida que el precio de ĂŠste aumentaba, o a venderlo a medida que su precio bajaba.
El desplome de 1987 se generĂł por las ventas crecientes de los aseguradores de carteras que utilizaban el modelo intentando frenĂŠticamente aumentar sus coberturas a medida que los precios caĂan, dejando claro que el uso de un modelo como el de Black-Scholes en ÂŤcoberturaÂť[3] alteraba el mercado del instrumento subyacente de modo tal, que debilitaba la supuesta dinĂĄmica de precios del modelo, con consecuencias acumulativas que fueron desastrosas dicho 19 de octubre de 1987, obligando a intervenir a la Reserva Federal de EEUU para evitar lo que pudo ser una quiebra en cadena con consecuencias fatales para el sistema. Proceso que preconizaba lo que serĂa posteriormente la situaciĂłn de 2007-2008.
Aprendida la lecciĂłn se cambiaron y complejizaron algoritmos, modelos e hipĂłtesis de funcionamiento, pero se siguieron ây se siguen- utilizando modelos en el sistema econĂłmico-financiero con funciones reguladoras (pĂşblicas o privadas) cuyo conocimiento por especuladores financieros les permiten sortear y manipular los resultados de su aplicaciĂłn en beneficio propio. Y no es nuevo destacar que eso es lo que ocurriĂł en la crisis bancaria mundial de 2007-2008, cuestionando la estabilidad del capitalismo de libre mercado y llevando a muchos a pensar âcon poco acierto- que el neoliberalismo agonizaba[4].
La Reserva Federal consiguiĂł con bastante rapidez convencer a los participantes en el mercado de que pondrĂa suficientes fondos a su disposiciĂłn como para salvar a los principales bancos de Estados Unidos que estaban al borde del colapso. Los principales paĂses de la OCDE hicieron lo mismo y establecieron programas de estĂmulo fiscal, a la vez que sus bancos centrales inundaban la economĂa con dinero y dejaban caer los tipos de interĂŠs prĂĄcticamente a cero. La actividad econĂłmica se desplomĂł, junto con el empleo, a la vez que los propietarios individuales hipotecados sufrĂan desahucios y elevadas pĂŠrdidas en sus inversiones inmobiliarias. Las desigualdades sociales se incrementaron fuertemente tras la crisis, reforzando el proceso inherente al capitalismo postindustrial, globalizado y financiarizado, que ya habĂa establecido elevados niveles de desigualdad a travĂŠs de la deslocalizaciĂłn productiva a paĂses de salarios mĂĄs bajos, el seĂąalado aumento âimaginativoâ de las rentas del capital a travĂŠs de la ingenierĂa financiero-especulativa, el debilitamiento de la posiciĂłn de los sindicatos, y la fragmentaciĂłn de la solidaridad de los trabajadores, como resultado tambiĂŠn de la revoluciĂłn cientĂfico-tĂŠcnica y de las comunicaciones.
Los âbig dataâ, el âmining dataâ, la âinteligencia artificialâ y el âmachine learningâ, a los que nos hemos referido ampliamente en otros artĂculos de esta SecciĂłn, estĂĄn permitiendo profundizar y ampliar una economĂa, sociedad y relaciones productivas con una gestiĂłn de base algorĂtmica cada vez mĂĄs considerada como âcaja negraâ para la mayorĂa de sus gestores, que son desconocedores de los algoritmos y procesos implĂcitos a las conclusiones de los modelos. Y no es nuevo seĂąalar, como las experiencias antes seĂąaladas nos muestran, que la aplicaciĂłn de los algoritmos en la economĂa financiero-especulativa no evita que los especuladores mĂĄs avispados, conocidos los algoritmos, encuentren comportamientos para sacar beneficio propio actuando contra las previsiones del modelo.
Por otra parte, los modelos usados en ciencias sociales, en finanzas, en economĂa o en tĂŠcnicas de planificaciĂłn, como por ejemplo el Modelo de Cuatro Etapas para diseĂąar las carreteras adecuadas a la satisfacciĂłn del trĂĄfico futuro, o Modelos mĂĄs complejos para prever cuantitativamente la superficie urbana necesaria para un crecimiento de las ciudades ajustadas a la demanda previsible y la localizaciĂłn de dichas superficies, siempre han sido cuestionados, desde el principio de su desarrollo âin extensoâ en la dĂŠcada de los sesenta del siglo pasado, por su capacidad de incidir en la reproducciĂłn de las dinĂĄmicas sociales al calibrarse y promover la reiteraciĂłn y perpetuaciĂłn de las dinĂĄmicas histĂłricas que les han servido de base. Todos los algoritmos/modelos tienen efectos âcausalesâ sobre la dinĂĄmica que reflejan y reproducen y, segĂşn cuĂĄl sea su base e hipĂłtesis de partida pueden llevar a situaciones/escenarios contradictorios. Un buen ejemplo al respecto, al que nos hemos referido varias veces en esta SecciĂłn, es, precisamente, el resultado diferenciado de esos algoritmos/modelos sobre el mercado de futuros asociados al precio del petrĂłleo, y los derivados de la lĂłgica e hipĂłtesis de modelos que reflejan el denominado âpeak oilâ, o de los que se centran en la constataciĂłn del alza en los costes de producciĂłn del petrĂłleo ante la reducciĂłn de los recursos de bajo coste de extracciĂłn.
El principio de precauciĂłn defendido en materia ambiental y muy poco presente en el sistema financiero-especulativo mundial -que sienta sus bases en la obtenciĂłn del mĂĄximo beneficio privado individualizado, sĂłlo conseguible aumentando el ventajismo que da el conocimiento o el poder, o con el aumento del riesgo de la inversiĂłn- se basa en suponer un mundo en el que la catĂĄstrofe es un suceso probable, con el objetivo, precisamente, de reducir las posibilidades de esa catĂĄstrofe.
Las polĂticas basadas en ese principio de precauciĂłn utilizan los modelos con el objetivo consciente de investigar Escenarios y lĂneas de actuaciĂłn que permitan evitar las situaciones catastrĂłficas que pueden derivarse de la reproducciĂłn o de las tendencias implĂcitas en la calibraciĂłn e hipĂłtesis de funcionamiento de los modelos correspondientes. Escenarios de Cambio ClimĂĄtico del IPCC, los Planes de TransiciĂłn EnergĂŠtica, o los Planes de TransiciĂłn HĂdrica, de PrevenciĂłn de la SequĂa o de Inundaciones son ejemplos concretos de este tipo de enfoque.
Pero su viabilidad depende en gran parte de una cierta estabilidad socioeconĂłmica y polĂtica. La crisis de 2007-2008 se produjo en un marco distinto al de la situaciĂłn global actual, pero persisten muchos factores y tendencias de riesgo en muchos paĂses desarrollados, como el incremento de presidentes defensores del autoritarismo y del neoliberalismo nacionalista, las rebajas tributarias que debilitan la capacidad de actuaciĂłn del sector pĂşblico, una expansiĂłn record de la deuda pĂşblica estatal y mundial, un auge econĂłmico decreciente acompaĂąado de una disrupciĂłn tecnolĂłgica y de una economĂa digital creciente, y una subida continuada de los indicadores de las bolsas mundiales acompaĂąada de crecientes temores sobre su perdurabilidad, que, conjuntamente en un marco en el que el sistema financiero-especulativo sigue teniendo un peso desmesurado, pueden poner en marcha âopcionesâ que apuesten por la ÂŤcorrecciĂłnÂť de los precios bursĂĄtiles y de los mercados de futuro que, si lo hacen a la velocidad y con la acumulaciĂłn implĂcita a los nuevos mecanismos automĂĄticos/algoritmos de toma de decisiones, reproduzcan procesos similares a los ocurridos en 1987 y 2007/2008 comentados en estas pĂĄginas.
Ante esta situaciĂłn global sobre la que Gobiernos como el de EspaĂąa tienen escasa capacidad de actuaciĂłn, es fundamental el conseguir, al menos, que nuestro paĂs evite Gobiernos derechistas que se sumen a una dinĂĄmica global de graves repercusiones para la mayorĂa de la poblaciĂłn y para el propio Planeta, y en los que partidos como VOX no se repriman en solicitar informaciĂłn para ejecutar polĂticas de caza de brujas, como han iniciado en AndalucĂa, en un marco en el que, ademĂĄs, la âidentidad o firma digital de las personasâ âcomo hemos seĂąalado en otros artĂculos de esta SecciĂłn- permite la fĂĄcil identificaciĂłn de posibles ârepresaliablesâ. Lo que exige un amplio movimiento no sectario de todos los partidos progresistas y de izquierda, incluidos los Verdes, que sea capaz de generar ideas que infundan esperanza e inspiraciĂłn a las personas de tendencia progresista convencidas, pero tambiĂŠn a las desilusionadas con los partidos existentes.
Defender la dignidad del trabajo y de los trabajadores, la ĂŠtica profesional y social, la gestiĂłn pĂşblica en base al bien comĂşn, frenar la contrarreforma socioeconĂłmica asociada a una revoluciĂłn cientĂfico tĂŠcnica y digital controlada por el capital, que actĂşa contra la sociedad del bienestar en base a los principios del neoliberalismo imperante, y conseguir una reforma social democrĂĄtica e igualitaria que tenga en cuenta la sostenibilidad medioambiental a largo plazo y el equilibrio y cohesiĂłn territorial, son retos difĂciles de alcanzar en un marco en el que tambiĂŠn presiona la desindustrializaciĂłn, el deterioro de las estructuras institucionales y organizativas sustentadoras de la sociedad del bienestar, como los sindicatos, la utilizaciĂłn de las migraciones como riesgo para los ciudadanos residentes, y la idea de los poderes econĂłmicos y de los partidos que sustentan, de que el crecimiento econĂłmico es prioritario, cuestionando, por inviable, el actual Estado del bienestar y las reformas sociales y la justicia social implĂcitas al mismo.
Tampoco ayudan unas nuevas tecnologĂas de la comunicaciĂłn y relaciĂłn (Facebook, playstation, movistar, netflixâŚ) sometidas a la manipulaciĂłn de sus controladores, usando unos âbig datasâ asociados a una inteligencia artificial y robots que generan desinformaciĂłn o informaciĂłn falsa âa la cartaâ. Ni unas nuevas formas de relaciĂłn social que minimizan los encuentros e intercambios directos, el poder real de asociaciones, partidos y sindicatos, o la cultura de la solidaridad, hundiendo progresivamente al individuo âespecialmente a los mĂĄs jĂłvenes- en el individualismo y en las relaciones persona-mĂĄquina.
Hay muchas cosas que cambiar, desde transformar el comportamiento individual en un comportamiento solidario con la naturaleza y con la persona actual y futura, hasta el funcionamiento global de la sociedad que evite una catĂĄstrofe (climĂĄtica, ambiental, geoestratĂŠgica y demogrĂĄfica) de dimensiones nada agradables para nadie. Y esto Ăşltimo exige, aquĂ y ahora, conseguir que los Gobiernos locales, autonĂłmicos, estatal y de la UE estĂŠn gestionados por partidos progresistas que opten por un modelo distinto al que los algoritmos/modelos de reproducciĂłn tendencial nos abocan. Es ĂŠpoca de evitar intereses egoĂstas y de poder individual, y de luchar por la integraciĂłn y colaboraciĂłn que permita alcanzar gobiernos que permitan llevar a cabo los cambios imprescindibles que el Planeta reclama para el bienestar de la Humanidad y de la propia Biosfera.
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[1] Instrumento financiero cuyo valor depende del precio o del nivel de otro instrumento ÂŤsubyacenteÂť, como un bloque de acciones, hipotecas u otro tipo de tĂtulos.
[2] Una opciĂłn de compra (o venta) da derecho a comprar (o vender) una cantidad dada de un activo subyacente (acciones, materias primas, etc.) a un precio concreto, o hasta un precio concreto, en determinada fecha futura. La opciĂłn puede adquirirse por una pequeĂąa fracciĂłn del precio de los activos implicados y es, de hecho, una apuesta especulativa basada en lo que serĂĄ el futuro, en la que el beneficio puede ser elevado, pero donde el riesgo es perder lo que ha pagado por ella si la subida (o bajada) de precios prevista no se produce.
[3] Lo que en inglĂŠs se denomina âhedgingâ: negociar el instrumento subyacente de una forma diseĂąada para compensar el riesgo del derivado.
[4] En la regulaciĂłn pĂşblica, los modelos/algoritmos determinan, por ejemplo, los recursos propios bĂĄsicos que los bancos tienen que mantener para respaldar sus prĂŠstamos y los riesgos de sus operaciones. Pero los ejecutivos bancarios privados tratan de maximizar la rentabilidad de sus recursos propios (beneficios divididos entre el capital de recursos propios) lo que consiguen mĂĄs fĂĄcilmente minimizando los Ăşltimos por la vĂa de encontrar mecanismos para eludir, de manera parcial o completa, las hipĂłtesis o criterios definidos por dichos modelos/algoritmos de los reguladores. Proceso ampliamente extendido antes de 2007, pero no abandonado en absoluto en la actualidad. A lo que se uniĂł el ÂŤengaĂąoÂť de los prestatarios mĂĄs imaginativos a los algoritmos/modelos usados por las agencias de calificaciĂłn de crĂŠdito para lo que es, de hecho, una regulaciĂłn privada de sus calificaciones, que antes de 2008 tenĂan fuerza reguladora, disminuida, pero no eliminada, hasta la situaciĂłn actual. La vĂa seguida fue establecer instrumentos financieros ÂŤestructuradosÂť mucho mĂĄs complejos (respaldados por hipotecas, por distintos tipos de activos o por obligaciones de deuda garantizadas) que exigĂan calificaciĂłn, y que fueron incrementado su riesgo y rentabilidad hasta 2007, pero âconservandoâ sus calificaciones crediticias para atraer inversores y extraordinarios beneficios para sus gestores. A posteriori, se constatĂł que, por ejemplo, las tasas de impago reales implĂcitas en las hipotecas de alto riesgo incluidas en esos productos âestructuradosâ eran mĂĄs de cien veces superiores a las supuestas por las agencias de calificaciĂłn al establecer ĂŠstas.
