Es sabido que la derecha española fue, en un grado elevado, franquista, de igual manera que fue anti-republicana entre 1931 y 1936. Sólo grupos conservadores minoritarios, que inicialmente apoyaron el régimen del dictador, derivaron hacia posiciones antifranquistas y demócratas: monárquicos juanistas de Unión Española y democristianos antiguos (Gil-Robles) y recientes (Ruiz-Jiménez), a quienes se añadieron en la década de los setenta los carlistas. Durante la dictadura, situarse en la derecha política era situarse dentro del franquismo.

Pero ese modelo cambió a partir de julio de 1976 cuando un representante del franquismo como Adolfo Suárez se comprometió con la reforma democrática y logró que el pseudo-parlamento franquista aprobara la Ley de Reforma Política que preveía la elección de un Parlamento por sufragio universal. A partir de ahí la derecha española se situó en el campo democrático. De manera sincera e indubitada, como fue en el caso de UCD o de manera más forzada como fue el caso de Alianza Popular. En todo caso, desde finales de 1976 la derecha política española se reconcilió con la democracia y se convirtió en el pilar conservador del Estado democrático. Ese posicionamiento persistió con los Presidentes José María Aznar y Mariano Rajoy.

Pero la identificación de la derecha española con el Estado democrático está en riesgo de debilitarse o incluso de romperse si se consolida el conglomerado ideológico que se está conformando actualmente en torno a la tríada Partido Popular–Ciudadanos–Vox. Como es sabido, desde la elección de Pablo Casado como Presidente del Partido Popular y a causa de la confluencia de varias circunstancias (por convicción, por intuir que es la tendencia de los militantes populares que le apoyaron en la elección y, finalmente, por temor a Vox), el principal partido de la derecha se está escorando tanto hacia la derecha extrema que empieza a surgir una duda: ¿si gobiernan con el apoyo de Vox, hasta donde respetarán el Estado democrático? Porque más allá de sensaciones, lo que estamos viendo es una aproximación ideológica muy intensa hacia los postulados antidemocráticos (o quizás fascistas) de Vox, y esa aproximación ideológica no se dirige tanto hacia formulaciones concretas (salvo en la creciente demonización del Estado autonómico) como hacia un punto más preocupante. Porque Casado, de la mano de Vox, ha entrado en la confrontación schmittiana amigo/enemigo pues como enemigo, y no como adversario, tratan Casado y sus escuderos (García Egea, Montserrat, Cosidó) al Presidente Sánchez, a su Gobierno y al partido que lo apoya.

Esa alineación del Partido Popular con la extrema derecha y, en definitiva, con Vox, tendría menos riesgos si Ciudadanos no hubiera entrado en la misma senda de extrema derecha. Esa derechización extrema se expresa en dos circunstancias. Por una parte, adoptando el lenguaje y el mensaje del Partido Popular y de Vox. Ideológicamente, Ciudadanos se ha alejado de sus orígenes centristas y absorbe la doctrina de extrema derecha que generan Vox y Casado. Esto no les dará más votos (más bien se los restará) pero alimenta la nueva corriente antisistema de la extrema derecha. De otro lado. El rechazo rotundo a pactar en el futuro con el PSOE provoca que, al igual que en febrero de 1936, España se divida en dos bloques que, como en las elecciones del Frente Popular, son el de la España democrática y la España autoritaria. Eso se lo debemos a Ciudadanos por lanzar la idea del cordón sanitario en torno al PSOE (véase E. García de Blas: “Fundadores de Cs abogan por no excluir al PSOE de los pactos”, El País, 26 de febrero de 2019).

Hemos de finalizar con dos acotaciones. En primer lugar, la democracia española es más frágil que hace un año. Puede ser desvirtuada y agrietada por una tríada de partidos que se deslizan hacia un autoritarismo próximo al fascismo. En segundo lugar, esa fragilidad de la democracia sobrevuela en las elecciones del 28 de abril de modo que se están conformando dos bloques antagónicos asimétricos como son el de la extrema derecha (Partido Popular–Ciudadanos–Vox) y el del centro izquierda (PSOE). Porque si el bloque de la extrema derecha venciera, volveríamos, como ha vaticinado un conocido sociólogo, a la España de Arias Navarro.