Decir que Pablo Iglesias se equivocó en muchas cosas, sobre todo, en su estilo y en sus formas, también en su estrategia, no aporta nada nuevo. Seguro que él mismo diría, “ya lo sé y no hace falta que nadie me lo diga”.

Sin embargo, tomó decisiones valientes. La primera, dejar la vicepresidencia del Gobierno para presentarse en Madrid, sabiendo que la situación era realmente difícil y que las encuestas para Unidas Podemos eran malas. Así pues, decidió un ejercicio de sacrificio personal por su partido, porque perfectamente podría haberse mantenido en el Gobierno de la nación. En segundo lugar, dimitir. En España no suele dimitir casi nadie.

Pablo Iglesias se dio cuenta que su imagen era negativa, que provocaba más enemistades que amistades, que su imagen pública estaba muy deteriorada. Y decidió quitarse de en medio.

Esto sucede cuando se cumplen 10 años del 15-M. No se quiere vincular la época histórica a la figura política de Pablo Iglesias y se recuerda aquel movimiento como mucho más que la irrupción de Podemos. Así es, el 15-M fue mucho más que Podemos. Pero inevitablemente la aparición de este partido político, la ruptura del bipartidismo, los triunfos de figuras como Ada Colau o el actual Gobierno de coalición nacen de aquel movimiento.

Podemos consiguió grandes éxitos subido a la ola de lo que supuso el 15-M: llegó a las elecciones europeas, consiguió 70 diputados en las Cortes Españolas, y finalmente está en el primer gobierno de coalición de la historia. Todo ello en un corto margen de 10 años. Un margen de tiempo meteórico en el que apareció y desapareció una figura política tan mediática e impactante como Pablo Iglesias.

No olvidemos algunas cosas: Pablo Iglesias fue encumbrado por los medios de comunicación, igual que ahora han hecho con otras figuras como Ayuso. Aunque no quieran reconocerlo, los medios de comunicación construyen y destruyen figuras políticas, que, en muchas ocasiones, deben bailar a la música de los titulares.

No olvidemos tampoco que Pablo Iglesias ha sufrido el acoso, los insultos, las persecuciones y los ataques de la prensa de derechas más furibundos y nauseabundos que hemos visto nunca. El daño que le han hecho personalmente tanto a él como a su familia deja secuelas que no se ven recompensadas.

He sido crítica con Pablo. También lo soy, cuando lo considero conveniente, con mi propio partido. Siempre intento fundamentar mi punto de vista. De la misma forma, digo ahora cuánto lamento la salida de Pablo Iglesias. No es justa ni merecida por muchos errores que haya acumulado. Porque sus errores han sido estratégicos y de presentación, pero en el fondo sus argumentos están llenos de razón.

Quienes glosaron su figura y denunciaron el acoso intolerable al que ha estado sometido ha surgido de sus propias filas o de alguno de los que fueron compañeros cercanos como Íñigo Errejón. Por eso yo también me sumo a denunciar esa persecución a la que fue sometido, porque sé que muchos lo pensamos, porque no quiero dejarme llevar por la corriente de quienes se alegran de la desgracia ajena, y porque además no puede despedirse sin el reconocimiento de haber sido un político significado en una época convulsa.

La foto que circuló con su “corte de coleta” ha sido de nuevo objeto de muchos comentarios, pero pocos análisis. Él también sabía que no pasaría inadvertida esta acción. Quiero pensar que marca un antes y un después pero no un final, que marca un cambio de rumbo sin perder los principios, que de todo se debe aprender, que es un espacio intermedio para renovar y asentarse, para ganar madurez política, para comprender también dónde han estado los errores.

No hace falta que intente rellenar el artículo con frases sobre el fracaso y su importancia. La filosofía está llena de ellas porque ha sido una constante del ser humano: fracasar y levantarse, aprender de los fracasos, o el fracasado es aquel que no ha aprendido nada.

Pero hay una que sí creo que se puede acoplar al tiempo vertiginoso vivido por Pablo Iglesias. El poeta mexicano Amado Nervo dice que “la mayor parte de los fracasos nos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos”. Lo que abre la puerta a pensar que todavía queda vida política en Pablo y tiempo para meditar y aprender. Así lo espero.