El matonismo forma parte de las estrategias de la extrema derecha a lo largo de la historia, desde el nazismo, el fascismo y el franquismo en la Europa de la primera mitad del siglo XX, hasta los escuadrones ultras en LatinoamĂŠrica y los comandos paramilitares en la Ăłrbita post-soviĂŠtica durante los aĂąos 70, 80 y 90.

La violencia polĂ­tica y la parafernalia cuasi-militar han seguido acompaĂąando los discursos odiadores y populistas de las formaciones ultraderechistas en las democracias occidentales del siglo XXI.

La gran novedad y el peligro aĂąadido en este tiempo estĂĄ en la normalizaciĂłn de las estrategias violentas por parte de la derecha tradicional, antaĂąo partidaria de los valores europeĂ­stas de la libertad, la igualdad y la democracia, antĂłnimos del matonismo y el empleo de la fuerza bruta para ejercer el poder.

Es lo que estĂĄ sucediendo en EspaĂąa con la asimilaciĂłn por parte del PP de los valores y comportamientos de la ultraderecha de VOX. La justificaciĂłn y defensa que el partido de FeijĂło estĂĄ haciendo del matonismo protagonizado por Vito Quiles es buena muestra de ello.

El acoso violento de Quiles a BegoĂąa GĂłmez en una cafeterĂ­a de Madrid se disfraza de periodismo, quiere ser polĂ­tica, y no es una cosa ni la otra, sino simple matonismo.

Se trata de un comportamiento anti social y delictivo, que es preciso denunciar, condenar y erradicar, con las fuerzas de seguridad pĂşblica, con el CĂłdigo Penal y con la acciĂłn de la Justicia. La convivencia democrĂĄtica amenazada por el matonismo ultra debe ser defendida, con las armas del Estado de Derecho.

ÂżCuĂĄl es la razĂłn del matonismo que intenta sustituir a la polĂ­tica y al periodismo?

En polĂ­tica, algunos llegan a la conclusiĂłn de que con sus ideas no pueden alcanzar el poder por las buenas, porque jamĂĄs convencerĂĄn a las mayorĂ­as y, en consecuencia, deciden asaltar el poder por las malas. Si sus listas no obtienen votos suficientes, procuran intimidar y arrinconar con violencia a los adversarios, a fin de retirarles de la escena pĂşblica.

La violencia ultra se ejerce a veces de manera directa y bruta, a cargo de sicarios de baja estofa, como Quiles y otros personajes parecidos, a los que se retribuye con dinero pĂşblico desde administraciones derechistas.

El matonismo de los sicarios se complementa con otras acciones algo mĂĄs sutiles, desde algunos medios y pseudo medios de comunicaciĂłn, que difunden desinformaciĂłn, bulos, mentiras, tergiversaciones y medias verdades, con la intenciĂłn explĂ­cita de desacreditar a los adversarios polĂ­ticos progresistas. La estrategia se completa con determinadas acciones judiciales abusivas, iniciadas sin fundamento legal por organizaciones ultras.

Lo que ocurre en la polĂ­tica desde siempre, se reproduce ahora en el periodismo. Se disfraza de periodismo el matonismo activista ultra de toda la vida. El acoso violento y la difusiĂłn de bulos contra los adversarios polĂ­ticos se trata de vender como periodismo, y se pretende hacer pasar a los sicarios ultras, como Quiles, por autĂŠnticos profesionales de la informaciĂłn.

Algunos han decidido que resulta mĂĄs fĂĄcil y lucrativo servir al poder que a la verdad. Que es mĂĄs fĂĄcil y rentable inventar que investigar. Que se obtienen mĂĄs seguidores y aplausos mĂĄs atronantes con invectivas que con informaciones, con adjetivos que con hechos, con insultos que con respuestas. Hacen negocio, pero no es el negocio del periodismo. Es otra cosa, mucho mĂĄs fea. Matonismo.

Lo malo es que la convivencia democrĂĄtica requiere de polĂ­tica y de periodismo para sobrevivir, y cuando la polĂ­tica y el periodismo desaparecen ante los matones de medio pelo, la calidad de nuestra democracia se resiente.

Ya no se trata de resistirles. Se trata de contraatacar, en defensa de la democracia, con la ley en la mano. Contra el matonismo.