El Mayordomo es una de esas excepcionales cintas que a pesar de ser buena, sorprendentemente, se proyecta en multitud de salas comerciales por todo el territorio de nuestras ciudades, ahorrándonos a los amantes del buen cine ese largo peregrinar al que nos tienen obligados por las escasas salas donde se suelen visionar.

La película traza una línea de tiempo, desde la infancia de su protagonista hasta la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos. Es una historia real, crónica superadora de la segregación racial en busca de una vida mejor. Cecil Gaines, interpretado por Forest Whitaker, es su protagonista. A lo largo de su arduo viaje a la madurez, Cecil adquiere habilidades inestimables que le permiten acceder a una oportunidad única en la vida: un trabajo como mayordomo en la Casa Blanca. Allí, Cecil se convierte en testigo directo de la historia y el funcionamiento interno del Despacho Oval, mientras se gesta el movimiento por los derechos civiles, los asesinatos de John F. Kennedy y Martin Luther King, los movimientos de los Freedom Riders y las Panteras Negras, la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate.

El guión encuentra su origen en el artículo de Wil Haygood publicado en 2008 en el Washington Post “A Butler Well Served by This Election” que utiliza la historia de un personaje real, Eugene Alleen, para describir unos hechos fundamentales en la reciente historia de Estados Unidos. El cual trabajó como mayordomo con siete presidentes norteamericanos en la Casa Blanca en un periodo que se alargó desde 1956 hasta 1986. El director Lee Daniels, nominado al Oscar por Precious, nos ofrece un cuadro muy revelador y terrible del sufrimiento de la población negra. Desde esta perspectiva, tan cercana a él como afroamericano, nos cuenta la historia de su país y de su raza, con todos sus ingredientes de sangre, injusticia y dolor. Tampoco renuncia a esbozar las tensiones entre padres e hijos a la hora de afrontar el reto de construir un futuro mejor, dos maneras muy distintas de defender sus derechos como personas y ciudadanos norteamericanos.

Hay momentos de una considerable emotividad y, en general, logra poner de manifiesto en toda su gravedad el terrible costo que se pagó en ese país para que los ciudadanos de color pudieran gozar de los mismos derechos que los blancos.

Esta película, no sólo aparece como una sólida candidata a un buen puñado de Oscar, sino que ofrece la oportunidad a muchos jóvenes de entender un periodo, no tan lejano, en la que la lucha por la igualdad cambió una vergonzosa realidad.