El médico herejees un trabajo de altura, que recrea con detalle y erudición la Europa de mediados del siglo XVI en plena Reforma protestante. Una época contradictoria, en donde grandes avances científicos, junto a extraordinarios logros en matemáticas, medicina y astronomía coexistían con las guerras de religión. Episodios todavía presentes entre nosotros, y que en aquellos años se ejemplificaba en la Inquisición, con su persecución a los herejes y con las cazas de brujas. Una institución que actuaba a sus anchas sin rémoras, buscando en cualquier indicio de libertad de pensamiento la excusa indiscutible para emprender sus conocidos procesos que, entre a otros, llevaron a Miguel Servet, eminente teólogo, médico y humanista, a morir bajo terribles sufrimientos en la hoguera.

Miguel Servet ha sido conocido por ser el descubridor de la circulación de la sangre pero fue, además, un hombre que se enfrentó a la Iglesia de Roma y a Calvino, y que habiendo podido ser eximido de tan horrible fin, prefirió ser fiel a su conciencia hasta su última expiración. Y así murió, aunque nunca lo hizo, pues su pensamiento perduró a lo largo del tiempo.

Cinco siglos después, en 2011 el ayuntamiento de Ginebra, ciudad en la que fue ajusticiado y vivió sus últimos días, erigió una estatua de Servet en la colina de Champel donde fue ejecutado. A pesar de éste tan tardío reconocimiento hacia un hombre de bien, que dio su vida por no rendirse a las fauces del poder, Servet siempre vivió entre todos los que leyeron sus libros y quedaron maravillados ante su audacia y valentía.

La historia nos enseña que quienes ejercen el poder, sea cual fuere su naturaleza, cometen infamias, desmanes, se hacen dueños de vidas ajenas, pero jamás han tenido, ni tendránla potestad de dar fin a las ideas que nos acompañan y por las que luchamos, aún a riesgo de sucumbir. Y también la historia nos muestra que todavía en nuestros días, a finales del siglo XX y principios del siglo XXI, millones de personas siguen siendo objeto de genocidios, en la vieja Europa, en África, en Asia…

Y como si en una pesadilla transitáramos pareciera que nada hubiéramosaprendido de nuestros errores y así seguimos… Por lo que esperemos que entre todos podamos que lo previsible en lo cruel e inhumano no se materialice nunca más.