La derrota y despedida de Trump puede marcar, en opiniĂłn de algunos analistas, el inicio de la decadencia de los partidos nacionalpopulistas o nacional-identitarios en el prĂłximo año y medio, en Europa. En este periodo se celebrarán elecciones en Holanda, Alemania, Italia (aquĂ, en breve, si no resuelve la nueva crisis de gobierno), Francia, Chequia, HungrĂa, Bulgaria y Chipre), sin contar con otras citas inesperadas. Las primeras cuatro citas son claves, como en 2017, para definir el futuro de estas fuerzas, cuya influencia no reside en mayorĂas parlamentarias, sino en su capacidad para contaminar el discurso polĂtico general.
Parte de la debilidad de sus posiciones se debe a la incapacidad reiterada para formar un frente comĂşn, a pesar de los esforzados intentos de sus lĂderes más lĂşcidos o ambiciosos. Se han hecho avances en la convergencia de estrategias, pero no han logrado la unidad total.
LA ESQUIVA UNIDAD
Los partidos nacionalistas en sus distintas acepciones, nacional-populistas o nacional-identitarios (1), no han forjado un frente compacto ni tienen un programa comĂşn o coordinado. Prueba de ello es que ni siquiera han podido constituir un grupo Ăşnico en el Parlamento europeo, aunque hayan avanzado con respecto a legislaturas anteriores en la convergencia de sus esfuerzos polĂticos. En la actualidad, hay dos grupos de nacionalistas populistas o identitarios.
En el más numeroso e influyente (por la importancia de los paĂses de los que proceden) es Identidad y Democracia, formado por once partidos, ya muy conocidos y relevantes como la Lega (Italia), de Mateo Salvini; el Rassemblement National (Francia), de Marine Le Pen; la Alternative fĂĽr Deutschland germana; y el Partij voor de Vrijheid (PVV) o Partido por la Libertad, de Holanda. Otros arrastran una dilatada y profunda implantaciĂłn en sus paĂses, como el Partido por la Libertad (Austria), el Vlaams Belang (VB)  o InterĂ©s flamenco (BĂ©lgica), el Partido del Pueblo danĂ©s y el PERUS (acrĂłnimo de los llamados “verdaderos finlandeses”). Este grupo lo completan Libertad y democracia directa, SPD, de Chequia, y el Partido Popular Conservador estonio (EKRE).
Los anteriores partidos comparten discursos y programas centrados en el rechazo de la inmigraciĂłn, la combatividad frente a lo que consideran desafĂo cultural y amenaza contra la identidad nacional por parte de cultos y tradiciones ajenos a sus valores cristianos y el repudio a la globalizaciĂłn impuesta por las Ă©lites socio-econĂłmicas y polĂticas que han marginado a gran parte de la poblaciĂłn autĂłctona.
Con estos planteamientos están básicamente de acuerdos otros partidos nacionalistas identitarios y populistas encuadrados en otro grupo del PE, el  Conservador y Reformista (mucho de lo primero y muy poco de lo segundo). Sin embargo, y contrariamente a los anteriores, éstos mantienen una posición mucho más tradicionalistas en cuanto a las costumbres socio-morales.
Otro factor de fractura entre ambos grupos es la relaciĂłn con MoscĂş. Algunos partidos del grupo Identidad y Democracia mantienen relaciones más que fluidas con el Kremlin y, en algunos casos, segĂşn algunas investigaciones, son beneficiarios de su generosa financiaciĂłn. Por el contrario, los nacional-identitarios conservadores consideran a Rusia su principal enemigo geopolĂtico. Es el caso, sobre todo, de los polacos de Ley y Justicia, partido que gobierna en su paĂs con pretensiĂłn hegemĂłnica. Las ambiguas relaciones de Trump con Putin dificultaron el diálogo entre la Casa Blanca y Varsovia en los Ăşltimos años. Los polacos sĂłlo eran superados en este grupo por los tories, hasta el abandono británico de la UE.
El segundo partido en importancia es el Nieuw-Vlaamse Alliantie (NVA) o Alianza del Nuevo Flandes, el más votado de toda BĂ©lgica. Nacionalista conservador, ha radicalizado su mensaje xenĂłfobo para no perder el electorado nacionalista en favor de una formaciĂłn flamenca más radical, el Vlaas Belang. Pero eso le ha aislado del resto de partidos, que han forjado una coaliciĂłn heterogĂ©nea a modo de cordĂłn sanitario. TambiĂ©n son importantes en su paĂs los DemĂłcratas de Suecia, que han ido incrementando su representaciĂłn hasta alcanzar cerca del 20%, forzando a socialistas y conservadores a una gran coaliciĂłn al estilo alemán.
Otros partidos menores en este grupo son los Fratelli d’Italia, herederos de la tradiciĂłn neofascistas con rostro amable; el Partido CĂvico Democrático de Chequia (cuyo fundador,  Vaclav Klaus, se confesaba admirador de Margaret Thatcher); los holandeses Respuesta justa (ex Foro Democrático) y los calvinistas del Partido Reformado; Solidarna Polska (Polonia), PNTCD (partido nacionalista cristiano de Rumania), SoluciĂłn griega, La OrganizaciĂłn de Movimiento nacional revolucionario, VRMO (Bulgaria), Nacionala Apvieniba (Alianza Nacional, de Letonia), Sloboda i Solidarita (Libertad y Solidaridad, de Eslovaquia), Hrvatska Konzervativna Stranska (Partido Conservador de Croacia) y, finalmente, LLRA, un partido lituano de la minorĂa polaca). Aqui se ha encuadrado VOX, sobradamente conocido para nosotros.
LA FUERZA ES EL MENSAJE, NO LA MAYORĂŤA
Además de estos dos grupos, algunas formaciones nacionalistas han sido acogidas por los dos grandes grupos polĂticos del centro y el centro-derecha europeos. El Grupo Popular sigue aceptando la presencia en sus filas del hĂşngaro FIDESZ (Alianza de JĂłvenes DemĂłcratas), pese a la deriva autoritaria evidente. A pesar de las sanciones, advertencias y controversias continuas (la Ăşltima por las condiciones de salud democrática para acceder a los fondos de recuperaciĂłn econĂłmica), el partido de Viktor Orban garantiza la mayorĂa del grupo popular en la Eurocámara y su proyecto de “democracia iliberal” no constituye un obstáculo insalvable de cooperaciĂłn.
Menos polémica es la convivencia con la Unión Democrática de Croacia (HDZ), el viejo partido de Franjo Tudjman, que rompió con la Yugoslavia post-Tito y contribuyó notablemente al drama nacional en los primeros años noventa. Se ha hecho un hueco en la familiar popular,  pero su nacionalismo sigue siendo irrenunciable, aunque haya templado su discurso. Algo parecido ocurre con Obyčajnà Ľudia o Gente Común (Eslovaquia). Tiene un perfil moderado, lo que le permite aliarse con democristianos y liberales, pese a su carácter populista o identitario.
En el Grupo Liberal ha encontrado acomodo la Alianza de Ciudadanos insatisfechos (ANO), de Chequia, cuyo lĂder, Andrej Babis es un empresario millonario que construyĂł su carrera a imagen de Berlusconi y luego, tras el triunfo de Trump en las elecciones norteamericanas, se mostrĂł cercano al magnate neoyorquino. Ahora se muestra más liberal y menos nacionalista. Pero sobre todo es pragmático. Mantiene una coaliciĂłn de gobierno con el partido socialdemĂłcrata (SMER), en el que tambiĂ©n hay una fuerte corriente populista.
En cambio, el italiano Movimento 5 stelle (M5S) no se ha integrado en ninguno de los dos bloques descritos y se ha quedado en el grupo de No inscritos. Su origen populista, pero en puridad no nacionalista le ha alejado de formaciones que han hecho de la identidad su principal referencia ideolĂłgica. Tras una desgraciada colaboraciĂłn con la Lega, cambiĂł de orientaciĂłn y llegĂł a un acuerdo de gobierno con el centro izquierda. Ahora tiene de nuevo la  llave para resolver la crisis polĂtica en curso.
El MS5 está acompañado por formaciones nacionalistas en proceso de mutaciĂłn. El caso más destacado es el de JOBBIK (Movimiento por una HungrĂa mejor). Fue un partido claramente ultra derechista, tributario de la herencia de Horthy, el mariscal amigo de los nazis durante la II Guerra Mundial. Recientemente, un sector del partido ha adoptado una ideologĂa liberal, mientras los tradicionales se han atrincherado en las posiciones radicales. Los eurodiputados de JOBBIK personifican esta escisiĂłn: uno permanece en los No inscritos, mientras el perteneciente al sector renovador se ha integrado en el grupo liberal.
Hay otros dos grupos neonazis con presencia parlamentaria actual o reciente. Kotleba, nombre del lĂder por el que se conoce a Ä˝udová strana – Naše Slovensko (LSNS) o Partido del Pueblo-Nuestra Eslovaquia, heredero del Padre Josef Tiszo, otro seguidor de Hitler en la primera mitad de los cuarenta; y Renacer dorado se quedĂł fuera del Parlamento griego en 2019, tras haber logrado en torno a la veintena de diputados en los cuatro comicios anteriores.
Esta complicada constelaciĂłn de partidos nacionalistas radicales de corte conservador no será fácil de absorber en poco tiempo. Han arraigado en la sociedad, han colonizado los mensajes polĂticos de una derecha oportunista e hipĂłcrita (que los condena pero colabora con ellos) y han arrebatado parte de su base social al centro-izquierda social-demĂłcrata, sumido aĂşn en una profunda crisis programática y de credibilidad.
Los lĂderes identitarios europeos se han desmarcado del trumpismo tras el asalto al Congreso (2), pero mantienen sus corpus doctrinales y su estrategias polĂticas, máxime en este momento de creciente malestar social por las consecuencias de la pandemia. Por otro lado, como ellos mismos dicen, el nacionalismo no lo inventĂł Trump: más bien se apuntĂł a una corriente que ha tenido en Europa uno de sus principales polos de atracciĂłn planetaria.
NOTAS
(1) El politólogo francés Anaïs Voy-Gillis prefiere emplear el término nacional-identitarios para definir a estos grupos, como explica en su obra L’Union européenne a l’épreuve des nationalismes (Éditions du Rocher, 2020), no traducida aún en España.
(2) “European populists who looked to Trump now look away“. STEVEN ERLANGER. THE NEW YORK TIMES, 13 de enero.
