El 30 de julio de 2020, Donald Trump, ante la derrota electoral que vaticinaban las encuestas en las elecciones presidenciales, pretendió aplazarlas con el siguiente mensaje en Twitter: «Con el voto por correo universal (no el voto para los ausentes, que va bien), las de 2020 serán las elecciones más fraudulentas e imprecisas de la historia. Sería una vergüenza para Estados Unidos. ¿Aplazamos las elecciones hasta que las personas puedan votar de forma adecuada y segura?».

Lo que sucedió después ya lo conocemos. Lo que no parecía probable es que poco tiempo después en España, y ante la celebración de unas elecciones autonómicas en Cataluña, los independentistas y Ciudadanos, ante sus malas perspectivas electorales, pretendieran hacer lo mismo, y hayan ido más lejos que el propio Trump, al aprobar el govern, con el apoyo de Ciudadanos, un decreto que posponía las elecciones hasta el 30 de mayo.

La excusa, argumentada por el presidente de la Generalitat en funciones, es que mantener las elecciones el 14 de febrero suponía un «riesgo inasumible» a nivel sanitario y afectaría a la participación electoral. Y, por tanto, consideraba que la nueva fecha es la mejor opción para celebrarlas con seguridad.

Otra mentira más del independentismo, a la que se ha sumado Ciudadanos ante su retroceso electoral. Hay que hablar claro, el riesgo que preocupa de verdad a los independentistas es perder el poder. Y el riesgo que preocupa a Ciudadanos es sufrir otro batacazo electoral.

Y todo en un momento en el que a la gente le gustaría que ganara las elecciones el PSC (19 por ciento), seguido de ERC (16,8) y JxCat (8,7). Y todo en un momento en el que a los ciudadanos les gustaría que el presidente de la Generalitat fuera Salvador Illa, así lo señala el 22 por ciento. Seguido de Laura Borrás, con un 11,1 por ciento; y Pere Aragonés, con un 9 por ciento.

Más datos que los llevaron a intentar evitar que los catalanes voten. Cuando se pregunta a los catalanes si creen que la situación general de Cataluña es ahora mucho mejor, mejor, igual, peor, o mucho peor que hace tres años, un 66,8 por ciento cree que la situación está peor o mucho peor; un 24,2 por ciento, igual; un 5,7 por ciento, mejor; y un 0,4 por ciento, mucho mejor, según la encuesta preelectoral para las elecciones autonómicas de Cataluña del CIS.

¿Lo importante en Cataluña no era que los ciudadanos votaran? Ahora, cuando les vienen mal dadas parece que ya no.

¿No recuerda el gobierno de Cataluña que prepararon en diciembre cinco protocolos para votar con seguridad el 14-F? Sí lo recuerdan, pero no es cuestión de seguridad sino de que pierden votos.

¿Cómo es posible que Ciudadanos vaya de la mano de los independentistas? Pues tan sencillo como que su supuesto regeneracionismo acaba cuando gana unas elecciones y no asume su responsabilidad de intentar formar gobierno; cuando anteponen llegar al poder, aunque sea de la mano de la ultraderecha; o cuando la sangría electoral es tan amplia que lo que importa es intentar salvar el mayor número de escaños posible, aunque sea intentando ganar un tiempo que ya no tienen.

¿Cómo se puede argumentar que los ciudadanos sí pueden ir a trabajar o estudiar, y no pueden ir a votar? Con mucha cara.

El argumento real no es la seguridad, sino sus posibles malos resultados electorales y su pérdida del poder. Máxime, cuando el sistema electoral en nuestro país es uno de los más seguros del mundo, y ellos mismos, ya habían diseñado las medidas específicas de seguridad frente a la COVID-19 en todo el proceso electoral y en los colegios electorales.

Otro dato. Cuando se pregunta a los catalanes como calificarían la gestión realizada por el presidente Quim Torra al frente de la Generalitat durante los últimos tres años, si muy buena, buena, regular, mala o muy mala, un 48,5 por ciento afirma que mala o muy mala; un 29,1 por ciento, que regular; un 15,7 por ciento, buena; y un 3,2 por ciento, como muy buena, según el CIS. Aquí esta una de las razones de este intento de artimaña electoral de los independentistas.

Menos mal que, ante este despropósito, se ha pronunciado con contundencia el PSC, que es la alternativa a la que pretenden cerrar el paso tanto los independentistas como Ciudadanos.

Menos mal que, ante tanto despropósito, la sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya ha mantenido provisionalmente las elecciones para el 14 de febrero.

Y lo hace, argumentando que “para adoptar esta decisión se ha valorado que hay un interés público muy intenso en la celebración de las elecciones suspendidas, porque si no se celebran se abre un periodo prolongado de provisionalidad que afecta al normal funcionamiento de las instituciones democráticas”.

También, señalan que “se ha valorado que la decisión afecta al derecho fundamental de sufragio activo y pasivo, o derecho al voto, cuya suspensión no está prevista en el marco normativo estatal del estado de alarma, que admite expresamente la celebración de elecciones durante la vigencia del estado de alarma”.

Finalmente, el tribunal les recuerda lo que ellos mismos han hecho. Y es que las medidas sanitarias actuales no limitan desplazamientos para actividades no esenciales, así como la efectiva implantación de medidas preventivas por las Administraciones con competencia en materia sanitaria y electoral.

Estos argumentos les dan igual. Y ya han comenzado una caza de brujas contra el gobierno de la nación y contra el candidato del PSC, Salvador Illa, porque lo único que les interesa es aferrarse al poder como sea. Incluso intentando saltarse las reglas de juego democráticas.

Es hora de votar. Votar, votar y votar. Y que sean los ciudadanos quienes decidan. Aunque parece que ya han decidido apoyar a Illa.