INTRODUCCIÓN.

El creciente calentamiento global y sus efectos están muy directamente asociados a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que, a su vez, tienen una relación directa con el consumo de energía y su composición. Estos, en España, han tenido una evolución histórica que explica aspectos fundamentales de su comportamiento desde la perspectiva de los cinco objetivos fundamentales fuertemente interrelacionados definidos para la transición energética: seguridad y autosuficiencia energética; descarbonización; ahorro y eficiencia; accesibilidad por precio y competitividad; e investigación e innovación en la mejora de la eficiencia y en la competitividad.

La interrelación entre la evolución energética y la socioeconómica, ambiental y territorial, en España, está ligada al fuerte proceso de urbanización registrado desde 1960 (más del 80% de la población residiendo en áreas urbanas, en el censo de 2021) y con la radical trasformación de su territorio, que no son independientes de la evolución socioeconómica de este país y de la mejora del bienestar medio de su población. De una producción especializada en el sector agrario, con más del 50% de la población activa en este sector antes de 1950, que se mantenía por encima del 19% en 1979, se pasa a una sociedad eminentemente ocupada en el sector servicios (del orden del 75% en el sector servicios frente a del orden del 4% en el sector primario a principios de la década actual) con una importancia muy destacada y creciente para el turismo.

Evolución en la que el creciente predominio de la carretera en el transporte y la ausencia de políticas de descarbonización decididas, sobre todo desde 2011 a 2019, habían llevado, en este último año, a una dependencia energética del exterior un 50% superior a la ya de por sí muy elevada de la UE (más del 58% antes de la pandemia).

En 2019 se produce un cambio sustancial en el marco europeo y español que va a condicionar la evolución del sector energético y su capacidad y dirección de transformación territorial hasta este año 2024. Se produce en 2019 la elección de un nuevo Parlamento y Comisión Europea, que va a venir acompañada, antes de la COP25 sobre Cambio Climático, de diciembre de 2019, de la asunción del Pacto Verde Europeo y de la aprobación de una Declaración de Emergencia Climática, con la oposición radical de la extrema derecha a la lucha contra el calentamiento global recogida en la misma.

El Pacto Verde Europeo definido por la Comisión Europea y la consolidación del Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, en España, junto a la Declaración de Emergencia Climática del nuevo Gobierno de España, marcan el inicio de una nueva política dirigida a viabilizar, para 2050, una sociedad con emisiones de gases de efecto invernadero netas nulas y desmaterializada[1].

La pandemia de la Covid 19, de 2020, la reacción de los poderes públicos a la invasión de Ucrania, en febrero de 2022, y las políticas derivadas de sus efectos, son elementos que van a introducir cambios muy significativos en la UE y en España, en el marco de una dinámica global inestable, incierta y frágil, que va a condicionar las políticas energéticas puestas en marcha en un marco mundial en el que se mantiene el crecimiento en el uso de las energías fósiles, se produce un aumento de los costes de producción, de la inflación y de las tasas de interés que inciden en el coste de nuevas inversiones, y en el que el incremento de las desigualdades y de la pobreza energética, dibujan un panorama futuro poco alentador para el Planeta.

En la actualidad la UE mantiene los objetivos de descarbonización establecidos para el 2030 (reducción del 55% neto de emisiones de GEI) y 2050 (reducción del 100% neto), respectivamente, lo que exige que los Estados europeos aceleren el desarrollo de energías renovables, mejoren el ahorro y eficiencia energética, avancen en la seguridad energética y mejoren la incidencia de la energía en la competitividad económica, a la vez que reducen radicalmente las emisiones de GEI.

En este marco, el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC 2023-2030)[2] aprobado por la CE, sintetiza las principales medidas comprometidas por el Gobierno español y aprobadas por la CE, al menos hasta su próxima revisión de 2025, y muestra, siguiendo las directrices de la UE, una mejora sustancial en los Objetivos establecidos para 2030 respecto a los asumidos en el anterior PNIEC 2021-2030 y en la propia Ley de Cambio Climático y Transición Energética española[3]. Al mismo tiempo, en su Anexo A (Pág. 443) recoge el Escenario PNIEC 2023-2030 y la evolución prevista de los principales factores exógenos que influyen en el sistema energético y en las emisiones de gases de efecto invernadero, aspectos fundamentales para valorar la posible viabilidad de los objetivos del PNIEC tras los resultados registrados hasta junio de 2024.

En ese sentido, la CE acaba de publicar el informe “State of the Energy Union Report 2024”[4] que nos permite considerar la situación de España en el marco de la UE, condicionada igualmente por las tendencias globales predominantes en la actualidad, para llegar a alcanzar los objetivos previstos para 2030.

EL ESTADO ENERGÉTICO DE LA UE EN 2024 EN RELACIÓN A LA SITUACIÓN DE ESPAÑA.

Principales consideraciones del Informe.

El Informe de la CE hace una síntesis de los avances conseguidos por la CE desde 2019, tanto en lo que se refiere al establecimiento de un marco regulatorio director de “la transición hacia la energía limpia”, que le ha permitido “resistir riesgos críticos para su seguridad energética, recuperar el control sobre el mercado y los precios de la energía y acelerar la transición hacia la neutralidad climática”, como en su política de acompañamiento de las evoluciones seguidas en los distintos países miembros. Así, destaca desde un punto de vista general:

Primero. En 2022, el consumo de energía primaria de la UE reanudó su tendencia a la baja, cayendo un 4,1 %. La evolución del Consumo final de energía en la UE y en España, en el período 2011-2022 se aprecia en la Figura siguiente, en la que destaca la incidencia de la crisis financiero-especulativa iniciada en 2008 en este país y los efectos de la pandemia sobre el consumo energético. En todo caso apreciaos que el consumo final en España es más sensible a los vaivenes socioeconómicos que en la media de la UE, en parte por el peso del sector servicios (en particular el turismo) y la construcción en este país.

Los datos correspondientes anuales, extraídos del Balance Energético Final publicado por Eurostat en mayo de 2024, muestran un consumo final, excluyendo usos no energéticos, desde 2011 a 2022, para España de:

En este marco, el PNIEC 2023-2030, recoge las previsiones del Cuadro siguiente para el consumo de energía final (excluidos usos no energéticos) hasta 2030 para España, con datos que difieren, para 2019 y 2020, de los anteriores valores de Eurostat, coincidentes con los definitivos publicados por IDAE(2024)[5]; así son superiores en un 4,7% (81.511 ktep., frente a 85.553 ktep.), en 2019 y en un 0,9% (72.322 ktep., frente a 72.939 ktep.), en 2020.

Atendiendo al consumo registrado de 77.873 ktep para 2022, y al crecimiento económico registrado en España en 2023 y 2024, así como al previsible para 2025, es factible que la cifra prevista para 2025 del consumo final de energía excluyendo los usos no energéticos pueda ser del orden de los 77.834 ktep previstos en el PNIEC 2023-2030.

Segundo. Las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE cayeron un 32,55% entre 1990 y 2022, mientras que la economía de la UE creció alrededor de un 67% en el mismo período. En lo que respecta a las emisiones cubiertas por el RCDE, los datos notificados por los Estados miembros de la UE hasta el 2 de abril de 2024 muestran una disminución del 15,5% de las emisiones en 2023, en comparación con los niveles de 2022. Con este avance, las emisiones del ETS están ahora alrededor de un 47% por debajo de los niveles de 2005 y están en camino de alcanzar el objetivo de 2030 de reducirlas en un 62% para el conjunto de la UE. En el caso de España[6], la evolución es mucho menos significativa que en la UE, con unas emisiones, en 2023, que se han reducido en un 6,3% respecto a 2022, y se sitúan en un 4% por debajo de los valores de 1990, y en un 37% por debajo de los valores de 2005. Las previsiones de la Agencia Europea de la Energía[7] para España son que las emisiones totales, incluida la aviación interior, pero excluidas las variaciones derivadas de los usos del suelo (LULUCF) disminuyan un 3,8% para 2030 respecto a 2023, lo que implicaría una reducción de menos del 8% respecto a 1990, lejos del objetivo del 32% del PNIEC 2023-2030, que difícilmente podrían compensar la reforestación y cambios en los usos del suelo.

Tercero. A nivel internacional, la UE ha liderado la iniciativa mundial para triplicar la capacidad de energía renovable y duplicar las mejoras en la eficiencia energética, como parte de la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles, que fue respaldada por todas las Partes en la COP28 en Dubai.

Cuarto. La UE ha seguido apoyando energéticamente a Ucrania frente a los incesantes ataques rusos a su sistema energético.

Adicionalmente, y de forma complementaria, como aspectos fundamentales de la evolución seguida se consideran los recogidos en los sub-epígrafes siguientes.

Avances en la generación de energía eólica.

De forma general, se ha producido un fuerte incremento en la generación de energía eólica terrestre y marina en la UE, alcanzando una capacidad instalada total acumulada de 221 GW (201 GW terrestres; 19 GW marina), con 16 GW instalados en 2023. Con ello, la energía eólica superó al gas y se convirtió en la segunda fuente de electricidad más importante de la UE, detrás de la nuclear.

La evolución seguida y las previsiones hasta el 2030 se aprecian en la Figura siguiente.

En el primer semestre de 2024 (H1) en la UE se han instalado 6,4 GW de capacidad de energía eólica (5,3 GW onshore y 1,1 GW offshore) de las que, a España, como se aprecia en la Figura siguiente, corresponden 876 MW, situándose en el tercer puesto del conjunto europeo, tras Alemania y Francia en el año; pero en el segundo, tras Alemania, en cuanto a capacidad total instalada: 31.367 MW; lo que representa el 14% de la UE27, con 31.360 MW onshore.

Las previsiones de nuevas instalaciones eólicas para España respecto a la UE27, así como el total esperado para 2030 se recogen en el Cuadro siguiente:

Con estas previsiones está claro que España se encontrará lejos de la potencia bruta prevista para la eólica en el PNIEC 2023-2030 donde se recogían 42.144 MW para 2025, mientras que WindEurope prevé que el montante sea algo superior a los 35.000 MW (del orden del 83% de lo previsto en el PNIEC). Y la diferencia se hace mayor para el 2030, con unas previsiones del PNIEC de 62 GW y de WindEurope de menos de 39 GW (63% de lo previsto).

Avances en la generación de energía solar.

En cuanto a la energía solar, se logró disponer, en la UE, de 40 GW de nueva capacidad de energía solar instalada en 2022, y de 56 GW adicionales instalados en 2023. Respecto al conjunto del planeta, en 2023 España se instaló el 2% de la energía solar, tras China, EEUU, Brasil, Alemania e India, correspondiendo el 71% del total a China. No obstante, el crecimiento en este capítulo se vio frenado, en 2023, con un 5% de incremento respecto a 2022, frente al gran aumento (76%) registrado en 2022 frente a 2021.

Según Solar Power Europe (Págs. 22-23) España, en 2023, confirmó la importancia y extensión de la energía fotovoltaica instalada ocupando suelos rurales. Por el contrario, experimentó una caída del 53% respecto a 2022 en el segmento residencial (techos solares), atribuida en parte a los retrasos en los pagos de subsidios que empañaron la percepción pública sobre la instalación de energía fotovoltaica en los tejados. De manera similar, el segmento comercial e industrial experimentó una tendencia a la baja, disminuyendo un 22%, a pesar de la caída de los precios de los módulos fotovoltaicos. El segmento solar de servicios públicos fue el único que creció en 2023, con un repunte notable del 25%. Por otra parte, destacan que los parques solares españoles a menudo se desarrollan a través de PPA, lo que subraya la posición del país como líder mundial en energía solar sin subsidios.

Dada la enorme cartera de proyectos fotovoltaicos existente, el crecimiento podría haber sido mucho mayor si no fuera por los problemas de conexión a la red, las altas tasas de interés, la disminución de los precios mayoristas de la electricidad y la disminución de las tasas de captura solar que han hecho que el desarrollo de parques solares sea menos atractivo en España. En todo caso, atendiendo a la capacidad solar instalada per cápita, España presenta una posición global destacada, situándose en la séptima posición mundial, con 764 Watt/cápita, superando ampliamente la media europea de 382 Watt/cápita de 2023. La fuerte actuación en instalaciones solares desde 2019 se aprecia en la Figura siguiente.

Con respecto a las previsiones globales sobre los Escenarios de capacidad solar hasta 2028, la Figura siguiente recoge las que señala Solar Power Europa 2024 (Pág. 42), que muestra cómo lo instalado hasta 2023 mejora significativamente las previsiones que se han venido realizando hasta la actualidad por distintas fuentes (Pág. 53) y, en particular, por la Agencia Internacional de la Energía en su último World Energy Outlook 2023[8].

También se destaca (Pág. 91) que, pese a los objetivos establecidos por la UE para 2030, se espera que ésta crezca en menor medida que el conjunto mundial (de 61 GW, en 2023, a una media de 97 GW, en 2028), perdiendo posiciones relativas en el mismo: desde el 16% que representaba en 2023 hasta un 14% para 2028.

En el caso de España, las previsiones son que las adiciones de energía solar en el período 2024-2028 se moderen relativamente (fundamentalmente por el freno en las instalaciones de techos solares asociadas a problemas de gestión administrativa) después de haber alcanzado, en 2023, el 17% en el mix eléctrico. Así, prevén que se sitúen entre 32 y 52 GW, con una estimación media de 46 GW adicionales en el período 2024-2028, lo que le llevaría a pasar de una capacidad media instalada, en 2023, de 36,273 GW a 82,251 GW, en 2028, según Solar Power Europa 2024 (Pág. 47), con un incremento anual medio del 18% entre 2024 y 2028.

Con ello, pese a situarse para 2025 por debajo de las previsiones del PNIEC 2023-2030, (56,737 GW frente a unos 55 GW de SolarPowerEuropa2024) superaría éstas ampliamente para 2030, donde el PNIEC definía una potencia bruta instalada de 76,387 GW, que se vería superada, según SolarPowerEuropa2024, ya en 2028

Participación de las energías renovables en la generación eléctrica.

En el primer semestre de 2024 las energías renovables generaron el 50% de la electricidad en la UE, aportando mayor electricidad que todas las energías fósiles conjuntamente. Y ello en un marco global en el que las energías renovables van ganando posiciones, aunque a un ritmo menor al necesario para reducir significativamente las emisiones globales de GEI, tal y como se aprecia en la Figura siguiente.

Situación directamente relacionada con la dinámica seguida en la UE respecto a la capacidad instalada de energía eólica y solar, hasta 2022, y la nueva capacidad de 2022 y 2023, que se aprecian en la Figura siguiente.

En el caso español, las previsiones del PNIEC 2023-2030 hasta el 2030 con los valores correspondientes a 2019 y 2020, así como los correspondientes a 2023, ofrecidos por Red Eléctrica Española[9], se recogen en el Cuadro siguiente:

Los datos proporcionados por Red Eléctrica Española para 2023 muestran valores que permiten comprobar las dificultades de lograr los objetivos establecidos en eólicas y fotovoltaicas como antes hemos reflejado. De hecho, de seguir la media de incremento de potencia del período 2020-2023 (5.668 MW/año) en 2025, previamente a la nueva revisión del PNIEC, nos encontraríamos con 136.943 MW de potencia bruta, un 13% por debajo de la previsión para ese año.

Participación del gas en el sistema energético.

La fuerte dependencia del gas ruso en Centroeuropa, la guerra ruso-ucrania y las penalizaciones establecidas por la UE hacia Rusia, incidieron, en 2022, en un grave empeoramiento del suministro energético en la UE y en un fuerte encarecimiento de la energía. Por ello, la reducción de la demanda de gas natural, de la que la UE es fuertemente dependiente del exterior, se convirtió en un objetivo prioritario, habiendo logrado que, entre agosto de 2022 y mayo de 2024, dicha demanda descendiera en un 18% (138 mil millones de metros cúbicos), por encima del objetivo establecido del 15%.

La situación de cada Estado miembro se aprecia en la Figura siguiente, donde España, que se situaba en mejor posición en el acceso al gas natural, ha reducido su demanda en un 10%.

Complementariamente hay que señalar que la participación del gas ruso en las importaciones de la UE cayó del 45%, en 2021, al 18% en junio de 2024, compensada por las importaciones de Noruega (34%) y Estados Unidos (18%), tal y como se aprecia en la Figura siguiente, destacando que la seguridad del suministro ha mejorado notablemente y la UE está en vías de cumplir el objetivo de REPowerEU de ser independiente de los combustibles fósiles rusos de aquí a 2027.

En 2022, las importaciones totales de gas ruso (GNL y gas natural canalizado) cayeron a 80 000 millones de m3 (24% de las importaciones de la UE), frente a unas importaciones anuales de 155 000 millones de m3 (45%) antes de la crisis. Aunque las importaciones de GNL procedentes de Rusia han aumentado desde 2021, representan una parte muy pequeña de las importaciones totales de gas.

Para facilitar esta dinámica se han puesto en funcionamiento doce nuevas terminales de gas natural licuado (GNL) y seis proyectos de expansión de terminales existentes entre 2022 y 2024, lo que aumentará la capacidad de importación de GNL de la UE en un 400% (de 70 bcm, hasta 284 bcm en 2024).

También hay que señalar que, desde el punto de vista de la seguridad de suministro, la UE alcanzó su objetivo de almacenamiento de gas del 90% en invierno, el 19 de agosto de 2024, mucho antes de la fecha límite del 1 de noviembre.

La problemática del precio de la energía y de la dependencia energética.

Los precios de la energía son más estables en el conjunto de la UE en 2024, y se mantienen significativamente por debajo de los niveles máximos de la crisis energética de 2022.

No obstante, las políticas de recorte de oferta de la Organización de Países Productores de Petróleo y sus socios, con Rusia a la cabeza (OPEP+), pretenden mantener el precio del petróleo en el entorno de los 80 $/barril Brent (de referencia en Europa) después de que la invasión rusa de Ucrania llegara a disparar la cotización por encima de los 120 dólares en barril de Brent europeo. A 17 de septiembre de 2024 el precio era de 72 $/barril, habiéndose movido en todo 2024 entre este precio y los 90 $/barril de abril de 2024.

Con respecto al gas natural la evolución se recoge en la Figura siguiente, donde se aprecia los fuertes incrementos registrados en 2022 por las incidencias de la guerra de Rusia/Ucrania sobre un mercado caracterizado por su estabilidad. A 16 de septiembre el precio se situaba en 34 €/MWh.

En este marco, hay que señalar que España es uno de los países de la Unión Europea en el que repercute en mayor medida la variación de los precios de la energía y, particularmente la variación de los precios del petróleo y del gas, como consecuencia de la fuerte dependencia exterior del consumo energético del petróleo, en primer lugar, y del gas, en segundo lugar. Por ello la importancia de constatar los precios de referencia de los combustibles fósiles (recomendados por la Comisión Europea) hasta el año 2030 que se han asumido en el PNIEC 2023-2030 para sus previsiones globales al 2030, con los registrados hasta la actualidad.

Como apreciamos, el precio del barril Brent Enterría dentro de lo esperable para 2025, pero no sucede lo mismo con el precio del gas que, previsiblemente, las estimaciones actuales de los mercados de futuro lo sitúan al doble de su valor. La cotización del carbón sería ya irrelevante para 2025.

Como síntesis, podemos señalar que la actual situación geopolítica y socioeconómica global, junto con las incertidumbres asociadas, habrían hecho recomendable la consideración de Escenarios alternativos en el PNIEC, sobre todo en lo que hace referencia al precio del gas y a los Escenarios de energías renovables. Y ello, porque la fuerte dependencia energética española y la incapacidad de influir en los precios de la energía de los mercados globales, explican que el coste de la energía en estos y el tipo de intercambio euro/dólar, sean factores determinantes en la fijación del precio de la energía en España hasta la actualidad y en la competitividad de su economía.

De hecho, hay que señalar que precisamente el objetivo de reducción de la dependencia energética es uno de los objetivos fundamentales del nuevo PNIEC 2023-2030, pretendiendo que, con las acciones incorporadas, ésta se reduzca del 73% registrado en 2019 al 51% para 2030. Reducción para la que es fundamental que el nuevo PNIEC 2023-2030 logre que, para 2030, el 49% de la energía primaria proceda de fuentes autóctonas. Objetivo que por ahora no tiende a cumplir la evolución detectada, sobre todo en energía renovable y, en particular, en la solar como hemos visto anteriormente.

Como apreciamos, el señalado previsible incumplimiento de los objetivos de producción de energías renovables hace inviable la consecución de la disminución de la dependencia energética para los niveles previstos en 2025. Por otro lado, gran parte de esa mejora en la dependencia energética se asocia con previsiones de ahorro energético que están en línea con los objetivos de ahorro energético establecidos por la prevista nueva Directiva de Eficiencia Energética Europea que exige alcanzar ahorros anuales en términos de energía final, respecto a la media del consumo de los años 2016 a 2018, del 1,3% en 2024 y 2025, del 1,5% en 2026 y 2027 y del 1,9% en 2028, 2029 y 2030. Objetivos que habrá que esperar a finales de 2024 para valorar su grado de cumplimiento pero en la que la dinámica recogida en el Balance Energético Provisional de 2023 no permiten ser optimistas.

Insuficiencias detectadas en la UE y nuevas líneas de acción propuestas para la nueva Comisión Europea y aplicables a España para la revisión PNIEC 2025-2030.

Tras los análisis anteriores, el Informe de la CE “State of the Energy Union Report 2024”[10] se centra en que, de cara al futuro y al cumplimiento de los objetivos hasta ahora vigentes, sería necesaria una respuesta política y un cambio radical en los esfuerzos a nivel de la UE y de los Estados miembros, mediante una mayor coordinación, integración de los mercados y acción conjunta. Lo que exige que la nueva Comisión Europea resultado de las elecciones de 2024 y las revisiones de los PNIEC de los Estados miembros tendrán que tener en cuenta que:

  • Será necesario intensificar los esfuerzos en materia de eficiencia energética para que cada Estado miembro alcance los objetivos establecidos y la UE pueda lograr el objetivo de reducción del consumo final de energía del 11,7% para 2030.
  • Aunque la dinámica en la ampliación de las energías renovables es positiva, ésta es insuficiente para lograr reducir sensiblemente los objetivos de dependencia energética por lo que se requiere ampliar todo lo posible la materialización de los potenciales renovables existentes en cada país. España tiene un potencial muy elevado y no aprovechado en materia de energía solar fotovoltaica.
  • Es necesario seguir mejorando, sobre todo la electrificación de los equipos de calefacción, en general, y el ritmo de renovación energética de los edificios. España presenta una situación muy retrasada en este capítulo y fuertes restricciones para el avance en el mismo.
  • Es necesario intensificar los esfuerzos para abordar los altos precios relativos de la energía y lograr mejorar la competitividad de la UE en comparación con otros competidores mundiales. Renovables, pro-consumidores y eficiencia energética son los ámbitos de acción prioritarios a desarrollar.
  • Hay que acelerar las inversiones en las redes de infraestructura integradas de Europa, que son esenciales para la electrificación de la economía europea. Las conexiones eléctricas con Francia son una prioridad para España que hay que lograr que imponga la UE como prioridad para ambos países.
  • Es necesario potenciar asociaciones con la industria para acelerar el desarrollo de tecnologías de cero emisiones netas y fortalecer la base manufacturera de la UE, en línea con la Alianza Europea de Baterías, la Alianza Europea del Hidrógeno Limpio, la Alianza de la Industria Solar Fotovoltaica, la Alianza Industrial de la cadena de valor de los combustibles renovables y con bajas emisiones de carbono, y la Alianza sobre Pequeños Reactores Modulares.
  • Potenciar el uso del Fondo de Innovación Europeo que, con un presupuesto estimado de unos 40.000 millones de euros hasta 2030, debe incentivar el papel de la innovación en materia energética.
  • Hay que corregir el aumento de la pobreza energética e incrementar la protección sobre los más vulnerables, complementando medidas en vigor que, en caso de crisis de precios del gas natural, permiten a los Estados miembros introducir medidas, como la fijación de precios a nivel minorista para proteger a los consumidores y garantizar el acceso a una energía asequible y a servicios sociales esenciales.
  • Deben aprovecharse las potencialidades del Fondo Social para el Clima (movilizará al menos 86.700 millones de euros para el período 2026-2032) que, con una cofinanciación de los Estados miembros del 25%, apoyará medidas estructurales e inversiones en renovaciones para mejorar la eficiencia energética, el acceso a viviendas asequibles y energéticamente eficientes, calefacción y refrigeración limpias e integración de energías renovables, así como en movilidad y transporte con emisiones cero o bajas, o para proporcionar un apoyo directo temporal a la renta familiar.
  • Hay que prevenir el riesgo de nuevas dependencias energéticas estratégicas críticas.

Por último, para avanzar en estas medidas el Informe recuerda el retraso de la mayoría de Estados miembros (no es el caso de España) en presentar sus Planes Nacionales de Energía y Clima actualizados, aspecto imprescindible para garantizar la consecución colectiva de los objetivos energéticos y climáticos para 2030.

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[1] Fuente: MITERD (2020). “Estrategia de Descarbonización a largo plazo 2050 (EDLP2050)”. https://www.miteco.gob.es/es/prensa/documentoelp_tcm30-516109.pdf

[2] https://energia.gob.es/es-es/Participacion/Paginas/DetalleParticipacionPublica.aspx?k=607

[3] PNIEC 2023-2030. https://energia.gob.es/es-es/Participacion/Paginas/DetalleParticipacionPublica.aspx?k=607.  Pág. 443.

[4] https://energy.ec.europa.eu/document/download/bd3e3460-2406-47a1-aa2e-c0a0ba52a75a_en?filename=State%20of%20the%20Energy%20Union%20Report%202024.pdf

[5] https://www.idae.es/index.php/informacion-y-publicaciones/estudios-informes-y-estadisticas/estadisticas-y-balance-energetico

[6] https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/sistema-espanol-de-inventario-sei-/avance-GEI-2023.pdf

[7] https://www.eea.europa.eu/en/datahub/datahubitem-view/4b8d94a4-aed7-4e67-a54c-0623a50f48e8

[8] https://www.iea.org/reports/world-energy-outlook-2023

[9] https://www.sistemaelectrico-ree.es/informe-del-sistema-electrico/generacion/potencia-instalada

[10] https://energy.ec.europa.eu/document/download/bd3e3460-2406-47a1-aa2e-c0a0ba52a75a_en?filename=State%20of%20the%20Energy%20Union%20Report%202024.pdf