A principios de febrero, Donald Trump se reunía en Washington con los líderes de la coalición internacional que combate a los terroristas en Siria y anunciaba formalmente la derrota del Estado Islámico. Trump, decía “estén seguros que haremos lo que sea necesario para derrotar hasta la última persona de esa locura del Estado Islámico y para defender a nuestra gente del terrorismo radical islamista”.

Unos días después, en dos mensajes de Twitter, Trump pedía a sus aliados europeos que se hicieran cargo de los ciudadanos de sus respectivos países que habían luchado con el Estado Islámico y habían sido capturados por las fuerzas apoyadas por Estados Unidos.

Concretamente, decía:

“Estados Unidos pide a Reino Unido, Francia, Alemania y otros aliados europeos que recobren a los más de 800 combatientes del Estado Islámico que hemos capturado en Siria y los juzguen. El califato está a punto de caer. La alternativa no es buena pues nos veremos forzados a liberarlos. Estados Unidos no quiere ver cómo esos combatientes del Estado Islámico permean Europa, que es donde se espera que vayan. Hacemos tanto y gastamos tanto, es hora de que otros avancen y hagan el trabajo que son muy capaces de hacer. ¡Nos vamos después de una victoria 100% al califato!”.

El terrorismo yihadista es una de las principales amenazas a las que se enfrenta España y la comunidad internacional. La utilización de las redes sociales para la propaganda, la captación, la instrucción y la financiación del terrorismo; y el uso de las cárceles para la captación y la radicalización de personas violentas que luego utilizar en futuros atentados, son graves problemas a los que nos enfrentamos. Pero junto a ellos, ahora, uno de los mayores asuntos que hay que resolver es el retorno de combatientes terroristas a Europa tras estar en escenarios de conflicto y la derrota del EI.

En este contexto, el gobierno de España ha dado un paso importante aprobando la Estrategia Nacional Contra el Terrorismo, que sustituye a la anterior Estrategia Integral contra el Terrorismo Internacional y la Radicalización (EICTIR), elaborada en el año 2012. Y cuyo periodo inicial de vigencia será de cuatro años, salvo que los acontecimientos o circunstancias aconsejen su modificación.

Esta nueva estrategia, que parte de la unidad y de una amplia participación, es el marco de referencia para prevenir, combatir y contrarrestar la amenaza terrorista y el extremismo violento contra los ciudadanos y los intereses españoles. Y se adapta a los cambios ocurridos en los últimos años en el entorno de la seguridad global y a las mutaciones del fenómeno terrorista.

A pesar del ruido electoral, hay que destacar la decisión del Gobierno de hacer pública esta Estrategia contra el Terrorismo, rompiendo una tradición en la lucha contra el terrorismo en nuestro país, y enlazando con una sociedad española que demanda más transparencia y rendición de cuentas a los poderes públicos. Además, el hecho de que sea pública, favorece la implicación de los sectores e instituciones que más participan en esta cuestión, y también el conocimiento de toda la sociedad.

La Estrategia Nacional Contra el Terrorismo se estructura en torno a cuatro pilares:

  • Prevenir, donde se desarrollan las líneas estratégicas necesarias para detectar e impedir la aparición, desarrollo y expansión del terrorismo y de los extremismos violentos, abordando sus causas y protegiendo a los individuos y colectivos más vulnerables.
  • Proteger, donde se configuran las acciones para velar por la seguridad y protección de la sociedad, los ciudadanos, las instituciones e intereses nacionales, reduciendo la vulnerabilidad de los objetivos potencialmente sensibles frente al terrorismo y al extremismo violento.
  • Perseguir, donde establece las labores para la detección e investigación de los terroristas y extremistas violentos, impidiendo la planificación y ejecución de sus acciones, actuando también contra sus redes de apoyo, logística y financiación, y asegurando su puesta a disposición judicial.
  • Preparar la respuesta, que está orientado a minimizar las consecuencias de una acción terrorista, garantizando el máximo apoyo a las víctimas, reparando el daño causado y restaurando la normalidad mediante la ejecución de acciones y planes previstos para una pronta recuperación, extrayendo las lecciones aprendidas a fin de preparar futuras acciones de respuesta.

Con la misión de proteger la libertad, los derechos, la seguridad y el bienestar de los ciudadanos, contrarrestando la amenaza que representan el terrorismo y el extremismo violento. Con la visión de promover las necesarias condiciones de libertad, seguridad y justicia, que fomenten la convivencia entre todos los ciudadanos, contribuyendo a consolidar una sociedad democrática, plural y diversa, resiliente al terrorismo y al extremismo violento. Y con el objetivo de neutralizar la amenaza que representa el terrorismo. Se ha realizado esta estrategia para nuestra sociedad.

Aunque hay que ser conscientes que no existe la seguridad absoluta, España está hoy más preparada contra el terrorismo y los extremismos violentos.