El pasado 28 de noviembre, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), presentó su informe sobre salarios 2024-2025 en el que plantea que la desigualdad salarial se ha reducido en dos tercios de los países del mundo desde principios del S.XXI. Sin embargo, a pesar de esta tendencia positiva persisten diferencias salariales significativas en todo el planeta.
El informe concluye que los salarios mundiales crecieron más que la inflación en los últimos tiempos: en 2023 crecieron un 1,8% de media en el mundo, mientras que la previsión para 2024 es de un incremento del 2,6% Este dato resalta todavía más si lo comparamos con el crecimiento negativo del año 2022 (-0,9%).
Las economías emergentes han incrementado los salarios más que las economías avanzadas. Así, mientras que los países del G-20 registraron un descenso durante dos años consecutivos, (-2,8% en 2022 y-0,6% en 2923). Por otro lado, las economías emergentes de ese mismo grupo mantuvieron en ese mismo tiempo un aumento del 1,8% y del 6,0%.
Además, los trabajadores asalariados de Asia y el Pacifico, Asia Central y Occidental y Europa del Este experimentaron aumentos mayores y más rápidos que otros puntos del planeta.
En este cuadro de datos relativamente positivos, el 10% de los trabajadores peor pagados ganan el 0,5% de la masa salarial mundial, mientras que el 10% mejor pagados gana el 38% de esa masa salarial.
Dentro de esta evolución de los salarios, las mujeres y los asalariados de la economía informal son los peor pagados. Uno de cada tres trabajadores en el mundo no es asalariado. En los países con menor renta solo tienen refugio en actividades de la economía informal, que es tanto como condenarlos, en la mayoría de los casos, a la pobreza. Si nos atenemos a los datos de la Conferencia de OIT del año 2021, el 61,2% de la población ocupada a nivel mundial, desempeña su actividad en la economía informal, y dentro de este grupo, los trabajadores “independientes” son el 47,7%, los asalariados el 31,2% y los trabajadores familiares el 16,1%. Una mujer de la economía informal gana, en promedio, el 47% de lo que percibe un hombre en la misma actividad.
Por otro lado, el Siglo XXI está constatando que en los países avanzados la productividad ha crecido bastante más que los salarios reales. Según este mismo informe, los empleados aportan un 29%, pero sus salarios lo hacen un 15%. Las causas más aparentes están en la crisis financiera del 2008, la crisis del COVID y la inflación. Globalmente, los asalariados europeos recuperaran este año el poder adquisitivo perdido en el año 2022, en el que la inflación absorbió los incrementos, y las medidas antiinflaccionarias contuvieron incrementos salariales por encima de ella.
Siguiendo este mismo informe, la previsión de incrementos reales para este año, rondará el 2,7%, el mayor incremento en 15 años. En el caso concreto de la UE, el diferencial seguirá siendo negativo, lo que hace que hasta 2025 los trabajadores de la mayoría de estos países no recuperarán el poder de compra perdido.
Entre las medidas que plantea el informe de esta organización, está “ajustar los salarios mínimos para proteger el poder de compra de los trabajadores de bajos ingresos, teniendo en cuenta también los factores económicos, debería seguir siendo una prioridad”.
Igualmente, fijar los salarios a través del diálogo social y la negociación colectiva. La fijación de los salarios debe tener en cuenta, tanto las necesidades de los trabajadores y sus familiares, como los factores económicos.
Al mismo tiempo apuesta por el apoyo desde las políticas salariales a la igualdad de género, la equidad y la no discriminación, y también que Las decisiones deben estar basadas en datos y estadísticas fiables, de manera que las políticas nacionales deben reflejar el contexto específico de cada país y abordar las causas de los bajos salarios , como la informalidad del mundo laboral, la baja productividad y la infravaloración de los empleos en sectores como la economía de cuidados y atención a los ciudadanos.
