El anuncio de que el Gobierno se muestra proclive a indultar a los condenados por la rebelión catalana de 2017 está dando lugar a una cierta confrontación en la opinión, a través de diversos artículos que van tomando posición ante el acto político que previsiblemente sucederá en las próximas semanas. En nuestro artículo de la semana pasada ya nos referíamos a un editorial de El País y al artículo colectivo firmado, en primer lugar, por los ex ministros Joaquín Almunia y Enrique Barón, que apareció primero en El País y una semana después en La Vanguardia, artículo que ha abierto una interesante línea de reflexión a la que el 10 de junio se sumó otro ex Ministro, José Bono, también en El País. Hoy no vamos a glosar esos artículos, sino otros que poseen una carga política distinta y que merecen una cierta reflexión.

El 7 de junio, como todos los lunes, El País publicó un artículo de su antiguo director, Juan Luis Cebrián, titulado “·La España del indulto”. Tras glosar el sentido histórico y político del instituto del indulto, Cebrián responsabiliza a los ex Presidentes Rodríguez Zapatero y Rajoy por la situación política de Cataluña, incurre a continuación en el error jurídico de atribuir el ejercicio del derecho de gracia al Rey, cuando no es más que una formalidad que perfecciona la decisión política del Gobierno, y situar en la misma balanza el informe del Tribunal sentenciador y la decisión política legítima y legal del Gobierno. Tras este doble error, Cebrián acusa de incompetencia al Gobierno (tema recurrente que repite en la línea de ciertos exquisitos militantes del PSOE), pero lo curioso es que el antiguo director de El País no rechaza la idea del indulto:

“Vaya por delante mi convicción de que el retorno hacia una cierta normalidad civil en la Comunidad Autónoma catalana… no se podrá conseguir mientras purguen en la cárcel sus delitos… los sediciosos”.

Para añadir:

“Loable propósito [el reencuentro en Cataluña] a condición de que nos diga cuál es su proyecto y el de su partido”.

Es decir, uno de los columnistas más críticos con el Gobierno del Presidente Sánchez no descarta el indulto, pero lo condiciona (para poder seguir criticando al Gobierno) a una supuestamente inexistente ausencia de proyecto sobre el indulto. Es muy significativo que un crítico durísimo del Gobierno, desde posiciones aparentemente centristas y próximas a ciertos militantes socialistas antiguos, no lance el anatema tosco que lanza la derecha del Partido Popular, de Ciudadanos y de Vox ,pues indica que son muchas las opiniones que empiezan a ver que todos los catalanes necesitan un gesto de distensión.

Un día después del artículo de Cebrián, los diarios Ara y El Periódico publicaron un artículo de Oriol Junqueras, cuyo título en castellano era “Mirando al futuro”. Muy comentado en todos los medios y en los ambientes políticos. El artículo se refiere a los errores y aciertos del independentismo, reitera su apuesta por la independencia de Cataluña, califica como democráticos los procedimientos que rompieron la legalidad en 2017, se refiere a la vía escocesa (¿querrá decir la vía tramposa de los que intentan una y otra vez celebrar referéndums a pesar de perderlos?) y no puede evitar recordar lo represivo que es el Estado español. Pero, tras un discurso tosco y hasta indignante para un demócrata, avanza dos ideas interesantes:

“nuestra respuesta [en 2017] tampoco fue entendida como plenamente legítima por una parte de la sociedad, también de la catalana”·.

Para añadir:

“sabemos que otras vías [quiere decir la vía unilateral que practicaron en 2017 y les llevó con toda razón a la prisión] no son viables ni deseables en la medida en que, de hecho, se apartaron del objetivo a alcanzar”.

Dicho lo cual, Junqueras defiende la mesa de negociación y el propio indulto, no sin reclamar la amnistía.

El artículo de Junqueras cambia todo el panorama político catalán, porque en un panorama estratégico renuncia a la unilateralidad y reconoce que no todos los catalanes están por la independencia, y en sentido táctico acepta los indultos y la negociación con el Gobierno de la Nación. No es que Junqueras ni su partido, Esquerra, sean plenamente fiables, pues obligaron a celebrar elecciones en 2019, no permitieron que Iceta alcanzara la condición de Senador y en octubre de 12017 empujaron a Piugdemont hacia la independencia. Pero todos los partidos pueden cambiar y el cambio de Esquerra puede ser creíble a juzgar por la reacción de Jordi Sànchez, que ya tuvo que replicar a Junqueras. Como dijo el editorial de El País del mismo día 8 de junio (“Inviable, indeseable”), los hechos tendrán que confirmar esta declaración, pero el camino es interesante. Otros medios, más escorados hacia el Partido Popular, como ABC, han podido decir que Junqueras salía en ayuda de Pedro Sánchez. Que lo digan con esa miopía (cuando no ceguera) que tiene la derecha española que no ha sabido desprenderse de las obsesiones jacobinas de Calvo Sotelo, no deja de ser sorprendente, pero ya hubiéramos querido que Junqueras hubiera ayudado así a Rajoy en lugar de engañarle.

A diferencia de otros acontecimientos políticos más confusos, el tema del indulto está consiguiendo atraer más a las izquierdas, frente a un planteamiento tosco y agresivo de ciertas derechas (no todas). Si el Gobierno lo gestiona bien (esto es, lo explica bien), es posible que la mayoría de los españoles acabe entendiéndolo.