Continúa el calentamiento global.

El calentamiento climático global sigue su dinámica de incremento como consecuencia de unas emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) crecientes, fundamentalmente porque la dinámica de consumo energético global sigue aumentando, con emisiones crecientes, debido tanto al incremento poblacional como al de la producción y consumo económico global. Y ello pese al indudable avance del papel de las renovables, las cuales, no obstante, representan del orden del 15% de la energía primaria global, frente a más del 82% que corresponde a los combustibles fósiles en esa energía primaria total consumida.

Esta dinámica hace previsible la continuación del proceso de calentamiento medio global, tanto terrestre como marítimo, que seguiría la dinámica reflejada, desde 1880 a la actualidad. Con respecto a las anomalías mensuales con respecto a la temperatura media correspondiente al período 1980-2015, la Figura siguiente, que recoge los datos hasta julio de 2024, muestra como la superación en los niveles de calentamiento está siendo mes a mes creciente, con valores que, desde junio de 2023 hasta julio de 2024, por ahora, no han dejado de superar cifras históricas, con un máximo en julio de 2023 y julio de 2024 de 2,6ºC.

Recordando la evolución anual hasta 2023, apreciamos la gravedad del incremento y de las tendencias anuales en las anomalías sobre la temperatura media anual, terrestre y marítima globales, en el período 1880-2023, con respecto a la temperatura media del período 1951-1980, con valores que, en 2023, ya superaron los 1,7ºC de calentamiento medio para el aire superficial terrestre, y los 0,85ºC sobre las marítimas, con un agosto de 2024 donde el Mediterráneo ha llegado a tener ámbitos con temperaturas superiores a los 30ºC.

No hay muestras de que la concentración de GEI en la atmósfera, responsable indiscutible de ese calentamiento, vaya a revertirse fácilmente porque la dinámica actual de emisiones imposibilita tal reducción. Y, en todo caso, la esperanza de que la reducción de emisiones de GEI puede representar una vuelta a situaciones climáticas pasadas se ha demostrado como poco consistente, tal y como se constató en el año 2021, tras analizar las consecuencias del freno que supuso la pandemia de la Covid-19 en la actividad socioeconómica. De hecho, la fuerte reducción de las emisiones de GEI de ese año no tuvo efectos relevantes en la reducción de la concentración de CO2 equiv. en la atmósfera, cuya inercia prosiguió su tendencia creciente ininterrumpida, tal y como apreciamos en la Figura siguiente,

Pero no solo va a ser difícil anular las emisiones globales netas y que ello logre reducir la concentración de GEI en la atmósfera y el calentamiento asociado, sino que la verdadera preocupación de cada vez más científicos se centra en el riesgo de que la dinámica de calentamiento pueda interactuar con procesos globales atmosféricos o marinos, básicos para las dinámicas biológicas o ecosistémicas (bioesfera y criosfera), superando “tipping points” (puntos de inflexión con potenciales saltos cualitativos en la dinámica de calentamiento) lo que podría llevar no solo a la aceleración de la ya evidente dinámica de calentamiento global, con un ritmo muy superior al que viene caracterizando los últimos 25 años, sino a cambios radicales en la naturaleza, con efectos todavía en parte desconocidos.

La probabilidad de que se desencadenen los señalados “tipping points” está asociada a los niveles de calentamiento medio registrados. El ya superado umbral de 1ºC implica probabilidades moderadas de que se produzcan los procesos señalados con las correspondientes probabilidades recogidas en la Figura anterior. Pero un calentamiento medio de 1,5°C a 2,0°C, aumenta a alta o muy alta, respectivamente, la probabilidad de producción de los distintos fenómenos que se sintetizan en la Figura anterior. Y en muchos ámbitos donde los procesos señalados son relevantes este incremento ya se ha producido. Y, adicionalmente, por encima de 3ºC los riesgos de superar “tipping points” que podrían tener consecuencias imprevisibles para la humanidad, o una parte muy significativa de ella, se disparan.

En la actualidad, la probabilidad de ocurrencia de estos fenómenos está creciendo muy significativamente. La pérdida de hielo en Groenlandia, lo mismo que en el resto del Ártico y la Antártida, ésta acelerándose de forma exponencial en los últimos años[1], muy por encima de lo que señalaban los modelos climáticos utilizados por los científicos. Igualmente, los deshielos de glaciares son generalizados y se están acelerando en todo el planeta[2]. Y unas consecuencias probables de todos estos deshielos es el incremento del calentamiento, por disminución de las radiaciones reflejadas por las capas blancas de hielo, y un creciente incremento del nivel del mar (Vernimmen y Hooijer, 2023[3]) que, según Naciones Unidas, puede obligar a migrar a más del 10% de la población mundial[4].

Con respecto a los cambios, en amplitud y frecuencia, en los procesos del Niño/Niña en el Pacífico Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), sus consecuencias están directamente relacionadas con la variación climática, en amplitud y frecuencia, tanto en su fase más cálida (El Niño) como en la más fría (La Niña). Ambos fenómenos se retroalimentan con el aumento de la temperatura planetaria, y las consecuencias de la actual fase, con un Niño más intenso, han sido un incremento del calentamiento atmosférico y una reducción de la temperatura de la superficie marina, a la vez que el calentamiento del fondo oceánico se dispara; lo que, entre otros aspectos, incide en la aceleración del deshielo de la Antártida.

Pero la mayor preocupación de cada vez más científicos se centra en la afección a las grandes corrientes marítimas (particularmente sobre la circulación termohalina[5]) que configuran procesos básicos climáticos, biológicos o ecosistémicos, con efectos probablemente más catastróficos de lo imaginable.

En todo caso, como probablemente se denunciará en la próxima COP 29 de finales de este año 2024 sobre Cambio Climático, la situación en el último año ha empeorado muy sensiblemente, al igual que se están incrementando los riesgos de generar efectos irreversibles, mostrándose la manifiesta insuficiencia de las medidas de mitigación que se están llevando a cabo. Sin olvidar que, en todo caso, la reducción de emisiones de GEI a la atmósfera no evitará que siga incrementándose la concentración de GEI en la misma, el calentamiento global y la mayor intensidad del deterioro ambiental, directo e indirecto, con el incremento en frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos; lo que nos lleva a una situación de riesgos crecientes medioambientales, que terminan convirtiéndose en socioeconómicos y de ruptura de equilibrios geoestratégicos, incrementando la señalada inestabilidad, las tensiones, las migraciones y los conflictos bélicos.

Las consecuencias negativas del calentamiento global están aumentando.

El calentamiento global es uno de los principales causantes del aumento de la fragilidad e inestabilidad medioambiental, tanto directa (afección a ecosistemas terrestres y marítimos, con degradación de la biodiversidad y pérdida de servicios de los ecosistemas) como por sus consecuencias, cada vez más frecuentes y graves, sobre las migraciones de especies y personas tanto desde ámbitos inaceptables para su supervivencia, como por los efectos de catástrofes (grandes incendios forestales, olas de calor, sequías, inundaciones, o afección a costas por temporales o elevación del nivel del mar) ligados a procesos climáticos extremos.

En el Planeta, desde 2022, las noticias sobre “olas de calor”, records de temperaturas globales, desastres climáticos o sus consecuencias sobre, entre otras, la temperatura del agua del mar, sequías o incendios de dimensiones históricas, parecen reflejar una cotidianidad que, por su reiteración en las noticias cotidianas, pasa a perder la relevancia que debería tener para la población y para su salud y bienestar futuro.

Como señala UNDRR (2024)[6] el número de desastres registrados se ha quintuplicado en los últimos 50 años, impulsado en parte por el cambio climático inducido por el hombre, con una tendencia que se está acelerando; si bien, gracias a las medidas que se están adoptando, el número de muertos ligados a estas catástrofes tiende a reducirse, pero la exposición personal está aumentando en países donde ya hay un gran número de personas afectadas por desastres.

Más en concreto, AON (2024)[7] recoge la evolución, desde el año 2000, de las pérdidas acumuladas asociadas a cada tipo de suceso, cuya evolución se aprecia claramente en la Figura siguiente, donde apreciamos que los sucesos más impactantes son los ciclones tropicales (principal factor de generación de pérdidas económicas), seguidos de las inundaciones, terremotos, tormentas convectivas y sequías.

Para terminar este recordatorio de la relevancia y gravedad de la importancia de los procesos de calentamiento global a los que estamos sometiendo al Planeta, recordemos que uno de los riesgos que se destacan en el citado GAR 2023 (UNDRR, 2024) es la incidencia de la sequía y de la inseguridad alimentaria asociada, por sus indudables consecuencias sobre migraciones, cuyos efectos políticos inciden de manera creciente sobre España y la UE, incrementando las ya fuertes tensiones geopolíticas y militares globales existentes en la actualidad.

__________________________________________

[1] De forma general pueden considerarse los resultados realizados por Copernicus y las publicaciones del mismo en https://essd.copernicus.org/ , particularmente https://www.esa.int/Applications/Observing_the_Earth/Antarctica_vulnerable_to_extreme_events De forma más concreta, Melchior van Wessem et alt. (2023) https://doi.org/10.1038/s41558-022-01577-1

[2] Como ejemplo, el Aneto está triplicando sus pérdidas de capa de hielo por el calentamiento, habiéndose producido ya 30 metros de pérdida de grosor medio desde 1981, de los que en 2022 se produjo el 10% de la misma, a la vez que su superficie se ha reducido en un 64% desde 1981 a 2022, según investigaciones de Ignacio López-Moreno. http://www.ipe.csic.es/lopez-moreno-j.i.

[3] Vernimmen, R. & Hooijer, A. (2023). «New LiDAR-Based Elevation Model Shows Greatest Increase in Global Coastal Exposure to Flooding to Be Caused by Early-Stage Sea-Level Rise», Earth’s Future, Vol. 11 (1), e2022EF002880,  https://doi.org/10.1029/2022EF002880

[4] Por sí sólo, un potencial colapso del glaciar Thwaites, de la Antártida, provocaría un aumento de los niveles globales del mar en unos 65 centímetros, según artículos publicados en Nature y resumidos en https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-lugar-por-donde-se-derrite-la-Antartida .

[5] En oceanografía física se denomina circulación termohalina o, metafóricamente, cinta transportadora oceánica, a una parte de la circulación oceánica a gran escala que es determinada por los gradientes de densidad globales producto del calor en la superficie y los flujos de agua dulce. Su importancia para la regulación del clima es fundamental. Es esa circulación oceánica la que, al redistribuir el calor, limita la diferencia de temperatura entre los trópicos y los polos a unos 30°C, frente a del orden de 110°C de diferencia si la circulación oceánica dejara de cumplir esa labor y la atmósfera fuera la única responsable del calor en movimiento. Una introducción a la problemática puede verse en https://oceanartproject.blogs.upv.es/2023/07/28/circulacion-de-vuelco-meridional-del-atlantico/ . Con más detalle puede leerse Liu et alt. (2023) https://doi.org/10.1038/s41558-022-01555- o en Van Westen et alt. (2024) https://doi.org/10.1073/pnas.2220924120  .

[6] GAR Special Report (2023: Mapping resilience for the Sustainable Development Goals https://www.undrr.org/gar/gar2023-special-report. Adicionalmente, conviene señalar que en su informe de 2022 – UNDRR (2022: 18) (https://www.undrr.org/gar/gar2022-our world risk#containes downloads)- señalaba que se esperaba un incremento del 40% en el número de desastres previstos para 2030 respecto a los sucedidos en el año 2000, y que los fenómenos de temperaturas extremas se tripliquen en ese período 2000-2030. Además, se destacaba que se había producido un incremento del 250% en las pérdidas económicas por desastres entre 1990 y el 2020. Y ello en un marco en el que se destaca la relativa fiabilidad de los datos registrados que presentan una clara minusvaloración de muertes y, sobre todo, daños (UNDRR, 2023. https://www.undrr.org/publication/closing-climate-and-disaster-data-gaps-new-challenges-new-thinking).

[7] AON (2024). 2024 Climate and Catastrophe Insight https://www.aon.com/en/insights/reports/climate-and-catastrophe-report