El presidente electo de la RepĂşblica francesa aĂşn no ha tomado posesiĂłn y ya desde la UniĂłn Europea (UE) se le han puesto limitaciones a su futura actuaciĂłn. La canciller alemana, Merkel, ha dicho que no piensa cambiar la polĂtica europea por Macron. A su vez el presidente de la ComisiĂłn europea, Juncker, ha insistido en que Francia gasta demasiado y que tiene que reducir el gasto pĂşblico. Esto vuelve a poner de manifiesto la insistencia en mantener la ortodoxia econĂłmica, independientemente de lo que sucede en la realidad social.
Estas advertencias se le hacen a un presidente claramente neoliberal, por tanto nada sospechoso de heterodoxo, y que por si fuera poco ha contribuido, como consecuencia de sus polĂticas, desde del Gobierno de Hollande al desprestigio del partido socialista que ha desembocado en la debacle electoral. Macron ha puesto su grano de arena para que se produzca el crecimiento de la ultraderecha con las polĂticas llevadas a cabo. Si se sigue por ese camino no resulta difĂcil predecir lo que se espera. Pero tambiĂŠn es cierto que en el discurso pronunciado, cuando tuvo lugar la victoria, ofreciĂł tratar de atajar los males que han sembrado la semilla del crecimiento del populismo de derechas.
En todo caso, como sucede siempre que alguien llega al poder, hay que darle un margen de confianza pues tal vez haya aprendido alguna lecciĂłn que se puede extraer del malestar social existente. Se desconoce aĂşn cuĂĄl serĂĄ el derrotero que tomarĂĄ en la direcciĂłn de la polĂtica econĂłmica pero lo que es evidente que sus principios son claros y en ese aspecto no ha engaĂąado a nadie. Se le ha votado como el mal menor. El apoyo que recibiĂł en la primera vuelta no fue tan grande y tal vez este hecho contribuya a una reflexiĂłn que le induzca a modificar algunas cuestiones.
El fracaso del Partido Socialista se debe principalmente a que hizo una oferta electoral atractiva frente a las polĂticas llevadas a cabo por Sarkozy pero acabĂł haciendo mĂĄs de lo mismo, traicionando las promesas electorales. Este hecho ha influido decisivamente en el fracaso electoral, habiendo dejado en la cuneta a los damnificados por la globalizaciĂłn, la crisis y las polĂticas de austeridad.
El ministro de EconomĂa, RecuperaciĂłn Productiva y Asuntos Digitales, Montebourg, dimitiĂł a los seis meses que llevaba en el cargo por el desacuerdo con el derrotero tomado por el gobierno socialista. Las posiciones que mantenĂa, tanto en su libro ÂĄVotad la desglobalizaciĂłn! (PaidĂłs IbĂŠrica, 2011), como en las conferencias que dio en EspaĂąa, eran claramente progresistas con un discurso coherente y bien construido. Sin embargo, chocĂł con una realidad de prĂĄcticas totalmente diferentes, no solamente a su ideologĂa sino tambiĂŠn al programa electoral con el que Hollande ganĂł las elecciones presidenciales. Fue sustituido por Macron.
Lo que hay que preguntarse ante estos hechos es: Âżpor quĂŠ se engaĂąa a los electores haciendo las cosas distintas a lo que se habĂa prometido? Esta brecha entre lo dicho y lo hecho llega incluso al punto de que se apuesta por el descrĂŠdito del partido antes de renunciar a la aplicaciĂłn de la ortodoxia dominante. Hollande no pudo con Merkel y tampoco con la dureza de las polĂticas de austeridad ÂżPor quĂŠ? La respuesta no es fĂĄcil de dar, pero se puede conjeturar que al final los gobiernos se doblegan ante los grandes grupos de presiĂłn multinacionales hegemonizados por el capital financiero. No se atreven a tomar decisiones que puedan perjudicar a estos intereses, que tienen, ademĂĄs, en su mano la posibilidad de boicotear a una economĂa nacional. El caso de ceder ante Merkel se debe, sin lugar a dudas, a la debilidad de la economĂa francesa frente a la alemana. Francia ha perdido fuerza polĂtica y econĂłmica dentro de la UE, de ahĂ sus debilidades. Se camina hacia una UE alemana.
Las limitaciones de los gobiernos actuales, que vienen dadas por la globalizaciĂłn y la UE, son evidentes para hacer polĂticas propias y autĂłnomas. Estos son los lĂmites a los que se enfrenta Macron, en el caso de que decidiera hacer cosas diferentes a las que se estĂĄn haciendo. Lo que es mĂĄs que dudoso. Las decisiones de los ciudadanos con sus votos poco deciden ya. El caso de Grecia es un sĂntoma claro de lo que estoy seĂąalando.
Un anĂĄlisis de estas caracterĂsticas puede inducir a que poco se puede hacer desde los gobiernos nacionales, pero nada mĂĄs lejos de mis propĂłsitos. Se pueden hacer cosas, pues siempre hay un margen de maniobra, sobre todo en cuestiones sociales. Pero, asimismo, serĂa deseable tratar de cambiar el rumbo de la economĂa mundial, lo que requiere modificar la relaciĂłn de fuerzas actuales en la UE. Una izquierda renovada, que se distancie del neoliberalismo y con programas viables y factibles, que no se deje arrebatar el discurso social y a favor de los damnificados por la ultraderecha. Una UE mĂĄs fuerte y democrĂĄtica, con lo que supone en el ĂĄmbito de la economĂa mundial, sĂ puede hacerlo. Pero hay que optar por otra UE diferente a la actual. Una Europa de los ciudadanos y no solamente de los mercaderes.
