La polĂ­tica espaĂąola ha despedido el mes de julio entre el acuerdo parcial de la ComisiĂłn de ReconstrucciĂłn y la gran lecciĂłn del acuerdo en el Consejo Europeo. Y en el horizonte del mes de septiembre se asoma la necesidad del acuerdo para los presupuestos de 2021.

Porque la polĂ­tica en democracia es fundamentalmente eso, una tarea constante dirigida a promover, materializar y ejecutar acuerdos.

Las sociedades democrĂĄticas, como la nuestra, son, por definiciĂłn, sociedades plurales. Y para hacer polĂ­tica en sociedades plurales es preciso articular mayorĂ­as. Y las mayorĂ­as se construyen mediante diĂĄlogo y acuerdo. No hay mĂĄs secreto.

A veces, las mayorĂ­as se articulan antes de las elecciones y, entonces, la formaciĂłn ganadora obtiene una representaciĂłn suficiente para gobernar sin acudir semanalmente a la aritmĂŠtica parlamentaria.

En otras ocasiones, sin embargo, la ciudadanĂ­a decide repartir sus apoyos electorales de manera mĂĄs fragmentada y, en este caso, las mayorĂ­as han de construirse despuĂŠs, en el seno de los parlamentos.

La política española pasa en la actualidad por un periodo de gran fragmentación. Hay quienes sostienen que esta fragmentación “ha llegado para quedarse”, pero cabe dudar de los pronósticos a largo plazo. Cabe dudar de los pronósticos a corto plazo, incluso.

Se puede mantener el poder sin articular mayorías. De manera inestable e improductiva, pero se puede. Ahí está el ejemplo del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Las tres derechas lograron acceder al poder mediante un acuerdo “de perdedores”, pero desde entonces no han intentado articular mayorías para gobernar. ¿El resultado? En más de un año han aprobado cero leyes y cero presupuestos.

Y se pueden articular mayorĂ­as para gobernar desde la fragmentaciĂłn. AhĂ­ estĂĄ el ejemplo del Gobierno de EspaĂąa. El Gobierno SĂĄnchez naciĂł de un acuerdo de coaliciĂłn y varios acuerdos de investidura. MĂşltiples acuerdos le han permitido, ademĂĄs, convalidar 26 Decretos Leyes y aprobar en el Congreso 6 Proyectos de Ley, en apenas seis meses.

Sin embargo, es necesario identificar y combatir determinadas dinĂĄmicas que entorpecen gravemente, cuando no frustran, la bĂşsqueda y consecuciĂłn de los acuerdos indispensables para la polĂ­tica Ăştil, la que va mĂĄs allĂĄ de la consecuciĂłn y el mantenimiento del poder.

El modelo populista de Trump, Bolsonaro, Johnson y demás emuladores promueve estrategias incompatibles con los acuerdos necesarios para la política del interés general. Se trata de provocar polémicas constantes y artificiales, con la intención de polarizar a la opinión pública entre afectos y desafectos, entre “buenos” y “malos”.

Con la habilidad necesaria, esta dinĂĄmica facilita el aglutinamiento de los apoyos propios y la deslegitimaciĂłn del contrario, posibilitando algunas victorias electorales, como hemos comprobado recientemente en los Estados Unidos, en Brasil, en el Reino Unido…

Los gobiernos que surgen de la dinĂĄmica populista carecen de estabilidad, porque estĂĄn basados generalmente en diagnĂłsticos manipulados y en promesas de imposible cumplimiento. AdemĂĄs, dan lugar a sociedades fracturadas y frustradas en sus expectativas. La escalada populista puede conducir a la destrucciĂłn de las instituciones y a la quiebra de la convivencia, incluso.

Este es el modelo por el que apuesta claramente la ultraderecha española de Vox. Su propuesta absurda de una moción de censura “para septiembre” va en esa línea.

TambiĂŠn puede observarse esta estrategia populista en el equipo de la presidenta autonĂłmica madrileĂąa, Isabel DĂ­az Ayuso. La direcciĂłn nacional del PP coquetea a veces con la misma tentaciĂłn, instigada por el auge de la formaciĂłn que lidera un ex-militante suyo, Santiago Abascal.

Hay otra dinĂĄmica de efectos perversos para el acuerdo: los vetos cruzados. La hemos visto funcionar en la ComisiĂłn Parlamentaria para la ReconstrucciĂłn Social y EconĂłmica.

Mientras las comparecencias y los debates se mantenían en el plano de los grupos de trabajo, los entendimientos y los acuerdos se alcanzaban sin grandes dificultades. No obstante, cuando llegaba el momento de votar los dictámenes, la facilidad para el entendimiento sobre “las políticas” se transformaba, a veces, en imposibilidad manifiesta para el acuerdo en “la política”.

De hecho, algunos grupos parlamentarios decidieron no respaldar el dictamen sobre polĂ­tica econĂłmica, por el simple hecho de que el grupo Ciudadanos habĂ­a anunciado su voto a favor, independientemente de que tambiĂŠn se hubieran aceptado gran cantidad de propuestas elaboradas por aquellas formaciones.

Y, a la inversa, Ciudadanos y otros grupos se negaron a apoyar el dictamen social porque lo habĂ­an suscrito Unidas Podemos y el grupo Republicano. Se dio la circunstancia harto significativa de que Ciudadanos y Junts Per Catalunya, por ejemplo, estaban dispuestos a suscribir la enmienda clave que abrĂ­a financiaciĂłn extra para la educaciĂłn concertada, pero solo si esa enmienda no era firmada tambiĂŠn por las formaciones de izquierda.

No es fĂĄcil llegar a acuerdos, reconĂłzcase.

Distinguirse del otro partido y fustigar al contrario genera muchos mĂĄs aplausos entre los seguidores propios. Lo difĂ­cil es explicar a esos seguidores propios que para hacer algo Ăştil hay que llegar a acuerdos, y que para llegar a acuerdos es preciso ceder, renunciar y ofrecer la mano al contrario.

Hace falta mucha seguridad en las convicciones de uno mismo para someterlas al escrutinio de un debate sincero con quien piensa de manera diferente. Y hace falta mucha valentĂ­a para desistir de una idea propia e importante en aras de lograr un propĂłsito aĂşn mĂĄs importante, asumiendo parte de las ideas ajenas.

Pero asĂ­ se hace la polĂ­tica de verdad, la que logra sumar mayorĂ­as para aprobar leyes y hacer avanzar a las sociedades.

Y si los acuerdos entre fuerzas polĂ­ticas son convenientes, el entendimiento entre gobiernos y administraciones es obligado. No es legĂ­timo utilizar las instituciones para practicar el partidismo. Y a veces se hace.

Es cierto que los grupos de gobierno suelen ser mĂĄs proclives al acuerdo que los grupos de oposiciĂłn, y que esta predisposiciĂłn varĂ­a generalmente segĂşn la circunstancia de cada cual. Pero tambiĂŠn es verdad que cuando la oposiciĂłn apuesta con inteligencia y honestidad por el acuerdo, las cosas suelen salir bien. AhĂ­ estĂĄ el ejemplo del PSOE dirigido por Zapatero en la previa a las elecciones de 2004.

Hay limites para los acuerdos, claro estĂĄ. No se puede acordar con aquellos que se sitĂşan fuera de los consensos sociales mĂĄs bĂĄsicos. No se puede llegar a acuerdos con quienes promueven el machismo, la xenofobia y la homofobia, por ejemplo. Es decir, no se puede acordar con la ultraderecha. Tampoco se puede acordar con quienes practican la corrupciĂłn, porque no se deben legitimar comportamientos execrables.

OjalĂĄ estas ideas bĂĄsicas sobre la polĂ­tica mĂĄs Ăştil se abran paso en el Parlamento espaĂąol durante el prĂłximo otoĂąo, en mayor medida que hasta ahora.

La ciudadanĂ­a espaĂąola necesita y merecer unos Presupuestos para la reactivaciĂłn econĂłmica, la modernizaciĂłn y la justicia social. O esos Presupuestos vienen de la mano de los acuerdos, o no vendrĂĄn.