Los últimos datos conocidos de afiliación a la Seguridad Social y de paro registrado del pasado mes de febrero, como bien subrayan las excelentes notas de coyuntura del Servicio de Estudios de UGT, de las que he extraído estos datos, y que vuelven a poner de manifiesto la fortaleza del empleo, con un aumento de la afiliación a la Seguridad Social en 58.735 personas respecto al mes de enero de 2025, situándose en el máximo histórico de 21.457.900 personas trabajadoras cotizantes.
Todo ello representa un incremento anual del 2,4%, lo que supone que tenemos 500.551 personas trabajadoras más cotizantes a la Seguridad Social.
Además, la tasa de temporalidad se reduce hasta el mínimo de toda la serie histórica, un 11,9%, siendo mayor el impacto entre las personas jóvenes trabajadoras, cuya tasa de temporalidad se ha recortado, desde la reforma laboral, en 29,7 puntos, pasando de un 48,6% al 18,9%.
Sobre el paro registrado, el número de personas desempleadas, disminuye en 5.594 personas, alcanzando un total de 2.593.449 personas paradas, lo que también representa el dato más bajo en un mes de febrero, desde 2008, de manera que el paro ha bajado, en términos anuales un 6,1%, 166.959 personas.
En cuanto a la contratación, los contratos indefinidos suponen un 43,9% sobre el total de los contratos celebrados, lo que multiplica por cuatro la tasa de contratación indefinida registrada antes de la reforma laboral.
Esta positiva evolución del empleo, en mi opinión, no debe conformarnos de manera autocomplaciente con estos datos, sino impulsarnos para continuar profundizando en las políticas emprendidas que tan buenos resultados están dando, en la dirección de la corrección de las anomalías que venía padeciendo nuestro mercado laboral.
La reducción del tiempo de trabajo, la lucha contra la discriminación, contra las brechas de género y contra el edadismo, junto con el impulso a las políticas activas de empleo, con la constitución de una vez por todas de la Agencia Española de Empleo, deben situarse en primer plano en estos momentos.
La incertidumbre y los riesgos provocados por los anuncios del gobierno de los Estados Unidos y su previsible impacto en Europa y por ende en España, especialmente en determinados sectores productivos, debería llevarnos al fortalecimiento del modelo social europeo en el que el empleo y la protección social se han de situar en el centro de las políticas públicas comunitarias y nacionales.
En materia de protección por desempleo, también durante este período de gobierno, desde 2018, se han hecho los deberes, la tasa de cobertura por desempleo se sitúa en el nivel más alto de los últimos 14 años, la mejora de las tasas de temporalidad y de ocupación nos sitúan en el menor número de personas en desempleo, lo que impulsa la tasa de cobertura, pero también la mejora de la intensidad de la protección debido a los nuevos colectivos de personas trabajadoras protegidas, la recuperación realizada del subsidio para mayores de 52 años, junto a la incorporación a la protección del trabajo doméstico, el incremento de las cuantías o la incorporación de los menores de 45 años sin cargas familiares, que hayan agotado una prestación contributiva de al menos 360 días, llevadas a cabo con la última reforma del nivel asistencial de la protección por desempleo nos va a acercar a una tasa de cobertura del 80%.
Por todo ello, para situar la profundización en el camino emprendido en materia laboral y de protección social en la primera línea de la política pública, se requiere también de la dotación de instrumentos innovadores y ágiles como será la futura Agencia Española de Empleo, contemplada en la Ley 3/2023, de 28 de febrero, de Empleo. Han pasado ya dos años de la Ley de Empleo y superados los procesos electorales correspondientes, es el tiempo de poner a punto y en marcha este importantísimo instrumento necesario para consolidar los avances realizados en políticas de empleo y de protección y dar un nuevo impulso a las nuevas políticas activas de empleo, fortaleciendo la cartera de servicios a las personas trabajadoras en paro y a las empresas y acompañándolas en los procesos derivados de la transformación tecnológica, la transición verde y el reto demográfico y ahora también de las cuestiones que puedan derivarse de la inestabilidad creada por el gobierno de Trump, que aunque afortunadamente hasta la fecha no ha tenido repercusiones en el empleo en España, está causando una gran preocupación y frente a la que debemos tener previsto todo el fortalecimiento necesario de nuestro modelo social europeo, incluidos unos servicios públicos de empleo innovadores y bien dotados, liderados por la Agencia Española de Empleo.
