Cuando escucho las intervenciones públicas de destacados líderes del Partido Popular criticando la gestión del Gobierno, más de una vez me he preguntado, ¿son bots?

Un bot –abreviatura de robot– es un programa informático preparado para realizar tareas repetitivas a través de Internet, como si se tratase de un humano, es decir, dotado de cierta inteligencia artificial. Un bot social es la variante que se usa en las redes sociales para generar mensajes automáticamente. La mayoría de los partidos políticos, los servicios de espionaje de algunos países, numerosas empresas y simples particulares utilizan cientos de miles de bots para apoyar campañas comerciales o políticas, haciéndose pasar por cuentas seguidoras de ciertas cuentas, o tratando ellos mismos de recopilar seguidores. Por ejemplo, en la campaña estadounidense de 2016, en la que resultó elegido Donald Trump, se calcula que los bots fueron responsables del 20% del tráfico en Twitter relacionado con dicha campaña.

Al tratarse de un programa, las respuestas del bot son totalmente previsibles. Con el fin de hacerse pasar por humanos, el programa varía la forma de expresar los diferentes mensajes, pero la esencia de los mismos es siempre igual: apoyar al candidato o el producto comercial en cuestión, o criticar a sus rivales.

Del mismo modo que si fuera un bot, cuando uno escucha, por ejemplo, a la señora Álvarez de Toledo en el Congreso, ya sabe de antemano lo que va decir. La forma puede variar, pero la esencia del mensaje es fácil de resumir: “mal, mal, muy mal”. Se refiere, por supuesto a alguna acción del Gobierno. Da igual que se trate de una compra de material, de un plan de confinamiento, o de desconfinamiento, o de unas ayudas dirigidas a empresarios.

Escuchar al señor Casado es igual de previsible. Si ponemos el televisor en silencio durante su intervención, no se pierde uno nada realmente relevante. Seguro que el Gobierno miente, o no ha sido lo suficientemente rápido, o está desmantelando la propiedad privada, o está invadiendo las competencias del poder judicial. El mensaje es siempre el mismo, “mal, mal, muy mal”, con diferentes adornos retóricos que dan la apariencia de provenir de un humano.

Escuchar a la señora Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid, es también previsible, pero si fuera un bot, estaría dotado de una cierta gracia porque suele adornar sus discursos con alguna salida de tono como la reciente de los menús bolivarianos que, sin dudarlo, la oposición suministraría a los niños confinados, en lugar de las exquisitas pizzas que ella les proporciona.

Pero, si vamos a su prensa afín, la previsibilidad es la misma. Las portadas del ABC, El Mundo y La Razón amanecen cada mañana plagadas de descalificaciones al Gobierno. Las palabras tergiversación, manipulación, fracaso, incompetencia y otras similares, dirigidas a la gestión del Gobierno son habituales en dichas portadas, a veces exactamente las mismas palabras y en el mismo día. Es decir, sus presuntos bots se han sincronizado más de lo debido y les han hecho perder la apariencia de imparcialidad. El mensaje es, de nuevo, el que transmiten los dirigentes del PP: “mal, mal, muy mal”. Sería quizás más barato hacer una portada permanente, tal vez plastificada para ahorrar gastos, con el objetivo final escrito en letras de molde: “váyase de una vez señor Sánchez y convoque elecciones”.

¿Para qué sirve una oposición así? Si su mensaje es permanente el mismo, haga lo que haga el Gobierno, sería más eficiente sustituir a todos esos dirigentes y periódicos por bots y nos ahorraríamos unos cuantos sueldos públicos y privados. Es legítimo aspirar al poder y es legítimo criticar al Gobierno, pero habría de hacerse conectando los mensajes con la realidad concreta de cada momento. Si los mensajes son siempre “mal, mal, muy mal”, independientemente de la realidad, resultan completamente inútiles porque quedan confundidas críticas que podrían ser útiles con otras totalmente infundadas o injustas. Por otra parte, la misión de la oposición no es solo criticar la acción del Gobierno, sino también ofrecer alternativas útiles y, si fuera posible, alternativas que mejoren las del Gobierno. Pero esto último estaría fuera del alcance de los bots, y habría de ser hecho necesariamente por humanos.

Resulta desesperante contemplar una oposición tan manifiestamente inútil en una situación tan crítica como la que estamos viviendo. Desesperante y a la vez indignante, por la miseria moral que transmite su mensaje de fondo: que les da igual lo que le pase al país con la pandemia, o con la crisis económica que vendrá después, si al final el Gobierno cae, que es de lo que realmente se trata.